No solo batallas SGM
Aspectos varios relacionados con el mayor conflicto bélico de todos los tiempos
martes, 3 de febrero de 2026
La Batalla del Río de la Plata. 1ª parte
miércoles, 28 de enero de 2026
Historial operativo del HMCS Haida
HMCS Haida
El HMCS Haida fue uno de los buques de guerra más célebres de la Marina Real Canadiense, considerado con justicia el “Destructor de Canadá”. Su historial operativo abarca desde la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros años de la Guerra Fría, combinando una trayectoria de combate excepcional con un profundo simbolismo nacional. Perteneciente a la clase Tribal, el Haida fue botado en 1942 en los astilleros de Vickers-Armstrong en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, y comisionado oficialmente en agosto de 1943. Diseñado para combinar potencia de fuego y velocidad, era un destructor de 1.927 toneladas estándar, 2.745 a plena carga, con una eslora de 115 metros, propulsado por dos turbinas Parsons y capaz de alcanzar los 36 nudos. Su armamento principal consistía en seis cañones de 120 mm en tres montajes dobles, complementados con piezas antiaéreas de 40 mm y 20 mm, lanzadores de torpedos y cargas de profundidad, lo que le daba gran versatilidad tanto en acciones de superficie como antisubmarinas.
Desde el inicio de su servicio, el Haida se integró en la 3ª Flotilla de Destructores de la Royal Navy, operando en aguas del Atlántico Norte y el Canal de la Mancha. Su primera misión importante fue en el Golfo de Vizcaya, donde participó en operaciones contra buques alemanes que intentaban romper el bloqueo aliado. Bajo el mando del capitán Harry G. DeWolf, figura emblemática de la Marina canadiense, el Haida pronto se distinguió por su agresividad y precisión táctica. En abril de 1944, durante una serie de enfrentamientos frente a la costa francesa, el destructor canadiense hundió varios buques enemigos, entre ellos los torpederos alemanes T-29, T-27 y T-24. Estas acciones demostraron su eficacia como cazador nocturno, combinando el uso del radar con una excelente coordinación de fuego. Su tripulación, compuesta por alrededor de 250 hombres, adquirió fama por su disciplina y su espíritu de combate, en parte reflejo del liderazgo directo y exigente de DeWolf.
El comandante H. G. DeWolf, oficial al mando, en el puente del HMCS Haida, Inglaterra, 18 de septiembre de 1943.
Durante el verano de 1944, el Haida desempeñó un papel crucial en las operaciones previas y posteriores al desembarco de Normandía. Su misión consistía en interceptar a las fuerzas navales alemanas que intentaban hostigar las rutas de suministro aliadas hacia las playas de invasión. Entre el 6 y el 15 de junio, el destructor participó en múltiples combates nocturnos en el Golfo de Bretaña, contribuyendo al hundimiento de varios dragaminas y torpederos enemigos. Estas acciones ayudaron a asegurar el flanco marítimo occidental de la invasión, garantizando el flujo continuo de tropas y material hacia Normandía. En ese mismo período, el Haida rescató a decenas de marineros aliados y alemanes de las frías aguas del Atlántico, consolidando su reputación como buque de combate eficiente y humanitario a la vez.
En 1945, tras el colapso del Tercer Reich, el Haida fue destinado brevemente a patrullas de escolta y control en el Mar del Norte, antes de ser enviado al Pacífico, aunque la guerra terminó antes de su participación activa allí. Durante la Segunda Guerra Mundial, acumuló un historial impresionante: participó directamente en el hundimiento o captura de más de una docena de buques enemigos, una cifra sobresaliente para un destructor de su clase. Su eficacia lo convirtió en el más exitoso de todos los destructores canadienses del conflicto.
Tripulacion del HMCS Haida, Plymouth, Inglaterra, 22 de mayo de 1944.
Concluida la guerra, el Haida fue puesto en reserva, pero la llegada de la Guerra de Corea impulsó su modernización. Entre 1950 y 1952 fue sometido a una profunda reconstrucción en Halifax, que incluyó un puente cerrado, nueva artillería antiaérea, sonar mejorado y sistemas de radar actualizados. Reclasificado como destructor de escolta (DDE-215), volvió al servicio activo en 1952 y fue destinado al Extremo Oriente, donde tomó parte en las operaciones de la ONU en Corea. Allí, el Haida efectuó misiones de bombardeo costero, patrulla antisubmarina y escolta de portaaviones, adaptándose con éxito a las exigencias del combate moderno. Aunque los enfrentamientos navales eran limitados, sus acciones demostraron la capacidad de la Marina canadiense de operar junto a las principales potencias aliadas.
Durante los años posteriores, el Haida continuó sirviendo como buque de entrenamiento y patrulla durante la Guerra Fría, representando a Canadá en diversas misiones de la OTAN en el Atlántico. Finalmente, tras más de dos décadas de servicio, fue retirado en 1963. En lugar de ser desguazado, se inició una campaña nacional para preservarlo como símbolo histórico. Gracias al esfuerzo conjunto de veteranos y ciudadanos, el Haida fue restaurado y abierto al público en 1965 como museo flotante en Toronto, y posteriormente trasladado a Hamilton, Ontario, donde permanece hoy como monumento nacional. En 1984 fue designado “Buque Patrimonio de Canadá”, y en 2018 la Marina Real Canadiense lo declaró “Barco Ceremonial Nacional”.
El legado del HMCS Haida va más allá de sus victorias navales: representa el profesionalismo y el coraje de los marinos canadienses durante una de las épocas más duras del siglo XX. Su impecable historial de combate, su papel en la protección de las rutas aliadas y su posterior servicio en la Guerra de Corea lo convirtieron en emblema del poder naval canadiense. Hoy, conservado con esmero en el puerto de Hamilton, el Haida sigue siendo un testimonio tangible del esfuerzo de un país que, pese a su tamaño, contribuyó decisivamente a la victoria aliada y al mantenimiento de la paz internacional. En su acero se concentra la memoria de generaciones de marinos que sirvieron bajo la bandera de Canadá con honor y sacrificio.
viernes, 19 de diciembre de 2025
El escándalo Werner von Fritsch
El escándalo Werner von Fritsch: la caída del honor prusiano
El escándalo que llevó a la destitución del general Werner von Fritsch en 1938 fue uno de los episodios más reveladores del proceso mediante el cual Adolf Hitler consolidó su control absoluto sobre el Ejército alemán. Bajo la apariencia de un caso moral y judicial, se escondía una maniobra política cuidadosamente calculada para someter a los mandos militares a la voluntad del Führer. El caso Fritsch no fue sólo la historia de una calumnia, sino también la del hundimiento de una casta militar que todavía soñaba con mantener su independencia frente al poder totalitario del Estado nazi.
Werner von Fritsch había nacido en 1880 en una familia aristocrática prusiana. Educado en la rígida disciplina del cuerpo de oficiales del Imperio, su carrera se desarrolló bajo los valores tradicionales del ejército alemán: honor, deber y obediencia. Tras la Primera Guerra Mundial, se mantuvo en la reducida Reichswehr de la República de Weimar, donde destacó por su profesionalismo y lealtad al código militar más que a cualquier ideología política. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Fritsch fue visto como un oficial de confianza, un hombre sin ambiciones políticas, ideal para garantizar la neutralidad del ejército frente al nuevo régimen. En 1934 fue nombrado comandante en jefe del Heer (el Ejército de Tierra), cargo desde el cual se convirtió en uno de los oficiales más influyentes de Alemania.
Sin embargo, la relación entre Hitler y los altos mandos del ejército nunca fue sencilla. Aunque ambos compartían el deseo de restaurar la grandeza militar de Alemania, sus objetivos divergían en cuanto a los tiempos y los métodos. Hitler aspiraba a una expansión rápida y agresiva, mientras que oficiales como Fritsch y el ministro de Guerra, el mariscal Werner von Blomberg, preferían una preparación más prudente. La tensión se hizo evidente en la célebre Conferencia Hossbach del 5 de noviembre de 1937, en la que Hitler reveló sus planes expansionistas para Austria y Checoslovaquia. Fritsch manifestó su desacuerdo, advirtiendo que el ejército no estaba preparado para una guerra de tal magnitud. Aquella oposición selló su destino. Hitler, que no toleraba la disidencia ni siquiera en sus aliados, decidió eliminar a los mandos que se interponían en su camino.
A comienzos de 1938, una serie de coincidencias y manipulaciones darían al Führer la oportunidad que buscaba. El primero en caer fue Blomberg, quien escandalizó a la élite militar al casarse con una joven que tenía un pasado comprometedor: la policía descubrió fotografías suyas en actitudes indecentes. Hitler aprovechó el escándalo para exigir su dimisión, quedando vacante el Ministerio de Guerra. Apenas unas semanas después, la Gestapo presentó a Hitler un informe aún más explosivo: el comandante en jefe del Ejército, Werner von Fritsch, supuestamente estaba implicado en un caso de homosexualidad, delito severamente castigado bajo el régimen nazi por el artículo 175 del Código Penal.
De izquierda a derecha General der Infanterie Gerd von Rundstedt, General der Artillerie Werner von Fritsch y Generaloberst Werner von Blomberg
El informe provenía del jefe de las SS, Heinrich Himmler, y del director de la Gestapo, Reinhard Heydrich, quienes afirmaban haber identificado a Fritsch como un antiguo cliente de un conocido chantajista y proxeneta llamado Otto Schmidt. En realidad, la acusación era un error —o quizá una falsificación deliberada—, ya que el verdadero implicado era un oficial retirado con un nombre parecido, Rittmeister von Frisch. Sin embargo, Hitler no dudó en utilizar el caso para deshacerse de un subordinado incómodo. El 26 de enero de 1938 citó a Fritsch en la Cancillería del Reich y, en presencia de Göring, Himmler y otros jerarcas, le comunicó las acusaciones. Fritsch, sorprendido e indignado, negó categóricamente los hechos y exigió una investigación formal para limpiar su nombre. Pero la decisión estaba tomada. Hitler le ordenó presentar su dimisión inmediata y lo sustituyó por el general Walther von Brauchitsch, un oficial más dócil y dispuesto a cooperar con el régimen.
El escándalo causó una profunda conmoción en el ejército. Muchos oficiales comprendieron que las acusaciones eran falsas, pero nadie se atrevió a desafiar directamente al Führer. Hitler, por su parte, aprovechó el momento para realizar una reorganización total del mando militar, conocida como la crisis Blomberg-Fritsch. Suprimió el Ministerio de Guerra y creó en su lugar el Oberkommando der Wehrmacht (OKW), un alto mando directamente subordinado a él y encabezado por Wilhelm Keitel, un oficial sin carisma ni influencia que se convertiría en simple ejecutor de las órdenes de Hitler. De esta forma, el Führer se convirtió en el comandante supremo de las fuerzas armadas, eliminando cualquier resto de autonomía institucional.
Mientras tanto, Fritsch fue sometido a un consejo de guerra en marzo de 1938. Durante el juicio, el testimonio del chantajista Otto Schmidt se desplomó bajo el peso de las contradicciones. Los jueces descubrieron que había confundido a Fritsch con otro hombre, y el general fue absuelto de todos los cargos. Sin embargo, su restitución en el cargo resultaba ya imposible. Hitler no estaba dispuesto a reconocer públicamente su error, y aunque permitió que Fritsch apareciera en ceremonias oficiales, lo mantuvo apartado del mando real. El general, profundamente afectado, se retiró de la vida pública con un sentimiento de humillación y traición que lo acompañaría hasta el final de sus días.
En septiembre de 1939, cuando comenzó la invasión de Polonia, Fritsch pidió volver al servicio activo. Le fue asignado un puesto simbólico al mando de un regimiento de artillería, más por cortesía que por necesidad militar. El 22 de septiembre, mientras inspeccionaba posiciones en el frente de Varsovia, fue alcanzado por fuego enemigo y murió instantáneamente. Algunos testigos aseguraron que el propio Fritsch se había expuesto deliberadamente al peligro, buscando una muerte que restaurara su honor mancillado. Para muchos oficiales del viejo ejército, su caída simbolizó el fin de una era: la del honor prusiano sustituido por la obediencia ciega al Führer.
Monumento conmemorativo a von Fritsch en el lugar donde cayó muerto, un arrabal de Varsovia, que fue eliminado después de la guerra.
El caso Fritsch tuvo consecuencias profundas para la historia alemana. En primer lugar, permitió a Hitler consolidar su poder sobre las fuerzas armadas, eliminando a los últimos mandos que aún podían oponerse a sus planes de guerra. Tras su destitución, los oficiales comprendieron que la lealtad absoluta al líder era la única garantía de supervivencia. Además, el episodio demostró la eficacia del aparato policial de Himmler y Heydrich para fabricar pruebas y destruir reputaciones, consolidando el poder de la SS dentro del Estado. Desde ese momento, el ejército dejó de ser un contrapeso político y se convirtió en un instrumento del régimen, dispuesto a ejecutar sin cuestionamientos las órdenes que conducirían a Europa a la Segunda Guerra Mundial.
En retrospectiva, el escándalo de Werner von Fritsch revela la tragedia de una institución que, al renunciar a sus valores para adaptarse al poder totalitario, terminó siendo devorada por él. Fritsch fue una víctima de su tiempo, atrapado entre la lealtad al Estado y la fidelidad a su conciencia. Su historia muestra cómo el nazismo destruyó no sólo a sus enemigos, sino también a aquellos que, desde dentro, representaban una tradición de honor y responsabilidad. Cuando cayó abatido frente a Varsovia, no sólo moría un general prusiano: moría también la última ilusión de que el viejo ejército alemán podía sobrevivir al monstruo político que había ayudado, aunque involuntariamente, a crear.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Churchill en Egipto
La visita de Churchill a Egipto en 1942
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La visita del primer
ministro británico Winston S. Churchill a Egipto en agosto de 1942 fue uno de
los momentos clave de la Segunda Guerra Mundial en el teatro mediterráneo. En
un momento en que las fuerzas del Eje avanzaban peligrosamente hacia el Nilo,
la presencia personal de Churchill respondió a la necesidad urgente de revisar
el mando, evaluar la situación operativa y reafirmar la autoridad imperial
británica en un territorio estratégico (Overy 1995, pp. 233-236).
A mediados de 1942, la
campaña del Norte de África había alcanzado un punto de extrema vulnerabilidad
para los Aliados. El avance del Afrika Korps de Erwin Rommel tras la batalla de
Gazala y la caída de Tobruk en junio supusieron un golpe de enorme magnitud
tanto militar como moral (Playfair 1966, pp. 259-264). Rommel empujó al Octavo
Ejército británico hacia Egipto, obligándolo a establecer líneas defensivas
cada vez más cerca de Alejandría. Churchill, consciente de que la pérdida del
Canal de Suez podría fracturar las comunicaciones imperiales con el resto de
Asia y el Pacífico, decidió viajar personalmente al frente (Churchill 1951,
vol. IV, pp. 381-383).
Uno de los objetivos
centrales de Churchill era revisar la estructura de mando en Oriente Medio. El
general Claude Auchinleck, comandante en jefe del Mando de Oriente Medio, había
logrado detener temporalmente a Rommel en la primera batalla de El-Alamein en
julio de 1942, pero su estrategia defensiva y su ritmo operativo despertaron
dudas en Londres (Barnett 1984, pp. 412-415). Churchill consideraba que
Auchinleck había perdido autoridad sobre el Octavo Ejército y retrasaba
innecesariamente la preparación de una ofensiva decisiva. Las tensiones entre
el primer ministro y su comandante llevaban meses acumulándose (Smart 1998, pp.
169-171).
lunes, 17 de noviembre de 2025
Batalla de Milne Bay
Batalla de Milne Bay
“En Milne Bay, las tropas australianas infligieron a los
japoneses su primera derrota indudable en tierra. Algunos quizá olviden que, de
todos los Aliados, fueron los australianos quienes primero rompieron el hechizo
de la invencibilidad japonesa.”
— Mariscal de campo Sir William Slim
Con una densa vegetación selvática, un calor sofocante y la amenaza constante del enemigo, las condiciones en Nueva Guinea eran brutales incluso para los soldados más endurecidos.
Contexto
La bahía de Milne se encuentra en
el extremo oriental de la isla de Nueva Guinea. Gracias a su buen puerto y
ubicación estratégica, dominaba las rutas marítimas del noreste hacia Port
Moresby y extendía el alcance de los aviones terrestres sobre los archipiélagos
de islas vecinas y sobre el Mar del Coral.
En consecuencia, conforme las
ambiciones japonesas se dirigieron hacia Nueva Bretaña, la costa norte de Nueva
Guinea y el avance terrestre por Kokoda hacia Port Moresby —además de
Guadalcanal—, Milne Bay se convirtió en un objetivo de gran valor estratégico.
La posición había sido
desarrollada como base aliada, con tres pistas de aterrizaje y un puerto
protegido.
martes, 11 de noviembre de 2025
Tropas francesas en la Wehrmacht
Tropas francesas en la Wehrmacht
El
10 de mayo de 1940, las fuerzas armadas alemanas (Wehrmacht) iniciaron su
asalto sobre Europa Occidental. El 4 de junio, los Países Bajos y Bélgica se
habían rendido, y la British Expeditionary Force (BEF) había escapado por poco
al otro lado del Canal de la Mancha. Francia aún contaba con unas 60 divisiones
operativas, pero el 14 de junio las tropas alemanas entraron en París sin
encontrar resistencia.
El
día 16, el primer ministro francés, Paul Reynaud, entregó el poder a un grupo de
personalidades encabezado por el mariscal Philippe Pétain, un héroe de la
Primera Guerra Mundial de 84 años, ya retirado, pero con gran prestigio
popular. El 17 de junio, Pétain anunció por radio que había aceptado encabezar
un gobierno que buscaría un armisticio con Alemania, el cual se firmó
oficialmente el 22 de junio. Sus principales condiciones incluían la división
de la Francia metropolitana en dos zonas: el norte, junto con toda la costa
atlántica, quedó bajo ocupación militar alemana, mientras que la Zona No Ocupada,
en el centro y sur, sería gobernada directamente por un régimen presidido por
Pétain y con sede en la ciudad de Vichy. El gobierno de este “Estado Francés”
(cuyo primer ministro de facto era un colaborador convencido, Pierre Laval)
también conservó la autoridad sobre las colonias de ultramar. Además de las
guarniciones coloniales de las Troupes Coloniales y el Armée d’Afrique, a Vichy
se le permitió mantener un “Ejército del Armisticio” de 100.000 hombres en la
Zona No Ocupada.
martes, 4 de noviembre de 2025
Shūmei Ōkawa
Shūmei Ōkawa: ideólogo del nacionalismo japonés durante la Segunda Guerra Mundial
Shūmei Ōkawa (大川周明, 1886–1957) fue uno de los pensadores más influyentes del nacionalismo japonés en el primer tercio del siglo XX y una figura clave en la articulación del pensamiento que sustentó la expansión imperial del Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Filósofo, economista, orientalista y traductor del Corán, Ōkawa encarnó el intento de fusionar la tradición espiritual japonesa con una ideología política moderna que legitimara la hegemonía nipona sobre Asia. Su pensamiento, una síntesis de espiritualismo sintoísta y nacionalismo romántico, ejerció una influencia duradera sobre los militares y burócratas que guiaron al Imperio japonés hacia la guerra total (Saaler, 2007).
Orígenes y formación intelectual
Ōkawa nació el 6 de diciembre de 1886 en Sakata, prefectura de Yamagata, en el seno de una familia samurái de bajo rango. Su juventud transcurrió en un periodo de intensa transformación social, en el que Japón pasaba de ser un Estado feudal a una potencia industrial y militar moderna. Ingresó en la Universidad Imperial de Tokio, donde estudió Filosofía y se graduó en 1911. Allí se interesó por la filosofía alemana, el pensamiento religioso comparado y las corrientes nacionalistas europeas, en particular el romanticismo de Herder y Fichte (Hotta, 2007).






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