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sábado, 2 de diciembre de 2017

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental II

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental II


Alemanes en la URSS



Miles de prisioneros alemanes desfilando en Moscú.

De igual manera, caer como cautivo en el frente oriental resultó ser altamente peligroso para los soldados alemanes. Aquí también, no se tuvieron en cuenta consideraciones jurídicas sobre el tratamiento a los prisioneros. A pesar de que la URSS no había firmado la Convención de Ginebra, sí debía observar y cumplir la Orden de la Haya y la 2ª Convención de Ginebra sobre la protección de los heridos. Con el comienzo de la Operación Barbarossa y el Ejército Rojo retirándose el número de ejecuciones de prisioneros de guerra alemanes no fue alto, pero hay que señalar de forma evidente que durante el avance inicial de la Wehrmacht en 1941 y 1942, el número de soldados alemanes que cayeron en manos soviéticas fue relativamente bajo. Hasta la batalla de Stalingrado, finalizada en enero de 1943, el número de prisioneros de guerra alemanes no excedió la cifra de 100.000. Tras Stalingrado, 93.000 prisioneros se sumaron a esa cantidad, de los cuales apenas 6.000 pudieron sobrevivir a su cautiverio. La tasa de mortalidad entre los prisioneros de guerra alemanes en esos momentos se elevó al 90 por ciento, cifra que nunca se alcanzó en los campos de internamiento permanentes. Pero a diferencia de sus homólogos soviéticos en 1941-1942, los prisioneros alemanes no fueron sometidos a una política de exterminio sistemático. Sí que fueron víctimas del estado de desorganización generalizada del sistema de campo de prisioneros de guerra soviéticos (GUPVI), de las condiciones caóticas de un país devastado por la guerra y de los actos individuales de represalia. Además, tras meses de lucha contra el enemigo y también contra las bajísimas temperaturas del invierno ruso, muchos soldados alemanes pasaron al cautiverio en un lamentable estado físico, por lo menos un tercio de ellos necesitaban atención médica, que los rusos generalmente no proporcionaron. Tras la derrota en Kursk en el verano de 1943, el ejército alemán comenzó su retirada final de Rusia.

El creciente número de prisioneros de guerra sobrepasó completamente las capacidades soviéticas. Se triplicó el número de campos base en la Unión Soviética pasando de  52 a 156 en 1944, sin embargo, las carencias fluían en todos los aspectos, especialmente en el suministro de alimentos, la ropa de invierno y los suministros médicos. Al final de la guerra, en mayo de 1945, los eventuales campos soviéticos de prisioneros fueron literalmente inundados por otro millón y medio de soldados alemanes que no pudieron rendirse a las fuerzas britanicas o norteamericanas. Una vez en los campos en la Unión Soviética, se pusieron a trabajar para reconstruir el país desgarrado por la guerra. De hecho, el primer plan económico quinquenal de la URSS después de la contienda dependía en gran medida del trabajo de los prisioneros de guerra. Por muchos años y bajo condiciones muchas veces terribles, los prisioneros alemanes y austríacos construyeron centrales eléctricas, vías de tren, el metro de Moscú, las industrias de defensa en los Montes Urales, minas de oro en Siberia oriental, etc. Incluso el programa de la bomba atómica rusa le debe mucho a la mano de obra y experiencia técnica de los prisioneros de guerra.

Teniendo en cuenta su sufrimiento, los prisioneros alemanes demostraron poca reacción positiva a los esfuerzos de la propaganda soviética para pasarse de bando. Intentos de organizar una oposición al régimen de Hitler en gran medida fueron desestimados, a pesar de pequeños grupos como el Comité Nacional por una Alemania Libre que sirvió como germen del  personal administrativo impuesto por la Unión Soviética utilizó en la zona de Alemania ocupada después de la guerra. La mayoría de los presos, sin embargo, experimentaron la influencia política soviética como opresiva. Más infames fueron las jerarquías establecidas en los campos por los comités antifascistas Antifa, prisioneros de guerra alemanes, principalmente comunistas, que habían sido elegidos por las autoridades soviéticas para controlar a sus compañeros. Generalmente, estos seleccionados presos ocupaban privilegiadas posiciones en los campos y se podían identificar fácilmente entre sus desnutridos camaradas por su aspecto sano y bien alimentado.



Soldados alemanes hacia el cautiverio

Las condiciones de vida en cautiverio soviético no mejoraron después de la guerra. El hambre constante, la mano de obra esclavizada y la falta de atención médica condujeron a los presos a desarrollar estrategias específicas de supervivencia. Los presos alemanes adoptaron un modo andar lentamente diseñado para conservar la energía corporal que pronto hizo de los prisioneros una masa de encorvadas figuras arrastrándose. El "invierno del hambre" de 1946-1947, seguido de malas cosechas, fue otra pesada carga que cayó sobre los prisioneros. Las autoridades soviéticas tuvieron que declarar el estado de emergencia para todo el sistema campo GUPVI para intentar aliviar la decreciente de mano de obra y la tasa de mortalidad creciente pero dada la importancia del trabajo realizado por los presos, las repatriaciones comenzaron a producirse tan solo de forma gradual. A mediados de 1947, cuando comenzaron las primeras repatriaciones masivas de presos austríacos y húngaros, aún había un millón de prisioneros de guerra alemanes en la Unión Soviética cuya repatriación no comenzó hasta un año después. Antes de 1950, su número descendió lentamente hasta los 30.000 prisioneros.


La historia de los últimos 30.000 prisioneros alemanes constituye el último capítulo de la triste historia de internamiento de prisioneros de guerra en el frente oriental. Despojados de su estatus como prisioneros de guerra y en cambio considerados como criminales de guerra convictos, estos internados se convirtieron en un grupo de presión utilizado por los soviéticos en la guerra fría, particularmente con referencia a la recién creada República Federal de Alemania. Sin duda, una parte significativa de estos ex soldados alemanes habían cometido crímenes de guerra, sin embargo muchos otros recibieron sus condenas, 25 años de trabajos forzados, por delitos menores o simplemente por mala suerte. Durante otros cinco años mas, los prisioneros alemanes trabajaron en la Unión Soviética hasta que las autoridades del país finalmente concedieron la repatrición en 1955-1956 a cambio del establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Federal. El último prisionero de guerra alemán no volviór a casa hasta 1956, más de 10 años después del final de la guerra.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental I

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental.

Soviéticos en Alemania.



Improvisado campo de prisioneros soviéticos 


La guerra entre la Alemania nazi y la URSS (1941-45) fue de lejos la más atroz y brutal de todas las acaecidas durante el siglo XX. Alentada por un antagonismo ideológico irreconciliable, la enorme crueldad en el frente se trasladó sin paliativos al tratamiento que ambos bandos otorgaron a los prisioneros de guerra. De los 5,7 millones de soldados soviéticos capturados, alrededor de 3,3 millones murieron en los campos alemanes; una bárbara proporción de mortalidad del 57%. Comparando esta cifra con el ratio de mortalidad entre prisioneros de guerra británicos y americanos que se sitúa entre un 3,5 % y un 5,1% aún ofrece una visión más dramática. Por el otro bando, un tercio de los 3 millones de soldados alemanes y austriacos que pasaron al cautiverio también perecieron. A los aliados de Alemania, la situación no les fue en absoluto diferente, 2 millones de soldados principalmente rumanos, húngaros checoslovacos e italianos fueron hechos prisioneros sufriendo un ratio de mortalidad similar a sus compañeros germanos. En los campos de prisioneros soviéticos y alemanes, las condiciones de vida de aquellos que fueron obligados a años de duro trabajo fueron casi insoportables. Frente a esta perspectiva, muchos soldados de ambos bandos decidieron luchar hasta el final, en lugar de renunciar al combate, intensificando y prolongando de esta manera la que ya era una guerra salvaje.

A primeras horas del 22 de junio de 1941, las fuerzas armadas de Alemania y sus aliados invadieron la Unión Soviética. Tomado por sorpresa, el Ejército Rojo solo ofreció esporádica resistencia en las fases iniciales de la campaña. Así, solo durante la primera semana de julio, el ejército alemán cercó y capturó cerca de 320.000 soldados soviéticos en Minsk y Biasystok. Con el avance posterior hacia el este, continuó la captura de gran número de tropas enemigas, sobre todo en las bolsas de Smolensk, Kiev y Bryansk. Cuando en diciembre d e1941, la Wehrmacht detuvo su avance ante las afueras de Moscú, aproximadamente 3,2 millones de soldados soviéticos habian pasado a la cautividad; en febrero de 1942 dos millones  de ellos habian perecido. Esta masiva mortalidad fue premeditada. Antes del ataque alemán, en marzo de 1941, Hitler relevó a sus tropas de la lealtad al tradicional código de honor militar: "Los comunistas, del primero al último, no son camaradas. Esta va a ser una guerra de exterminio". Y a pesar de ocasionales críticas, la Wehrmacht generalmente acató con estas premisas genocidas.

Debido a esta circunstancia, muchos soldados soviéticos fueron asesinados inmediatamente después de su captura, ya que si se cumplían las ordenes, los comisarios políticos debían ser fusilados en el acto y otros, especialmente los soldados judíos, debían ser entregados a los escuadrones de ejecución de las SS. Desnutridos y susceptibles de ser fusilados si eran físicamente incapaces de continuar, decenas de miles de soldados capturados perecieron durante las interminables marchas desde el frente a los campos de prisioneros en Polonia y Alemania. Cuando al fin pudieron llegar a su lugar de destino, se encontraron en la mayoría de los casos en que los campos están prácticamente desprovistos de cualquier edificación salvo un campo estéril rodeado de alambradas. En muchísimos casos para dormir, los prisioneros debieron cavar hoyos en la tierra. Sin instalaciones sanitarias, estos "campamentos" pronto se convirtieron en caldo de cultivo para el tifus y la disentería. La llegada del invierno acentuó aún más las deplorables condiciones de los prisioneros en sus refugios improvisados. La causa más común de muerte entre los prisioneros de guerra en aquel momento, sin embargo, no fue la congelación sino el hambre. Para mantener el suministro de alimentos a sus propias tropas y a la población civil alemana, los dirigentes del Tercer Reich decidieron inducir una eliminación "natural" de los prisioneros rusos, considerados como "infrahumanos" y bocas inútiles de alimentar. Incluso algunos prisioneros de guerra soviéticos se convirtieron en las primeras víctimas de las cámaras de gas instaladas en campos de concentración, incluido Auschwitz. De forma notoria, el tratamiento hacia los prisioneros de guerra soviéticos en 1941 – 1942 estaba acorde con la línea argumental diseñada por los nazis  de una guerra de conquista y exterminio con matices racistas en la que no existían reglas, ni legales ni éticas.



A principios de 1942, aumentó la presión por parte de las autoridades para hacer uso de los prisioneros de guerra como mano de obra en sectores industriales y agrícolas. En un principio y pensando en victorias rápidas y contundentes, la dirección de guerra alemana había planeado inicialmente desmovilizar a gran parte de la Wehrmacht con el fin de crear un fuerza de mano de obra encaminada a la industria bélica. Sin embargo cuando el avance se estancó, la desmovilización se convirtió en imposible. Por el contrario y con fines de suplir esa carencia, un primer contingente de 400.000 presos soviéticos fueron obligados a trabajar en áreas tales como la construcción de carreteras y la minería. Para cumplir con el trabajo físico se requería una fuerza de trabajo saludable, y esta circunstancia llevó a una gradual mejora de las condiciones de vida de los presos. En la primavera de 1942, la tasa de mortalidad en los campos de prisioneros de guerra comenzó a caer, si bien, esta situación no fue en su totalidad debida a la repentina benevolencia alemana: en esos momentos, muchos prisioneros ya habían muerto por lo que la asignación de alimentos llegó a ser suficiente para los supervivientes. De todas formas, no fue hasta julio de 1944 cuando el suministro de alimentos para los presos soviéticos alcanzó un nivel comparable al de los otros prisioneros de guerra cautivos en territorio nazi; británicos y norteamericanos.


Además de trabajo, para los presos soviéticos ingresar en las filas del ejército alemán fue otra forma de sobrevivir. En 1942, la SS y la Wehrmacht comenzaron a reclutar voluntarios entre los prisioneros de guerra. Apelando al sentimiento anticomunista y a la voluntad de sobrevivir entre los prisioneros, estos esfuerzos tuvieron éxito. Decenas de miles de antiguos soldados soviéticos sirvieron en batallones especiales bajo el mando de oficiales alemanes, así como dentro del ejército del Teniente General Andrei Vlasov, un ex comandante del Ejército Rojo que cambió de bando, y en batallones de trabajo alemanes. El número total de expresos soviéticos que formaron parte de las fuerzas armadas alemanas es desconocido, pero algunas estimaciones van desde los 250.000 hombres hasta aproximadamente 1 millón. Los restantes prisioneros de guerra formaron parte del gigantesco contingente de mano de obra forzada, diríase esclavizada, que sostuvo el sector industrial del Tercer Reich en los últimos años de la guerra. Sus condiciones de vida seguían siendo muy duras, por lo que 1,3 millones de prisioneros perecieron en cautiverio alemán entre 1942 y 1945. Paradójicamente y a pesar de la victoria aliada, las penurias de muchos presos soviéticos no acabaron con el fin de la guerra. De aproximadamente 1,8 millones de presos finalmente repatriados a la URSS, 150.000 fueron condenados a seis años de trabajos forzados por "ayudar al enemigo", y casi todos los demás experimentaron la hostilidad engendrada por la infame Orden 270 emitida por el líder soviético Josef Stalin, que señalaba a todos los soldados del Ejército Rojo capturados por el enemigo como "traidores a la patria".

Continúa en Prisioneros de guerra en el frente oriental II

domingo, 18 de noviembre de 2012

Lim Bo Seng


Lim Bo Seng



Lim Bo Seng fue un miembro del grupo de Resistencia frente a los japoneses en el área  de Singapur y Malasia, conocido como Fuerza 136.

Nacido el 27/04/1909 en Nan’an, en la provincia china de Fujian, en el seno de la bien posicionada familia Lim. Su padre Lim Loh, constructor envió en 1925 a su hijo a estudiar al colegio inglés Raffles Institution en Singapur. Posteriormente, estudio negocios en la Universidad de Hong Kong. En 1930 se casó con Gan Choo Neo, mujer malaya de descendencia china, con la que tuvo ocho hijos, uno de ellos fallecido en edad infantil. Inicialmente taoísta, Lim se convirtió al cristianismo.

Cuando murió su padre en 1931, Lim heredo sus negocios y poco a poco junto a su hermano fue convirtiéndose en un importante hombre de negocios y también un influyente miembro de la comunidad china de Singapur, ostentando diversos cargos dentro de las instituciones más  destacadas de la ciudad malaya. Así Lim Bo Seng fue presidente de la Asociación de Industria y Construcción de Singapur, miembro del Consejo de al Cámara de Comercio China en Singapur y miembro ejecutivo y director de la Hokkein Huay Kuan, escuela china en Singapur.

Cuando comenzó la guerra chino-japonesa de 1937, Lim y muchos emigrantes chinos en Singapur decidieron participar en actividades contra Japón tales como boicotear los bienes y productos nipones  y apoyar financieramente la lucha armada contra los invasores en la propia China. A finales de 1937, cientos de chinos emigrados que trabajaban en industrias de propiedad japonesa en Malasia fueron a la huelga. En ese momento, el gobierno japonés explotaba una mina de estaño en Dungun, Terengganu, Malasia donde trabajaban cerca de 3.000 chinos, el estaño se enviaba a Japón por barco donde era utilizado como materia prima en la fabricación  de armas. Lim pensaba que si podía convencer a los trabajadores chinos de la mina de estaño de ir a la huelga, esta circunstancia supondría un duro golpe para Japón. Más o menos en febrero de 1938, Lim se desplazó a Dungun con Zhuang Huiquan de la Asociación Anxi de Singapur para poder en marcha su plan de huelga.
Zhuang fue a la mina con la finalidad de convencer a los trabajadores a secundar la huelga mientras Lim contactaba con la policía local para ganarse su apoyo a la causa. A principios de mazo, Lim y Zhuang consiguieron con éxito que los mineros más que entrar en huelga, abandonaran la mina y les siguieran hasta Singapur. El 11 de marzo de 1938, Lim y la comunidad china de Singapur ofrecieron una ceremonia de bienvenida  a los trabajadores chinos y posteriormente fueron realojado y empleados en nuevos trabajos.

En diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor y la entrada oficial de las potencias aliadas en la guerra, Lim organizó un grupo de voluntarios para enfrentarse a los japoneses que avanzaban por todas direcciones. Este grupo opuso una feroz resistencia en la propia batalla de Singapur, en febrero de 1942 y que terminó con un penoso resultado para los británicos.

El 11 de febrero de 1942, Lim abandona Singapur, viaja a Sumatra donde se reúne con otros líderes de la comunidad china y todos juntos se desplazan a la India. A mediados de 1942, en la India y junto al capitán John Davis del SOE (Special Operations Executive) forma la Fuerza 136, nombre que recibe una fuerza especial chino-británica entrenada en tareas de guerrilla. Las principales misiones de la fuerza 136 en Malasia recibieron el nombre clave de Gustavo

Operación Gustavo fue planeada con la intención de establecer una red de espionaje en malasia y Singapur con la finalidad  recabar información sobre las actividades japonesas de la zona con vistas a la recuperación por parte de las fuerzas británicas de sus antiguas colonias, operación que recibió el nombre en clave de Operación Zipper.

El 24 de mayo de 1943, el primer grupo agentes de la Fuerza 136, en nombre clave Gustavo I y liderados por el capitán John Davies desembarcaron en Perak desde el submarino holandés O-24 y enseguida operaron en la zona; el mismo submarino O-24 transportó reemplazaos y suministros para Gustavo I en septiembre y noviembre del mismo año. Otro sumergible, el O-23, transportó los grupos Gustavo II y Gustavo III los días 25 de junio y 4 de agosto respectivamente y bajo el mando del capitán Richard Broome. Lim llegó a Malasia el 2 de noviembre de 1943 como parte de Gustavo V, desplazándose por la zona bajo el alias del respetable hombre de negocios  Tan Choon Lim y con una documentación falsa casi perfecta que le permitía eludir los puntos de control japoneses.

En Perak, Lim y Davies establecieron contacto con su superior, el comandante Freddie Chapman, que les informó de la inminente puesta en marcha de una serie de ataques a pequeña escala contra los japoneses. Dichos ataque debían realizarse conjuntamente con los guerrilleros del MPAJA o Ejercito Anti-Japonés del Pueblo Malayo, dos de estos guerrilleros eran Chin Peng y Lai Teck, quienes habían llegado a un acuerdo de lucha conjunta con las autoridades británicas a cambio de armas, suministros y entrenamiento. Una de las bases de espionaje estaba en una tienda de provisiones en Ipoh, Jian Yik Jan donde las comunicaciones se llevaban a cabo mediante mensajes escondidos en vaciaos tubos de pasta de dientes dentro de pescados salados y periódicos.

La Operación Gustavo fracasó antes que los agentes consiguieran resultados notables, cuando un guerrillero comunista capturado por los japoneses en enero de 1944, el cual bajo interrogatorio reveló la existencia de la red de espionaje aliada que en ese momento operaba desde la isla de Pangkor. Los japoneses lanzaron una operación de contraespionaje a gran escala en la isla a finales de marzo de 1944 con más de 200 soldados. El 24 de marzo la Kempeitai arrestó a Chua Koon Eng, un pescador que trabajaba en Teluk Murrek en la costa de Perak. Chua estaba trabajando en la isla de Pangkor cuando Li Han-Kwang, agente de la Fuerza 136 le pidió su bote para trasladar información. Chua informa a la Kempeitai todos los detalles, por lo que Li fue capturado, torturado y al final accedió a colaborar con los japoneses con la esperanza d eludir la cautividad y la posterior muerte. La red de espionajes en su totalidad fue destruida el 31 de marzo y no fue restablecida ninguna red semejante hasta febrero de 1945.

Lim fue capturado por los japoneses bajo el mando del mariscal Onishi Satoru en un cruce de carreteras en Gopeng al siguiente día. Interrogado en el cuartel general de al Kempeitai, Lim no proporcionó ninguna información sobre aspectos internos de la Fuerza 136 a pesar de ser cruelmente torturado, incluso protesto contra el tratamiento inhumano realizado a sus compañeros de prisión. Lim enfermo de disentería y estuvo prostrado en la cama hasta finales de mayo de 1944. Lim murió en las primeras horas del 29 de junio de 1944, fue enterrado en la parte posterior de la prisión de Batu Gajah en una tumba sin nombre alguno y la noticia de la muerte de su marido fue dada a su mujer, Gan Choo Neo, por el sacerdote de la Escuela de San Andrés.


Monumento a la memoria de Lim Bo Seng en Singapur

Gan recuperó los restos de su marido después de la guerra y el 7 de diciembre de 1945 llegaron a Singapur donde se realizo recorrido fúnebre con los restos por las principales vías de la ciudad malaya. El 13 de enero de 1946, tras un funeral para honrar la memoria de Lim en el ayuntamiento, los restos de Lim fueron transportados a una colina de la Reserva MacRitchie para que fuesen enterrados con todos los honores militares. De forma póstuma,  a Lim le fue otorgado el rango de General de División por el Gobierno de la China Nacionalista.

lunes, 7 de mayo de 2012

La tragedia del Sinfra


Sinfra

Tras el armisticio entre las fuerzas armadas italianas y los aliados el 8 de septiembre de 1943, la situación de muchas guarniciones italianas en el Mediterráneo se volvió como mínimo muy complicada, sobre todo debido a la presencia vigilante de tropas germanas que de forma rápida y contundente consiguieron reducirlas y desarmarlas.

Esta circunstancia ocurrió en la isla de Creta, donde la 51ª Division de Infantería “Siena”  se hallaba en servicio de guarnición al este de la isla. Esta unidad fue desarmada  tras la rendición a los tropas germanas. A los soldados italianos se les dio la oportunidad de seguir a su lado en la lucha contra los aliados, hecho al que se acogieron minoritariamente los soldados que formaron la Legione Italiana Volontaria Creta, o bien embarcar hacia el continente con la intención de acabar siendo utilizados como mano de obra forzada.

El 18 de octubre de 1943, más de 2.000 prisioneros de guerra fueron embarcados a bordo del carguero Sinfra, buque de origen francés, confiscado por las autoridades germanas al gobierno de Vichy y de 4.470 toneladas de desplazamiento.

El barco zarpó de la bahía de Suda al atardecer del 18 de octubre con destino al puerto griego de El Pireo transportando 2.300 italianos y 300 alemanes a bordo. Cuatro torpederos Wellington , pertenecientes al escuadrón Nº 38 patrullaban por el área de navegación del barco francés cuando este fue divisado por el avión X-X- ray  (MP 640) pilotado por  el sargento de vuelo  P.R. Bergman  que radió sus compañeros la posición del carguero en 35º54’N y 23º56’E. A continuación atacó al navío lanzando un torpedo que falló su objetivo.

A las 23:40, los aviones K-King (MP 655) pilotado por el sargento de vuelo Mitchell y el A-Apple (HZ 378) ya se encontraban encima del Sinfra, por supuesto los artilleros del buque tambien habían  divisado los aviones británicos. 

El K-King fue el primero de los dos aviones en atacar, pero por desgracia lo hizo bajo un intenso fuego antiaéreo que alcanzó seriamente al aparato ocasionando heridas graves al navegante y permitiendo que el barco pudiese evadir el torpedo lanzado por Mitchell. Sin embargo, la acción del primer avión atrajo todo el fuego antiaéreo, dejando vía libre para que el avión acompañante, al mando de jefe de escuadrón Milbur, pudiese lanzar el torpedo sin apenas interferencia. El torpedo alcanzó al carguero entre la popa y la mitad del barco produciendo una disminución considerable de la velocidad, así como un gran incendio, que como señaló Milbur era  visible a más de treinta millas de distancia.

Tras recibir el mensaje, el restante avión de la patrulla, el S- Sugar (LB 197), pilotado por el sargento de vuelo H.F. van der Pol, se dirigió  a la posición radiada y tras avistar el barco en llamas a la 01:04 lanzó su torpedo en medio de una ligera defensa antiaérea. La proa se levantó de forma evidente al producirse el impacto apareciendo nubes de humo negro seguidas de dos explosiones. El fuego antiaéreo cesó y la suerte del buque estaba clara.

Wellington del Squadron Nº 38 lanzando un torpedo

Con el buque se hundieron  la mayoría de los prisioneros italianos que habían embarcado en Creta. Solo sobrevivieron 390 soldados transalpinos de 2389, 163 alemanes de 204 iniciales y 13 marineros griegos de 71.

Por desgracia para el pueblo y el ejército italiano, la tragedia del Sinfra no fue la única ni la ultima. Al final de la guerra casi 13.000 soldados italianos murieron en el Mar Mediterráneo  por diversas causas mientras eran  trasladados para realizar trabajos forzados como prisioneros de guerra.

Fuente principal.- War in the Aegean: The campaign for the eastern Mediterranean in World War II. Peter Charles Smith, Edwin R. Walker.