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martes, 2 de junio de 2026

ABDA 2º parte

 ABDA 

Proviene de ABDA 1ª parte

El colapso del ABDA

Con la caída de Singapur y la destrucción de la flota en el mar de Java, el mando ABDA se desmoronó. El 25 de febrero de 1942, antes incluso de la batalla final, Wavell había recibido autorización para disolver el mando y retirarse a la India. Los restos de las fuerzas aliadas en la región quedaron a merced del enemigo. En pocas semanas, los japoneses ocuparon Java, Sumatra, Borneo y las Célebes. Miles de soldados neerlandeses fueron hechos prisioneros y muchos civiles europeos internados en campos.

La disolución del ABDA fue tanto un hecho militar como político. Representaba el fracaso del primer intento de los aliados por coordinarse en el Pacífico. Sin embargo, su experiencia resultó valiosa para las futuras estructuras de mando conjunto que surgirían más adelante, como el South West Pacific Command bajo el general Douglas MacArthur, o el Pacific Ocean Areas Command al mando del almirante Chester Nimitz. De los errores del ABDA se extrajeron lecciones fundamentales sobre la necesidad de una estructura jerárquica clara, interoperabilidad técnica y objetivos comunes.

El general Sir Archibald Wavell, comandante en jefe de la India y comandante del Mando ABDA, saluda a los oficiales y soldados de la 20.ª División India, 1942.

Causas del fracaso

Las causas del fracaso del ABDA fueron múltiples y complejas. En primer lugar, la superioridad  japonesa era aplastante. Sus fuerzas navales estaban mejor entrenadas, disponían de armamento tecnicamnete superior como los torpedos de largo alcance “Tipo 93” y al mismo tiempo  contaban con un apoyo aéreo constante. En contraste, los aliados carecían de portaaviones en la zona y sus buques eran en su mayoría antiguos.

En segundo lugar, existía una desunión estratégica profunda. Cada potencia mantenía prioridades distintas y, en ocasiones, incompatibles. Los británicos consideraban que la defensa de India y Birmania debía tener prioridad sobre las Indias Orientales; los neerlandeses defendían su propio territorio colonial; los estadounidenses pensaban ya en reorganizar su ofensiva desde Australia. Esta falta de visión común se tradujo en decisiones fragmentadas y en operaciones sin coherencia global.

Otro factor decisivo fue la falta de inteligencia y reconocimiento. Los japoneses, gracias a su dominio del aire, sabían con precisión la posición de las flotas aliadas, mientras que el ABDA apenas contaba con aviones de patrulla. La escasez de combustible y repuestos redujo la movilidad de las fuerzas navales, mientras que los aeródromos eran bombardeados sistemáticamente.

Finalmente, la complejidad logística y lingüística obstaculizó la coordinación. Las órdenes debían traducirse a varios idiomas, los códigos eran incompatibles y los sistemas de comunicación obsoletos. En una guerra moderna, donde la rapidez de la información era crucial, el ABDA se movía con lentitud desesperante.

Consecuencias estratégicas

Aunque el ABDA desapareció en cuestión de semanas, su impacto fue considerable. La derrota aliada en el sudeste asiático permitió a Japón consolidar su “esfera de coprosperidad de la Gran Asia Oriental”, controlando territorios vitales para su economía de guerra. Las vastas reservas de petróleo de Sumatra y Borneo quedaron bajo control japonés, lo que garantizó combustible suficiente para sostener la maquinaria militar nipona durante varios años.

Para las potencias occidentales, la pérdida de las colonias asiáticas fue un golpe psicológico y político. La caída de Singapur, considerada la “Gibraltar del Oriente”, supuso un duro golpe para el prestigio británico. Los neerlandeses vieron desaparecer en pocos meses su imperio colonial de tres siglos. Australia, por su parte, comprendió que la defensa del continente ya no podía depender exclusivamente de Londres y comenzó a reforzar su alianza con Estados Unidos.

La experiencia del ABDA también influyó en la creación de nuevos mandos aliados unificados, esta vez con una autoridad más clara y mejor coordinación. En marzo de 1942, MacArthur fue nombrado comandante supremo del South West Pacific Area, mientras Nimitz asumía el control del Pacific Ocean Areas. A diferencia del ABDA, estos mandos contaban con recursos, planificación a largo plazo y líneas de suministro seguras. La guerra del Pacífico entraba así en una nueva fase.

Máxima expansión del Imperio japonés y de la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental.

Balance histórico

Con el paso del tiempo, los historiadores han interpretado al ABDA como un ejemplo de improvisación en tiempos de crisis. Fue un intento genuino de cooperación internacional que fracasó más por las circunstancias que por falta de voluntad. En los primeros meses de 1942, los aliados carecían de los medios y la experiencia necesarios para coordinar una defensa eficaz contra un enemigo tan preparado. Sin embargo, el espíritu de colaboración que animó su creación anticipó la estructura global que más tarde definiría la alianza aliada en su conjunto.

La figura del general Wavell simboliza ese esfuerzo heroico e imposible. Sus informes posteriores muestran la conciencia de que el ABDA no podía resistir sin superioridad aérea ni apoyo logístico. Su retiro a la India no fue una huida, sino una reagrupación estratégica. Desde allí, Wavell seguiría participando en la defensa del Imperio británico hasta el final de la guerra.

La batalla del Mar de Java, por su parte, quedó en la memoria como una tragedia de valor y sacrificio. Las tripulaciones de distintas nacionalidades combatieron juntas en condiciones extremas, sabiendo que las probabilidades estaban en su contra. Su resistencia retrasó, aunque brevemente, la expansión japonesa y permitió la evacuación de algunos efectivos hacia Australia.

En definitiva, el Mando ABDA representa uno de los capítulos más breves pero significativos de la Segunda Guerra Mundial. Su creación respondió a una urgencia estratégica; su fracaso reveló las debilidades estructurales de los aliados en el Pacífico; y su legado sirvió para construir una cooperación más eficaz en los años posteriores. En aquel escenario de derrota y confusión, se gestaron las bases de la futura victoria aliada.


Batalla del Mar de Java

 

Estructura oficial de mando

  • General Sir Archibald Wavell, Ejército Británico (BA) – Comandante Supremo.
  • Teniente General George H. Brett, Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF) – Comandante adjunto.
  • Teniente General Henry Pownall (BA) – Jefe del Estado Mayor.

Fuerzas terrestres (ABDARM)

  • Teniente General Hein ter Poorten, Ejército Real de las Indias Orientales Neerlandesas (KNIL) – comandante de las fuerzas terrestres (ABDA Land); también al mando directo de las fuerzas terrestres de las Indias Orientales Neerlandesas.
  • Mayor General Ian Playfair (BA) – comandante adjunto de las fuerzas terrestres y jefe del Estado Mayor terrestre.
  • Mayor General T. J. Hutton (BA) – oficial general al mando del Burma Command.
  • Mayor General David Blake, Ejército Australiano, 7.º Distrito Militar Australiano (Norte de Australia).
  • Teniente General Arthur Percival (BA) – Mando de Malaya.
  • General Douglas MacArthur, Ejército de los Estados Unidos – fuerzas aliadas en Filipinas.

(MacArthur estaba técnicamente subordinado a Wavell, pero en la práctica muchas de las cadenas de mando aquí mostradas operaban de manera independiente del ABDACOM y/o existían solo sobre el papel).

 

Fuerzas aéreas (ABDAIR)

  • Mariscal del Aire Sir Richard Peirse, Real Fuerza Aérea británica (RAF) – comandante de las fuerzas aéreas (ABDA Air).
  • Mayor General Lewis H. Brereton (USAAF) – comandante adjunto de las fuerzas aéreas.
  • Vice Mariscal del Aire Sir Paul Copeland Maltby (RAF) – oficial aéreo al mando de la RAF en Java.
  • Vice Mariscal del Aire D. F. Stevenson (RAF) – NORGROUP (RAF: Birmania).
  • Vice Mariscal del Aire C. W. Pulford (RAF) – WESGROUP (RAF: Malaya y norte de Sumatra).
  • ? CENGROUP (KNIL: sur de Sumatra y oeste de Java; fusionado con EASGROUP el 22 de febrero de 1942).
  • ? EASGROUP (USAAF: este de Java; fusionado con CENGROUP el 22 de febrero de 1942).
  • Mayor General Ludolph van Oyen[23] (a veces van Oijen), Fuerza Aérea del Ejército Real de las Indias Orientales Neerlandesas (KNIL) – Fuerzas Aéreas Aliadas en Java después del 22 de febrero.
  • RECGROUP (grupo de reconocimiento aéreo): Capitán de Navío G. G. Bozuwa, Marina Real Neerlandesa.
  • (adjunto) Capitán Frank D. Wagner, Marina de los Estados Unidos (USN) – unidades de reconocimiento con hidroaviones: Marineluchtvaartdienst (MLD), Ala de Patrulla 10 de la Marina estadounidense y Escuadrón n.º 205 de la RAF.
  • Comodoro del Aire D. E. L. Wilson, Real Fuerza Aérea Australiana (RAAF) – AUSGROUP (RAAF: noroeste de Australia, mar de las Molucas y Nueva Guinea neerlandesa).
  •  

Fuerzas navales (ABDAFLOAT)

  • Almirante Thomas C. Hart, Marina de los Estados Unidos (USN) – comandante de las fuerzas navales (ABDA Sea) hasta el 12 de febrero de 1942.
  • Almirante Conrad Helfrich, Marina Real Neerlandesa (RNN) – después del 12 de febrero de 1942.
  • Contraalmirante Arthur Palliser, Marina Real británica – comandante adjunto de las fuerzas navales.
  • Contraalmirante William A. Glassford Jr. (USN) – comandante de las fuerzas navales estadounidenses.
  • Contraalmirante Johan van Staveren (RNN) – comandante de las fuerzas navales neerlandesas.
  • Comodoro John Collins, Marina Real Australiana – comandante de las fuerzas navales británico-australianas.

miércoles, 20 de mayo de 2026

ABDA 1ª parte

 

 El Mando ABDA en la Segunda Guerra Mundial



Cuando el Imperio japonés lanzó su ofensiva por el Pacífico en diciembre de 1941, el equilibrio estratégico de toda Asia cambió de forma fulminante. En cuestión de semanas, las potencias coloniales europeas y las fuerzas estadounidenses vieron amenazadas sus posesiones y rutas marítimas en el Sudeste Asiático. En aquel escenario caótico, surgió un intento desesperado de cooperación militar: el Mando ABDA, una organización conjunta de fuerzas americanas, británicas, neerlandesas y australianas que, por un breve tiempo, trató de frenar el avance japonés hacia el sur. Su existencia fue efímera, apenas dos meses, pero su historia resume las dificultades de coordinación aliada en los primeros momentos de la guerra del Pacífico.

Orígenes y contexto estratégico

El ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 marcó el inicio de la expansión imperial de Japón en todo el Pacífico. Casi simultáneamente, las fuerzas japonesas atacaron Hong Kong, las Filipinas, Malasia, y las Indias Orientales Neerlandesas. El objetivo de Tokio era asegurar una red de territorios ricos en recursos —especialmente petróleo, caucho y estaño— que permitiera sostener su guerra prolongada contra Occidente. En pocas semanas, las potencias aliadas comprendieron que se enfrentaban a una ofensiva de dimensiones que superaban cualquier previsión previa.

El Sudeste Asiático era un mosaico colonial con intereses divergentes. Los británicos defendían Malasia y Singapur, los neerlandeses intentaban proteger las ricas islas petroleras de Borneo y Sumatra, los estadounidenses resistían en Filipinas y los australianos temían por su seguridad nacional. La situación exigía una coordinación inmediata. De ahí nació la idea de un mando unificado que pudiera coordinar las fuerzas terrestres, navales y aéreas de las cuatro potencias aliadas presentes en la región.

El 1 de enero de 1942, se firmó oficialmente la creación del American-British-Dutch-Australian Command, más conocido por sus siglas ABDA. Su ámbito de operaciones incluía un vasto territorio que abarcaba desde el océano Índico oriental hasta el norte de Australia, pasando por todo el archipiélago indonesio y el mar de Java. El mando supremo recayó en el general británico Sir Archibald Wavell, un veterano de la guerra en el norte de África que contaba con gran prestigio entre los aliados.

Un mando improvisado

La formación del ABDA fue una respuesta de emergencia. En la práctica, las fuerzas aliadas que lo componían estaban dispersas, mal equipadas y con comunicaciones deficientes. Cada nación mantenía su propia cadena de mando y prioridades políticas. Estados Unidos centraba sus esfuerzos en la defensa de Filipinas y en el suministro hacia Australia; Gran Bretaña trataba de sostener Singapur y Birmania; los Países Bajos defendían desesperadamente sus colonias; y Australia carecía de recursos para una ofensiva importante.

La primera conferencia del ABDACOM. Sentados alrededor de la mesa, de izquierda a derecha: los almirantes Layton, Helfrich y Hart; el general ter Poorten; el coronel Kengen (en la cabecera de la mesa); y los generales Wavell, Brett y Brereton.

Wavell estableció su cuartel general en Lembang, cerca de Bandung, en la isla de Java. Desde allí debía coordinar a los distintos componentes del mando: las fuerzas terrestres bajo control británico y neerlandés; la aviación, formada por unidades mixtas pero con escasos medios; y la flota combinada, la ABDAFLOAT, dirigida por el almirante estadounidense Thomas C. Hart. Sin embargo, la realidad pronto demostró que las diferencias culturales, lingüísticas y estratégicas eran enormes. La falta de interoperabilidad entre las marinas, los distintos calibres de artillería, los sistemas de comunicación incompatibles y la escasez de combustible hacían casi imposible una defensa eficaz.

Wavell se enfrentó también a un dilema político: debía rendir cuentas simultáneamente a Londres, Washington, La Haya y Canberra. Cada gobierno le enviaba instrucciones contradictorias, reflejando las distintas prioridades nacionales. Los británicos insistían en concentrar esfuerzos en Singapur, mientras que los neerlandeses exigían defender Java y Sumatra, y los estadounidenses pedían mantener el contacto con Filipinas. En la práctica, el mando ABDA fue un experimento de cooperación multinacional que nació con graves limitaciones.

La ofensiva japonesa en el sudeste asiático

Mientras los aliados trataban de organizar su defensa, el Ejército y la Marina Imperial Japonesa avanzaban con precisión y coordinación. En enero de 1942, las tropas niponas ocuparon Manila y Kuala Lumpur; el 15 de febrero cayó Singapur, considerado hasta entonces una fortaleza inexpugnable del Imperio británico. La noticia sacudió al mundo y demostró que la supremacía japonesa en el sudeste era abrumadora. En el mar, las flotas aliadas sufrían pérdidas constantes a manos de los modernos cruceros y destructores japoneses, apoyados por una aviación naval extremadamente eficaz.

El mando ABDA trató de detener el avance japonés en las Indias Orientales Neerlandesas, sobre todo en el estratégico mar de Java, que constituía el último obstáculo antes de Australia. Las operaciones navales en esa zona fueron intensas entre febrero y marzo de 1942. Las fuerzas aliadas se agruparon bajo el almirante neerlandés Karel Doorman, que asumió el mando directo de la flota combinada. La suya era una fuerza heterogénea: incluía cruceros estadounidenses y británicos, destructores australianos y buques neerlandeses, muchos de ellos obsoletos o carentes de repuestos.

Ataques japoneses a lo largo de la Barrera Malaya, del 23 de diciembre de 1941 al 21 de febrero de 1942.

La batalla del Mar de Java

El episodio más dramático de la historia del ABDA fue la batalla del Mar de Java, librada entre el 27 y el 28 de febrero de 1942. Doorman, consciente de que debía impedir a toda costa el desembarco japonés en Java, reunió su flota y zarpó para interceptar a una fuerza de invasión japonesa mucho más numerosa. La batalla se prolongó durante horas, en medio de la noche tropical, con continuos intercambios de fuego entre los cruceros y destructores de ambos bandos.

La falta de coordinación aliada resultó fatal. Las comunicaciones eran caóticas, los sistemas de radar escasos y la aviación japonesa dominaba los cielos. Uno tras otro, los buques aliados fueron alcanzados. El crucero británico HMS Exeter resultó gravemente dañado; los neerlandeses perdieron el De Ruyter y el Java, y el propio Doorman pereció en el combate. Su última transmisión, “Ik val aan, volg mij!” (“Ataco, seguidme”), se convirtió en un símbolo de la desesperada resistencia aliada.

Al día siguiente, las fuerzas supervivientes intentaron retirarse hacia Australia, pero la persecución japonesa continuó. Los buques estadounidenses USS Houston y HMAS Perth fueron hundidos en el estrecho de la Sonda, el 1 de marzo. En apenas cuarenta y ocho horas, la flota combinada del ABDA había dejado de existir. La derrota selló el destino de las Indias Orientales Neerlandesas y, con ellas, el fin del mando conjunto.

Continúa en ABDA 2ª parte


jueves, 23 de abril de 2026

El viaje del St. Louis: política, diplomacia y tragedia en vísperas de la guerra

 

El viaje del St. Louis


Postal del barco SS St- Louis. Mayo de 1939

El viaje del St. Louis en 1939 se ha convertido en uno de los casos más paradigmáticos del fracaso político y diplomático que precedió al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de la odisea humana de los más de 900 judíos que intentaron escapar de la Alemania nazi, el episodio revela la profunda crisis moral y política de los países democráticos, atrapados entre sus propias tensiones internas, el auge de sentimientos xenófobos y el temor a un conflicto inminente. En última instancia, el viaje simbolizó cómo la burocracia estatal y la política exterior, lejos de ser neutrales, pueden determinar el destino de miles de vidas.

El St. Louis, un transatlántico de la Hamburg-Amerika Linie, zarpó el 13 de mayo de 1939 con 937 refugiados judíos que habían obtenido visados para entrar en Cuba. Estos visados, gestionados en gran parte por el director del Departamento de Inmigración cubano, Manuel Benítez, se encontraban en una situación ambigua: eran documentos caros, adquiridos a través de intermediarios y su validez legal era cuestionable incluso antes de la partida. El gobierno cubano ya sufría presiones internas: sectores ultraconservadores denunciaban una “invasión” de refugiados europeos, mientras que grupos empresariales temían que su llegada alterara el mercado laboral en plena recesión económica.

Cuando el barco llegó a La Habana el 27 de mayo, la situación política cubana había cambiado radicalmente. El presidente Laredo Brú, bajo presión de militares, nacionalistas y grupos antisemitas, anuló la mayoría de los visados. Además, el gobierno buscaba reforzar su autoridad interna y mostrarse firme ante lo que consideraba un abuso de su soberanía. Cuba atravesaba un periodo de inestabilidad política, con fuertes tensiones entre el Ejecutivo y sectores opositores, por lo que la llegada del St. Louis se convirtió en un asunto de prestigio nacional. Aceptar a los refugiados podía interpretarse como una debilidad frente a presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos.

Mientras tanto, la presencia del barco generó fuertes movimientos especulativos. Intermediarios cubanos exigieron grandes sumas de dinero para permitir el desembarco: una mezcla de corrupción, oportunismo y desesperación se apoderó del ambiente. La crisis se agravó cuando organizaciones judías internacionales intentaron negociar, sólo para encontrarse con un gobierno que usaba a los refugiados como instrumento político.

Refugiados a bordo del "St. Louis" esperan para saber si Cuba les permite la entrada. Cerca de la costa de La Habana, Cuba, 3 de junio de 1939.

La dimensión internacional del conflicto se hizo evidente rápidamente. Estados Unidos, aunque influía considerablemente en la política cubana, decidió no intervenir de manera directa. La administración Roosevelt se hallaba en un momento crítico: las políticas aislacionistas dominaban el Congreso y la opinión pública, aun marcada por los efectos de la Gran Depresión y por campañas nativistas, es decir, favorecer a los nacidos en el país frente a inmigrantes, considerando a estos últimos como una amenaza cultural, económica o política. Roosevelt, aunque personalmente simpatizaba con la causa humanitaria, sabía que abrir excepcionalmente las cuotas migratorias podía desencadenar un conflicto político interno. La derecha estadounidense difundía rumores de que los refugiados judíos podían incluir “infiltrados” alemanes enviados como espías, argumento que reforzó la negativa oficial.

Cuando el St. Louis se dirigió lentamente hacia Florida, el debate político en Estados Unidos se intensificó. Algunos senadores propusieron permitir el desembarco como gesto humanitario, pero el Departamento de Estado defendió la línea dura: la ley de cuotas era inviolable y no se harían excepciones. La Guardia Costera recibió órdenes de impedir que el barco se acercara a la costa, un acto que, aunque legal, tuvo un fuerte impacto simbólico. Desde la cubierta, los refugiados podían ver las luces de Miami, pero la proximidad física contrastaba con una absoluta distancia política.

Canadá, por su parte, mostró una postura aún más rígida. El gobierno de Mackenzie King enfrentaba fuertes presiones de sectores católicos conservadores y grupos nacionales que rechazaban la inmigración judía. El director de inmigración, Frederick Blair, defendió públicamente la idea de que Canadá no tenía responsabilidad alguna sobre los refugiados europeos. La frase que resume la política canadiense de la época —“Ninguno es demasiado”— refleja la dureza y frialdad con la que se valoró el destino de cientos de personas.

Trayecto de ida y vuelta del "St. Louis"

En Europa, la diplomacia se movió lentamente. Las organizaciones judías, conscientes de que el regreso a Alemania implicaría la casi segura deportación a campos de concentración, presionaron a los gobiernos occidentales para actuar. Pero en 1939, Europa estaba al borde del colapso político. Francia y el Reino Unido se preparaban para un conflicto abierto con Hitler tras la invasión de Checoslovaquia. Los Países Bajos, Bélgica y otros estados pequeños se encontraban paralizados por la incertidumbre. Sin embargo, ante la creciente presión internacional y con el objetivo de evitar un escándalo diplomático mayor, cuatro países aceptaron repartir a los pasajeros: Reino Unido, Francia, Bélgica y los Países Bajos.

Si bien esta decisión impidió el retorno inmediato de los refugiados a territorio nazi, en realidad fue sólo una solución temporal en un contexto político explosivo. Menos de un año después, Alemania invadió los tres países continentales que habían acogido a los pasajeros. En consecuencia, se estima que alrededor de 254 de aquellos refugiados murieron finalmente en el Holocausto. El fracaso político que había comenzado con el rechazo en Cuba y Norteamérica se convirtió, finalmente, en tragedia bajo la maquinaria genocida nazi.

El viaje del St. Louis dejó una profunda marca en la memoria histórica porque reveló la manera en que intereses políticos, temores electorales, prejuicios ideológicos y cálculos diplomáticos pueden prevalecer frente a necesidades humanas básicas. La demora, la indecisión y la estrategia de “no intervenir” fueron decisiones políticas que contribuyeron directamente a la tragedia. El barco se transformó en un símbolo del costo humano de las políticas migratorias restrictivas y del aislamiento diplomático en tiempos de crisis.

Hoy, el St. Louis sigue siendo una advertencia sobre la responsabilidad de los Estados frente a los refugiados y sobre el peligro de permitir que consideraciones políticas eclipsen la humanidad. Su historia continúa recordando que, en momentos de tensión global, la inacción también es una decisión política—y una que puede costar vidas.

lunes, 13 de abril de 2026

Stukas en la Guerra Civil y su servicio en la Legión Cóndor.

 

Junkers Ju-87 en la Guerra Civil y su servicio en la Legión Cóndor.


Ju 87 A y ju 87 B, las dos variantes del bombardero en picado utilizadas en al GCE

El 17 de julio de 1936, la República de España estalló en guerra civil. Las Fuerzas Armadas republicanas españolas se enfrentaban contra las tropas nacionalistas, un grupo de rebeldes liderado por el general Francisco Franco. Días después del inicio de las hostilidades, Hitler prometió apoyo de Alemania a sus compañeros fascistas en la península ibérica. Colectivamente, tanto las unidades terrestres como las de aviación enviadas en auxilio de Franco fueron conocidas como la Legión Cóndor. Dentro de los aviones enviados se hallaban los mejores y más modernos de la Luftwaffe entre los que se incluían el Junkers Ju 52, el Heinkel He 111 y el Messerschmidt Bf 109. En el caso del Junkers Ju 87 la oportunidad de probar su comportamiento en combate vino perfecta.

En la noche del 1 de agosto de 1936, un solo Ju 87A-0 (V4 prototipo) fue secretamente embarcado en el buque de pasajeros alemán Usaramo que rápidamente zarpó del puerto de Hamburgo. Para facilitar el secretismo de su envío, a este Ju 87A le fue asignado como número de serie el 29-1 y destinado al VJ/88, el experimental Staffel de la Legión Cóndor. Tras dejar Alemania, el Usaramo y su carga llegaron a Cádiz el 6 de agosto. En consonancia con el secreto de su despliegue e historial, muy poco se conoce hoy en día de la hoja de servicio del Stuka 29-1 en la guerra civil. Como ejemplo de esta circunstancia, expedientes alemanes revelan que el 29-1 fue pilotado por el oficial de vuelo Hermann Beuer participando en acción aérea en la batalla de Bilbao librada en junio de 1937. El avión regresó sin hacer ruido a Alemania. Más allá de esta muestra puntual, la mayor parte de la historia del Stuka 29-1 en la Légion Cóndor sigue siendo un misterio.

En enero de 1938, tres Ju 87A-1s llegaron a Vitoria. Estos tres A-1 provenían  de un Staffel basado en Barth. Siguiendo la correlación en la forma de designación  de su predecesor, el A-0, a este trío de aviones A-1 les fueron asignados los números de serie, 29-2, 29-3 y 29-4 y fueron pilotados, respectivamente, por los oficiales alemanes Ernst Bartels y Gerhard Weyert y Hermann Haas. Los tres aviones se incorporaron al ala del caza de la Legión Cóndor. Al mes siguiente, el grupo de Ju 87A-1 se trasladó a un aeródromo situado en la población de Calamocha,  al sur de Zaragoza. "Y desde allí," según el historiador John Weal, "los Ju 87s comenzaron a poner en práctica operacional lo que hasta ahora sólo había sido teoría". Por ejemplo, los pilotos de Stuka descubrieron rápidamente que el revestido tren de aterrizaje carenado de los  A-1 no acoplaba correctamente con la tierra suave y arenosa del aeródromo de Calamocha.


Una kette de Ju 87A en formación perfecta. El Ju 87A sirvió durante un tiempo limitado en la Legión Cóndor, la unidad aérea expedicionaria de la Luftwaffe enviada para apoyar a las fuerzas nacionalistas durante la Guerra Civil Española. Obsérvese el tren de aterrizaje con carenados muy voluminosos. Estos carenados se redujeron en las variantes posteriores del Stuka y, en algunos casos, se eliminaron por completo.

En consecuencia, se eliminaron las cubiertas de la ruedas. También, se demostró que la bomba de 500 kg destinada en un primer momento para equipar al Ju 87 A solo podía utilizarse si el asiento del artillero trasero estaba vacío. Posteriormente y por esta causa, la carga de la bomba se redujo a 250 kg. En marzo de 1938, el trío de Stukas 29-2, 29-3 y 29-4 llevó a cabo ataques de bombardeos en picado contra las fuerzas republicanas en retirada a través de Aragón. Sin embargo, estas primeras misiones de bombardeo – llevadas a cabo por pilotos novatos, operando con aviones todavía en desarrollo y usando tácticas experimentales – no siempre fueron exitosas. "En estos primeros días", dijo Weal, "los errores casi siempre superaban a los impactos directos por un margen substancial, pero sin embargo los pilotos aprendían su oficio. Y tal como nuevas tripulaciones procedentes de Alemania iban substituyendo a las tripulaciones originales en base a un turno rotatorio, un flujo constante de pilotos retornaban al Reich con una fuente inestimable de experiencia práctica".

Trasladados hacia posiciones más avanzadas, más concretamente en la base de La Cenia (al sur de la provincia de Tarragona), los Stukas proporcionaron apoyo aéreo para el ataque de los rebeldes en el frente de Valencia y la marcha de los nacionalistas hacia el mar Mediterráneo. En julio de 1938, las fuerzas republicanas lanzaron una contraofensiva a lo largo del río de Ebro pero ese contraataque republicano al final apenas consiguió ganancias, y la unidad de Ju 87 consiguió algunos éxitos impresionantes en las formaciones de tropas enemigas al sur de Mequinenza. Después de lograr éxitos más espectaculares en el tráfico marítimo enemigo en Tarragona y otros puertos del Mediterráneo, el grupo de Stukas A-1 regresó a Alemania en octubre de 1938.

En su lugar llegaron 5 Ju 87B-1, el último modelo de la serie y la primera variante diseñada para su producción en masa. Sin embargo, cuando estos B-1 llegaron en España, la Guerra Civil estaba ya en sus últimos estertores. Además, sus predecesores A-1 habían hecho un trabajo estelar atacando los republicanos, por lo que quedaban muy pocos objetivos específicos donde actuar. Sin embargo, estos Ju 87B-1s encontraron una nueva función acompañando en misiones de bombardeo a su hermano mayor, el Heinkel He-111. Estos cinco Stukas también entraron en acción durante las últimas semanas de la campaña de Madrid en 1939, pero fueron devueltos sin contemplaciones a Alemania antes de la declaración de victoria de los nacionalistas.

El primer Junkers Ju 87A 'Anton' en el aeródromo de La Virgen del Camino con el numeral 29-2.

La hoja de servicios del Stuka en la Guerra Civil proporcionó una experiencia invaluable para sus tripulaciones aéreas y para los equipos de tierra. Se probaron las capacidades del Stuka bajo condiciones de combate llevando a cabo in situ numerosas modificaciones en el avión y en sus tácticas aéreas. Sin embargo, los Stukas de la Legión Cóndor actuaron realmente sin ninguna oposición seria. La Luftwaffe y su superioridad aérea sobre los cielos de España y las dificultades mostradas por los republicanos fueron en el mejor de los casos insuficientes y crearon cierta sensación de superioridad. Así, mientras que los pilotos de Stuka tenían plena confianza en su equipamiento, el Ju 87 permanecía en cierto modo como avión no enfrentado contra aviones enemigos hostiles y contra defensas antiaéreas de envergadura.

viernes, 19 de diciembre de 2025

El escándalo Werner von Fritsch

 

El escándalo Werner von Fritsch: la caída del honor prusiano


General Werner von Fritsch en 1934

El escándalo que llevó a la destitución del general Werner von Fritsch en 1938 fue uno de los episodios más reveladores del proceso mediante el cual Adolf Hitler consolidó su control absoluto sobre el Ejército alemán. Bajo la apariencia de un caso moral y judicial, se escondía una maniobra política cuidadosamente calculada para someter a los mandos militares a la voluntad del Führer. El caso Fritsch no fue sólo la historia de una calumnia, sino también la del hundimiento de una casta militar que todavía soñaba con mantener su independencia frente al poder totalitario del Estado nazi.

Werner von Fritsch había nacido en 1880 en una familia aristocrática prusiana. Educado en la rígida disciplina del cuerpo de oficiales del Imperio, su carrera se desarrolló bajo los valores tradicionales del ejército alemán: honor, deber y obediencia. Tras la Primera Guerra Mundial, se mantuvo en la reducida Reichswehr de la República de Weimar, donde destacó por su profesionalismo y lealtad al código militar más que a cualquier ideología política. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Fritsch fue visto como un oficial de confianza, un hombre sin ambiciones políticas, ideal para garantizar la neutralidad del ejército frente al nuevo régimen. En 1934 fue nombrado comandante en jefe del Heer (el Ejército de Tierra), cargo desde el cual se convirtió en uno de los oficiales más influyentes de Alemania.

Sin embargo, la relación entre Hitler y los altos mandos del ejército nunca fue sencilla. Aunque ambos compartían el deseo de restaurar la grandeza militar de Alemania, sus objetivos divergían en cuanto a los tiempos y los métodos. Hitler aspiraba a una expansión rápida y agresiva, mientras que oficiales como Fritsch y el ministro de Guerra, el mariscal Werner von Blomberg, preferían una preparación más prudente. La tensión se hizo evidente en la célebre Conferencia Hossbach del 5 de noviembre de 1937, en la que Hitler reveló sus planes expansionistas para Austria y Checoslovaquia. Fritsch manifestó su desacuerdo, advirtiendo que el ejército no estaba preparado para una guerra de tal magnitud. Aquella oposición selló su destino. Hitler, que no toleraba la disidencia ni siquiera en sus aliados, decidió eliminar a los mandos que se interponían en su camino.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Churchill en Egipto

La visita de Churchill a Egipto en 1942

Winston S. Churchill con mienbros del Estado Mayor de las fuerza británicas en Egipto. 1942

La visita del primer ministro británico Winston S. Churchill a Egipto en agosto de 1942 fue uno de los momentos clave de la Segunda Guerra Mundial en el teatro mediterráneo. En un momento en que las fuerzas del Eje avanzaban peligrosamente hacia el Nilo, la presencia personal de Churchill respondió a la necesidad urgente de revisar el mando, evaluar la situación operativa y reafirmar la autoridad imperial británica en un territorio estratégico (Overy 1995, pp. 233-236).

A mediados de 1942, la campaña del Norte de África había alcanzado un punto de extrema vulnerabilidad para los Aliados. El avance del Afrika Korps de Erwin Rommel tras la batalla de Gazala y la caída de Tobruk en junio supusieron un golpe de enorme magnitud tanto militar como moral (Playfair 1966, pp. 259-264). Rommel empujó al Octavo Ejército británico hacia Egipto, obligándolo a establecer líneas defensivas cada vez más cerca de Alejandría. Churchill, consciente de que la pérdida del Canal de Suez podría fracturar las comunicaciones imperiales con el resto de Asia y el Pacífico, decidió viajar personalmente al frente (Churchill 1951, vol. IV, pp. 381-383).

Uno de los objetivos centrales de Churchill era revisar la estructura de mando en Oriente Medio. El general Claude Auchinleck, comandante en jefe del Mando de Oriente Medio, había logrado detener temporalmente a Rommel en la primera batalla de El-Alamein en julio de 1942, pero su estrategia defensiva y su ritmo operativo despertaron dudas en Londres (Barnett 1984, pp. 412-415). Churchill consideraba que Auchinleck había perdido autoridad sobre el Octavo Ejército y retrasaba innecesariamente la preparación de una ofensiva decisiva. Las tensiones entre el primer ministro y su comandante llevaban meses acumulándose (Smart 1998, pp. 169-171).

sábado, 6 de septiembre de 2025

México en la SGM 2º parte

 

México en la SGM

Proviene de México en la SGM 1ª parte

Coronel Antonio Cárdenas Rodríguez

Ningún buque de guerra mexicano participó en zonas de guerra activas fuera del Caribe, ni se desplegaron tropas mexicanas allí. Sin embargo, la Fuerza Aérea Mexicana contribuyó al esfuerzo bélico aliado. El coronel Antonio Cárdenas Rodríguez dirigió a 300 hombres a Estados Unidos para su entrenamiento en julio de 1944. Se dividieron en grupos más pequeños para su entrenamiento como pilotos y personal de tierra siendo equipado el escuadrón con el cazabombardero Republic P47. En febrero de 1945, fueron declarados listos para el combate y designados oficialmente como el 201º Escuadrón de Cazas Mexicano. Sigue siendo la única unidad mexicana en entrar en combate fuera de las fronteras de la República.

El Capitán de Primera Clase Radamés Gaxiola Andrade fue nombrado comandante del escuadrón, mientras que Rodríguez se desempeñó como comandante de la Fuerza Expedicionaria Mexicana. El Teniente Coronel Arthur W. Kellong lideró el grupo asesor norteamericano asignado al escuadrón.

jueves, 17 de abril de 2025

México en la Segunda Guerra Mundial 1º parte

 

México en la Segunda Guerra Mundial



Poster propagandístico mexicano de la Segunda Guerra Mundial

Cuando México declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón en mayo de 1942, el presidente mexicano Manuel Ávila Camacho ofreció enviar tropas mexicanas a combatir junto a Estados Unidos allí donde los norteamericanos desearan. Dada la merecida desconfianza del gobierno mexicano hacia su vecino del norte, se trató de un cambio radical, pero acorde con una década de política exterior mexicana. México tenía una orgullosa historia de activismo antifascista durante la década de 1930, asi por ejemplo, el gobierno mexicano proporcionó armas, dinero y aviones al bando republicano durante la Guerra Civil Española, y la Mexikoplatz de Viena recuerda que México fue uno de los dos únicos gobiernos extranjeros que condenaron el Anschluss de 1938. México también estuvo prácticamente solo en sus furiosas protestas por la invasión italiana de Etiopía y las acciones japonesas en Manchuria.

La oferta de Camacho se mantuvo firme hasta la primavera de 1944, cuando el presidente Franklin Roosevelt ordenó la formación de un escuadrón de la Fuerza Aérea Mexicana para operaciones en el extranjero. A diferencia de las fuerzas armadas brasileñas, las unidades del Ejército y la Armada de México no se desplegaron en zonas de combate, pero la oferta mexicana era genuina y las fuerzas mexicanas, tal como eran, estaban listas para combatir a los fascistas.

miércoles, 7 de febrero de 2024

Discurso de Mussolini del 10 de junio de 1940. Italia entra en guerra.

Discurso de Mussolini del 10 de junio de 1940


Mussolini en el balcón del Palazzo Venezia

El 1 de septiembre de 1939, tras el ataque alemán a Polonia el jefe de gobierno Benito Mussolini, a pesar del pacto de alianza firmado con Alemania declaró la no beligerancia italiana. La entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial se produjo en cambio tan solo nueve después tras una serie de actos formales y diplomáticos.

Durante los nueve meses de incertidumbre operativa, el Duce, impresionado por las deslumbrantes victorias alemanas pero consciente de la grave falta de preparación militar italiana permaneció inseguro ante las decisiones que debía tomar, oscilando entre la lealtad a su amistad con Adolf Hitler, el impulso a renunciar a su asfixiante alianza, el deseo de independencia táctica y estratégica, el ansia de victorias fáciles en el campo de batalla y el anhelo de convertirse en el factor de equilibrio en el tablero de la diplomacia europea.

jueves, 16 de noviembre de 2023

Acuerdos de la Conferencia de Yalta

 

Acuerdos de la Conferencia de Yalta (4/11 de febrero de 1945)

 


La Conferencia de Yalta en Crimea de los Jefes de Gobierno de los Estados Unidos de América, el Reino Unido y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, realizada entre los días 4 y 11 de febrero de 1945, ha finalizado con las siguientes conclusiones, aprobadas por los tres Jefes de Gobierno de las Tres Grandes potencias:

 

I. Organización Mundial

 

Se ha decidido:

Que una Conferencia de las Naciones Unidas sobre la propuesta organización mundial deberá reunirse el miércoles 25 de abril de 1945 y se efectuará en los Estados Unidos de América.

Las naciones invitadas a esa conferencia son:

jueves, 10 de mayo de 2018

Fuerzas armadas danesas y noruegas antes de la invasión de 1940

Fuerzas armadas danesas

En 1937 era evidente que el Gobierno danés estaba necesitado de al menos una fuerza militar fuerte capaz de disuadir las intenciones beligerantes de su vecino del sur. La ley de defensa de ese mismo año amplió el pequeño ejército, estableciendo un cuartel general, dos divisiones - uno para Jutlandia y otra en Zelanda - y la guarnición de Bornholm; reestructuró las Fuerzas Aereas; y estableció unidades antiaérea, de ingenieros y de transporte.


Tropas danesas en Bredevad en la mañana del ataque alemán. 

Las dos divisiones ascendían a siete regimientos de infantería, dos de caballería, los Life Guards (guardia del palacio del rey) y tres regimientos de artillería de campaña, además de unidades de apoyo. Sin embargo, los regimientos realmente disponían de poco personal administrativo responsable del entrenamiento de los 6.600 reclutas de cada año; en consecuencia, estaban muy por debajo de su fuerza nominal. Las dos divisiones estaban apoyadas por el servicio de aviación del ejército (Haerens Flyvertropper, o tropas de aviación del ejército) que constaba de dos escuadrones de caza, equipados con biplanos Gloster Gauntlet y nuevo monoplano Fokker D.XXI así como dos biplanos de Fokker C.V de observación. Toda la Fuerza aérea se hallaba en la base situada en el aeródromo de Vaerlose, cerca de Copenhague.

La Marina danesa se encontraba en la base naval de Copenhague y tenía 1.500 hombres enrolados en 58 barcos, la mayoría de ellos antiguos y obsoletos. Los buques de guerra más importantes eran dos viejas naves de defensa costera. Tres pequeñas lanchas torpederas completadas a principios de los años 30 eran los buques más modernos así como cuatro nuevos, aunque pequeños, submarinos. La Marina tenía su propio servicio aéreo (Marinen Flyvevasesenets o servicio aéreo naval) compuesto por dos unidades tamaño escuadrón o luftflotilles, uno de los antiguos hidroaviones Heinkel H.E.8 con sede en Copenhague y una unidad de combate con anticuados biplanos Hawker Nimrod MK. II en Avno.

Fuerzas armadas noruegas

Habiendo surgido de su unión con Suecia en 1905, Noruega era un país escasamente poblado, con pocos recursos y sin una verdadera tradición marcial o naval. Por lo tanto la nación adoptó el concepto del ejército territorial, utilizando los reservistas entrenados para llenar sus filas.

El país fue dividido en seis distritos militares, con sede en Halden, Oslo, Kristiansand, Bergen, Trondheim y Harstad; cada uno organizaba la movilización de una división. Las divisiones noruegas eran formaciones de infantería compuestas por personal de estado mayor, dos o tres regimientos de infantería y un regimiento de artillería o un batallón de artillería de montaña. No poseyeron elementos acorazados o armas antitanque ya que se creía el terreno accidentado impedirían cualquier operación mecanizada.

Los regimientos de infantería tenían una fuerza de 3.750 hombres apoyados por orgánicos batallones de ametralladoras. Los regimientos de caballería montada o compañías de exploración en bicicleta o esquís eran utilizados para el reconocimiento. Obuses de 120mm Konigsberg tirados por caballos y cañones de campaña 75mm Ehrhardt brindaban el apoyo de artillería.

Observando de forma rápida que el avión podría superar las grandes distancias involucradas en la defensa de la nación, el Haeerens Flyvevapen (servicio aéreo del ejército) se convirtió en una fuerza de cooperación eficaz con el ejército usando obsoletos biplanos Fokker C.V. Se organizaron en tres escuadrillas de reconocimiento' (llamadas Speidevingen) ubicados en Noruega central, norte y sur.


La fuerza aérea noruega disponible para enfrentarse al asalto aéreo alemán solo disponía de un único escuadrón de biplanos Gloster Gladiator basados en el aeródromo de Fornebu, lógico objetivo principal de la operación de ataque aéreo de la Luftwaffe.

Además, para defender la capital, el Haeerens Flyvevapen tenía una unidad de cazas monomotores (Jagervingen o vuelo de combate) con nueve biplanos Gloster Gladiator basados en el aeródromo Fornebu, cerca de Oslo. Aparte existía una unidad de bombardero ligero (Bombervingen o vuelo del bombardero) recientemente formada con cuatro bimotores bombarderos Caproni Ca.310 y ocho Fokker C.V-Es. Por lo general tenia la base en Kjeller, cerca de Oslo, sin embargo esta unidad fue desplegada al nuevo y moderno aerodromo de Sola, en Stavanger.

La Armada noruega era una pequeña fuerza naval construida con la misión de defender los puertos más importantes, enclavados a lo largo de la extensa costa. Las naves más potentemente armadas eran un par de antiguos buques de defensa costera (construidos antes de 1900), Norge y Eidsvold (4.166 toneladas), armados con dos cañones de 210 mm en proa y popa, y 6 cañones de 150 mm como armamento secundario así como ocho cañones de 76 mm. Estos buques fueron enviados a Narvik con las primeras sospechas de invasión alemana.


Los noruegos disponían de siete destructores, pequeños pero capaces, vistos aquí en maniobras. Esta foto, publicada por el servicio de información noruego mostraba la fuerza de su armada, fue enviada a los medios de comunicación británicos la mañana que los alemanes estaban invadiendo el país

Los pequeños siete destructores de la Marina - cuatro de ellos, modernos buques de 597 tn. armados con tres cañones de 4 pulgadas, uno de 40 mm y dos tubos lanzatorpedos - fueron dispersados entre Oslo y Narvik. Para ocupar los vacios se utilizaron 17 barcos torpederos de la I Guerra Mundial, nueve pequeños submarinos costeros, ocho dragaminas, diez minadores y nueve barcos de patrulla. Además se utilizaron 49 barcas requisadas en servicio como patrulleros.

Para ayudar a cubrir el extenso litoral de Noruega, la fuerza aeronaval (Marinens Flyvevapen o servicio aéreo naval) tenía tres unidades tamaño escuadrón basadas en Horton (la principal base naval cerca de Oslo), Bergen y Tromso. Estas unidades estaban equipadas principalmente con los autóctonos biplanos de reconocimiento Hover M.F.11 y el nuevo torpedero bimotor Heinkel He 115A. Con estas unidades la Marinens Flyvevapen realizó frecuentes patrullas de largo alcance sobre las aguas territoriales noruegas e incluso por el mar del norte, buscando en vano respetar la preciosa pero tenue neutralidad de Noruega.

martes, 8 de mayo de 2018

La formación del Ejército Rojo

La formación del Ejército Rojo



Trosky, creador del Ejercito Rojo.

El ejercito surgido tras la revolución bolchevique, llamado Ejército Rojo de los Trabajadores y Campesinos, en ruso Raboche Krest'ianskaia Krasnaia Armiia, RKKA, sorprendentemente, empezó casi como Lenin había previsto. Basado en destacamentos de guardias rojos, la primera fuerza militar de los bolcheviques estaba compuesta en su totalidad por voluntarios pertenecientes a la clase obrera decididos a defender la revolución. Enseguida se hizo evidente que para incluso el más idealista de los revolucionarios, grupos armados de guardias rojos no constituían un ejército propiamente dicho, por muy voluntarios y voluntariosos que fueran. Las autoridades civiles también se dieron cuenta rápidamente de que las tareas a realizar por dicha fuerza, como preservar un estado amenazado por movimientos de independencia y  la defensa del incipiente Gobierno bolchevique de una contrarrevolucionaria guerra civil y de una intervención extranjera, requerían un ejército real y todo aquello que se exigía de él. Ante esta necesidad, en marzo de 1918 Lenin asignó a León Trotsky la tarea de crear un verdadero ejército.

De forma inteligente Trotsky abandonó la mayor parte de sus preconcebidos y utópicos conceptos marxistas de lo que un ejército debía ser y comenzó inmediatamente a formar una fuerza armada según los cánones tradicionales. Se incluyó la creación de una jerarquía entre los oficiales y la tropa así como disposiciones para la organización y disciplina militar. Inicialmente el reclutamiento estaba limitado a la clase obrera, pero esta circunstancia enseguida se vio insuficiente y las puertas se abrieron a todos los interesados salvo campesinos ricos, clero, burguesía y con excepciones, a la nobleza. La creación propiamente dicha del ejército de forma voluntaria también se produjo rápidamente; el régimen instituyó el reclutamiento a principios de 1918. El aspecto más controvertido del nuevo ejército de Trotsky fue la confianza mostrada hacia los antiguos oficiales zaristas para instruir e incluso liderar las unidades del recién formado Ejército Rojo. Tal dependencia del denostado enemigo de clase constituyó gran reprobación por una amplia parte del conjunto bolchevique causando gran agitación en el partido. Este ejército, que llegó a tener casi 5 millones de hombres en su pico máximo, luchó con éxito en la guerra civil consiguiendo preservar el estado bajo el dominio bolchevique, aunque sin restaurar las fronteras rusas anteriores a 1941.



Primeros años del ejercito soviético

La desmovilización del Ejército Rojo comenzó a finales de 1920 y reanudó el debate sobre la forma que tomaría las fuerzas armadas durante los periodos de paz. Una vez más, los idealistas marxistas resucitaron el concepto de Ejército de Ciudadanos pero fueron desafiados por aquellos bolcheviques deseosos de un ejército profesional permanente. Al final se llegó a una solución de compromiso. En 1921, el partido aceptó la necesidad de un ejército permanente, pero insistió en que la mayor parte de la fuerza militar del país residiera en la reserva, es decir, el ejército de ciudadanos. De esta forma, esta contingencia fue vista de forma diferente por los dos bandos opuestos: los idealistas socialistas aceptaron el ejército permanente como mal necesario, pero temporal, esperando que una vez que se lograran las condiciones para instaurar el verdadero socialismo,  el ejército permanente desaparecería. Los partidarios de un gran y estable ejército admitieron un pequeño ejército activo y una milicia territorial de gran magnitud como un parche transitorio hasta que finalmente la situación diese lugar a un ejército permanente de gran tamaño y una pequeña reserva, hecho que se produciría una vez que la economía fuese lo suficientemente fuerte para mantener dicha fuerza.

El partido comunista todavía insistió en que el ejército permanente reflejara los ideales revolucionarios que guiaron la transformación de la sociedad civil por el partido. No debía ser una réplica del antiguo ejército zarista. Honestamente, los lideres políticos y militares, a pesar del abandono de un principio fundamental de la filosofía socialista, intentaron crear un ejército con nuevos tipos de relaciones entre oficiales y tropa, medidas disciplinarias, doctrinas de guerra y una calidad de vida muy mejorada de los soldados en claro contraste con el imperial ejército ruso. El régimen bolchevique creía que su ejército podría ser una herramienta de transformación social para las masas. Algunos teóricos militares incluso creyeron que el socialismo sería la base de un nuevo método de guerra. Sin embargo, con el paso de los años fue disminuyendo el idealismo ortodoxo y ya en 1941 el Ejército Rojo en muchos sentidos, intencionalmente o sin querer, se asemejaba al tan denigrado y calumniado ejército imperial zarista.




La historia de los inicios del Ejército Rojo es la historia de los intentos del régimen soviético de crear un ejército que no sólo tratara correctamente a sus soldados, sino también tratara de elevar su conciencia socio-política. Es la historia de tal vez el primer ejército político del mundo, en el sentido de que la cúpula del Ejército Rojo tomaba decisiones militares transcendentales compartiendo la responsabilidad con un partido político. Los valores del partido comunista así se entrelazaron con las directrices militares, volviéndose ambos prácticamente indistinguibles. Esta unión entre partido y ejército parecía lógico y necesaria para el partido y nunca fue seriamente desafiada por el ejército, sin embargo, resultó ser el origen de algunas de la debilidades de las fuerzas armadas soviéticas mostradas durante la Segunda Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial mostró al Ejército Rojo en su punto más bajo y también en su nivel más alto de eficacia. La guerra comenzó con la invasión alemana y las derrotas sufridas por el Ejército rojo y terminó con la conquista soviética de Europa Oriental demostrando la valía de las fuerzas soviéticas. Entre un extremo y el otro, el Ejército Rojo comenzó utilizando muchas de las prácticas llevadas a cabo durante la Guerra Civil pagando un alto precio en vidas y material, pero también se fueron desarrollando nuevas formas de actuar que promovían la cohesión y la moral. El liderazgo del ejército fue madurando bajo condiciones de combate en cada ocasión. La sociedad soviética temporalmente estuvo en comunión total con el ejército tal y como previó Lenin en 1917, y así el ejército eventualmente se convirtió en una institución confiable y respetada por la mayoría de la población, sin embargo, ese sentimiento no se sabe con exactitud si se debe a la propia concepción de un ejército politizado o a la necesidad de combatir a un enemigo despiadado e invasor del país que provocó que volvieran a rescatarse valores más propios de tiempos de antaño, como el patriotismo. Solo hace falta indicar que la Segunda Guerra Mundial, en la URSS se denominó Gran Guerra Patriótica.

miércoles, 25 de abril de 2018

Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana (RSI)

Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana (RSI)

Las Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana fueron oficialmente formadas el 28 de octubre de 1943, para defender el nuevo estado de enemigos exteriores e interiores. Previamente a esta fecha, unidades fieles a Mussolini ya habían declarado su lealtad al nuevo régimen, así como otras formaciones también informaron claramente a los alemanes que se hallaban preparadas para combatir en el mismo bando. Además de una pequeña fuerza aérea y naval, las tropas terrestres formadas en la RSI pertenecían a tres organizaciones básicas.

El Esercito Nazionale Repubblicano (ENR) fue creado a partir de cuatro divisiones con un número considerable de pequeñas unidades autónomas. La antigua Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale o MVSN, es decir, la milicia fascista de las "Camisas Negras" fue reemplazada por la Guardia Nazionale Repubblicana (GNR) siguiendo con la función de mantener la seguridad interior ante la amenaza partisana. Cuando se observó que la actividad resistente aumentó considerablemente, se decidió que todos los miembros del partido fascista útiles ingresaran en las recién formadas Brigate Nere o Brigadas Negras para así unirse en la lucha contra los grupos de resistencia.

Esercito Nazionale Repubblicano.


Soldados del Esercito Nazionale Repubblicano.

Las fuerzas creadas en el recién estado fascista italiano eran una mezcla de unidades regulares e irregulares. Cuatro divisiones regulares, reclutadas entre el gran número de soldados internados por los alemanes en el momento de la rendición italiana a los aliados, fueron entrenadas en Alemania; concretamente la 1ª División Alpina "Monterosa", la 2ª División de Infantería "Littorio", 3ª División de Marina "San Marco" y la 4ª División de Bersaglieri "Italia". Estas unidades formaron el núcleo del Ejército de la RSI junto con un considerable número de unidades autónomas, las cuales debido a las caóticas condiciones presentes en Italia a finales de 1943 fueron realmente reclutadas de forma local por oficiales que seguían siendo leales a Mussolini.

Además de las unidades de la RSI presentes en Italia, existían formaciones italiana proalemanas continuando sus tareas de ocupación en los Balcanes y en el sur de Francia. La mayoría de estas unidades estaban constituidas por elementos de las MVSN que habían elegido combatir al lado de los alemanes o bien habían sido coaccionados a hacerlo. También quedaban cinco batallones en los puertos del Báltico así como el 83º Hospital de Campaña en el frente oriental.

La principal misión de las formaciones del Esercito Nazionale Repubblicano durante su relativa corta existencia fue la lucha contra los grupos partisanos. Raramente fueron utilizadas para combatir contra los aliados en su avance a través de la península, si bien cuando las unidades del ENR fueron empleadas en esta tarea, normalmente tuvieron un buen comportamiento, tal vez porque eran sabedores que si demostraban signos de cobardía podrían fácilmente acabar delante de un pelotón de fusilamiento.

Guardia Nazionale Repubblicana.


Tropas de la Guardia Nazionale Repubblicana desfilando en al plaza del Duomo, Milan

La Guardia Nacional Republicana fue formada en diciembre de 1943 como una nueva milicia fascista que reemplazara a la antigua MVSN. Los voluntarios procedían de ramas del antiguo Resio Esercito así como de los Carabinieri y del PAI (Polizia dell'Africa italiana) y como era de esperar de antiguos miembros del MSVN que permanecían leales a Mussolini. La GNR de hecho fue el cuerpo policial del nuevo estado y alcanzó de forma global el nada despreciable número de alrededor de 80.000 integrantes. Su principal tarea fue, al igual que el Esercito Nazionale Repubblicano, el combate contra la lucha partisana y por ello sus miembros se vieron envueltos en operaciones para intentar controlar la cada vez mayor resistencia a los alemanes y a sus aliados italianos.

Al igual que el MVSN, las unidades de la Guardia Nazionale Repubblicana tenían la responsabilidad de proteger específicos objetivos estratégicos que incluían nueve líneas férreas, dos puertos, 29 líneas postales y telegráficas y cinco fronteras. Disponía de ocho Legiones Forestales para la lucha antipartisana de las cuales una de ellas operó contra los partisanos eslovenos además de cinco Batallones de Defensa Territorial.

La GNR incorporó unidades de combate que incluían a un batallón paracaidista y el Grupo Acorazado "Leonesa", en realidad, esta última formación fue una de las mayores de las fuerzas armadas de la RSI. Disponía de 35 carros medios M13/40, cuatro cañones autopropulsados Semovente, 18 autoametralladoras AB41 y 16 tanquetas CV33, así como varias unidades de distintos coches de reconocimiento. Salvo las AB41 y los Semoventi, el resto de vehículos de combate se hallaba obsoletos, incluso, la tanquetas eran del mismo modelo que fue ampliamente destruido en las etapas iniciales de la guerra en el desierto, en 1940 en Libia.

Brigate Nere.


 Cartel de propaganda y reclutamiento de las Brigadas Negras.

Las Brigate Nere o Brigadas Negras se formaron en junio de 1944 como la rama armada del nuevo Partido Fascista de la RSI para apoyar al GNR en su lucha contra la amenaza creciente de los partisanos. Todos los miembros del partido entre los 18 años, oficialmente, que no estuvieran ya enlistados en cualquier otro cuerpo armado eran susceptibles de ingresar en las unidades locales de este Corpo Ausiliario delle Squadre d'Azzione delle Camice Nere, variando en tamaño desde unos pocos centenares de integrantes hasta algunos miles. Estas unidades locales formaron a continuación 53 grandes formaciones denominadas Brigate Nere, cada una bautizada con el nombre de un mártir de la causa fascista.

La mayoría de sus miembros eran fascistas convencidos provenientes del partido tanto de los primeros camisas negras de los años 20 que vieron el ascenso de Mussolini al poder como jóvenes idealistas que no habían conocido ninguna forma de gobierno distinta al fascismo. Alcanzado una fuerza global de 30.000 hombres, las Brigadas Negras eran fanáticamente leales. A diferencia de las primeras organizaciones como la milicia MVSN donde al principio ingresaron un gran número de "fascistas interesados" movidos solo por motivos de oportunidad, el núcleo duro de las Brigadas Negras estaba dedicado en cuerpo y alma a la causa fascista, y así sus números probablemente sean un reflejo real de la sociedad que incondicionalmente apoyaba al régimen.


Los integrantes de las Brigate Nere proporcionaron la principal fuerza antipartisana en muchas regiones, ganándose con sus actos una reputación de brutales combatientes. Al sentirse entre la espada y la pared y con sus futuros inciertos, fueron responsables de atrocidades y la muchos de ellos pagaron con su vida el último precio de la derrota.