jueves, 30 de noviembre de 2017

Almirante Bertram Ramsay (1883-1945)

Almirante Bertram Ramsay (1883-1945)



Bertram Home Ramsay nació el 20 de enero de 1883 en Hampton Court Palace como hijo de un oficial del 4º de Húsares (Queen's Own). Comenzó su vida en la marina en 1898 en el HMS Britannia graduándose en 1899 para ingresar en el HMS Crescent como guardiamarina. Posteriormente estuvo destinado en diversos barcos, así como en la brigada naval durante la Expedición a Somalia de 1903-04, antes de especializarse como oficial de transmisiones. Por ello ocupó el puesto de flag lieutenant, es decir, ayuda de campo del almirante en las flotas del Mediterráneo y del Atlántico. En 1913 ingresó como oficial de Estado Mayor sirviendo en el 4º Escuadrón de Batalla de la Gran Flota en el momento del estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Su primer mando fue el monitor M.25 con base en Dover, su segundo destino, el destructor HMS Broke que formó parte de la famosa Patrulla Dover.

Tras la guerra ocupó diversos destinos, tanto en mar al mando de navíos o como en tierra como instructor en el Royal Naval War College y en el Imperial Defence College. En 1935 alcanza el grado de flag Rank, es decir, asciende a un rango superior al de Captain pasando a ser jefe de estado mayor del comandante en jefe de la Home Fleet; Sir Roger Backhouse. Ramsay abogaba por un descentralizado sistema de estado mayor, con la cúpula controlando solamente los aspectos imprescindibles. Sin embargo, Backhouse era un centralizador nato que rechazaba delegar cualquier asunto de importancia a nadie, incluso a su jefe de estado mayor. Las relaciones entre los dos hombres se deterioraron con flujo constante hasta que Ramsay pidió ser relevado en diciembre de 1935 pasando a la reserva al año siguiente.

La situación internacional empeorando dia a dia llevó a las autoridades navales a volver a llamar a Ramsay al servicio y ser nombrado comandante del sector naval de Dover en agosto de 1939 y cuya máxima responsabilidad era negar el paso al enemigo por el Canal de la Mancha así como proteger los convoyes. En mayo de 1940, Ramsay se puso al frente de la Operación Dinamo, la evacuación de la fuerza expedicionaria británica desde Dunkerque. La presión sobre Ramsay y su estado mayor era inmensa, pero su firme control y eficiencia aseguró que esta arriesgada operación fuera llevada a cabo con la soltura que las circunstancias permitían. Por estos esfuerzos, a Ramsay le fue concedida la KCB, es decir, Caballero Comendador de la  Orden del Baño.

Durante dos años más, Ramsay continuó sus esfuerzos en conseguir un Canal libre de actividad enemiga, enfrentándose a ataques aéreos, raids llevados a cabo por fuerzas costeras y bombardeos de larga distancia. Su éxito fue tal que raramente los convoyes fueron interrumpidos por acciones enemigas. En abril de 1942, Ramsay fue nombrado Comandante en Jefe naval para la Operación Torch, los desembarcos aliados en el norte de África. Sin embargo hubo objeciones a dicho nombramiento, cuestionando la decisión de situar al mando de una gran fuerza nava a un contraalmirante proveniente de la reserva, y por ello Ramsay paso a ser el segundo del almirante Sir Andrew Cunningham.

El siguiente año, Ramsay siguió trabajando bajo Cunningham preparando la invasión de Sicilia especializándose en guerra anfibia; allí fue nombrado comandante naval de la Eastern Task Force, encargada de llevar a cabo los desembarcos del sector británico. En esta operación Ramsay tuvo la responsabilidad de un total de 795 unidades navales que realizaron sus desembarcos entre Cabo Pasero y Cassibile, al sur de Siracusa. La recompensa por su buena actuación no solo fue la concesión de KBE, Caballero de la Orden del Imperio, sino pasar a la lista activa como vicealmirante, seguida inmediatamente del ascenso a almirante. Tras el Mediterráneo, Ramsay fue el Comandante en Jefe Naval Aliado para la Operación Overlord dependiendo directamente de Eisenhower y teniendo como colaboradores al contralmirante A. G. Kirk ( comandante de la fuerza naval occidental) y a Philip Vian (fuerza naval oriental),  donde realizó un gran trabajo, sin embargo no pudo ver el final de la guerra en Europa ya que falleció el 2 de enero de 1945 tras estrellarse su avión al despegar cuando se dirigía a Amberes para reunirse con Montgomery.


Almirante Ramsay, 2º por la izquierda de la fila posterior, junto con los grandes protagonistas de la Operación Overlord.


El plan naval para Overlord era inmensamente complejo, Las armadas aliadas fueron requeridas no solo para transportar las divisiones de asalto y sus refuerzos, sino también abrir caminos entre las zonas minadas, bombardear la costa, proporcionar protección contra ataques por parte de unidades navales y/o aéreas así como limpiar los puertos ocupados anteriormente por el enemigo. Toda esta magnitud de tareas involucró alrededor de 4.000 navíos de todos los tipos, así como los componentes de los puertos artificiales Mulberry. El flujo constante y apenas sin contratiempos de hombres y equipo hacia las cabezas de playa fue una señal evidente del éxito de la operación en su conjunto. Que la invasión de Francia acabara en triunfo fue debido en gran parte al sentido común de Ramsay, a su tacto y a su espíritu de equipo.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental I

Prisioneros de guerra en el Frente Oriental.

Soviéticos en Alemania.



Improvisado campo de prisioneros soviéticos 


La guerra entre la Alemania nazi y la URSS (1941-45) fue de lejos la más atroz y brutal de todas las acaecidas durante el siglo XX. Alentada por un antagonismo ideológico irreconciliable, la enorme crueldad en el frente se trasladó sin paliativos al tratamiento que ambos bandos otorgaron a los prisioneros de guerra. De los 5,7 millones de soldados soviéticos capturados, alrededor de 3,3 millones murieron en los campos alemanes; una bárbara proporción de mortalidad del 57%. Comparando esta cifra con el ratio de mortalidad entre prisioneros de guerra británicos y americanos que se sitúa entre un 3,5 % y un 5,1% aún ofrece una visión más dramática. Por el otro bando, un tercio de los 3 millones de soldados alemanes y austriacos que pasaron al cautiverio también perecieron. A los aliados de Alemania, la situación no les fue en absoluto diferente, 2 millones de soldados principalmente rumanos, húngaros checoslovacos e italianos fueron hechos prisioneros sufriendo un ratio de mortalidad similar a sus compañeros germanos. En los campos de prisioneros soviéticos y alemanes, las condiciones de vida de aquellos que fueron obligados a años de duro trabajo fueron casi insoportables. Frente a esta perspectiva, muchos soldados de ambos bandos decidieron luchar hasta el final, en lugar de renunciar al combate, intensificando y prolongando de esta manera la que ya era una guerra salvaje.

A primeras horas del 22 de junio de 1941, las fuerzas armadas de Alemania y sus aliados invadieron la Unión Soviética. Tomado por sorpresa, el Ejército Rojo solo ofreció esporádica resistencia en las fases iniciales de la campaña. Así, solo durante la primera semana de julio, el ejército alemán cercó y capturó cerca de 320.000 soldados soviéticos en Minsk y Biasystok. Con el avance posterior hacia el este, continuó la captura de gran número de tropas enemigas, sobre todo en las bolsas de Smolensk, Kiev y Bryansk. Cuando en diciembre d e1941, la Wehrmacht detuvo su avance ante las afueras de Moscú, aproximadamente 3,2 millones de soldados soviéticos habian pasado a la cautividad; en febrero de 1942 dos millones  de ellos habian perecido. Esta masiva mortalidad fue premeditada. Antes del ataque alemán, en marzo de 1941, Hitler relevó a sus tropas de la lealtad al tradicional código de honor militar: "Los comunistas, del primero al último, no son camaradas. Esta va a ser una guerra de exterminio". Y a pesar de ocasionales críticas, la Wehrmacht generalmente acató con estas premisas genocidas.

Debido a esta circunstancia, muchos soldados soviéticos fueron asesinados inmediatamente después de su captura, ya que si se cumplían las ordenes, los comisarios políticos debían ser fusilados en el acto y otros, especialmente los soldados judíos, debían ser entregados a los escuadrones de ejecución de las SS. Desnutridos y susceptibles de ser fusilados si eran físicamente incapaces de continuar, decenas de miles de soldados capturados perecieron durante las interminables marchas desde el frente a los campos de prisioneros en Polonia y Alemania. Cuando al fin pudieron llegar a su lugar de destino, se encontraron en la mayoría de los casos en que los campos están prácticamente desprovistos de cualquier edificación salvo un campo estéril rodeado de alambradas. En muchísimos casos para dormir, los prisioneros debieron cavar hoyos en la tierra. Sin instalaciones sanitarias, estos "campamentos" pronto se convirtieron en caldo de cultivo para el tifus y la disentería. La llegada del invierno acentuó aún más las deplorables condiciones de los prisioneros en sus refugios improvisados. La causa más común de muerte entre los prisioneros de guerra en aquel momento, sin embargo, no fue la congelación sino el hambre. Para mantener el suministro de alimentos a sus propias tropas y a la población civil alemana, los dirigentes del Tercer Reich decidieron inducir una eliminación "natural" de los prisioneros rusos, considerados como "infrahumanos" y bocas inútiles de alimentar. Incluso algunos prisioneros de guerra soviéticos se convirtieron en las primeras víctimas de las cámaras de gas instaladas en campos de concentración, incluido Auschwitz. De forma notoria, el tratamiento hacia los prisioneros de guerra soviéticos en 1941 – 1942 estaba acorde con la línea argumental diseñada por los nazis  de una guerra de conquista y exterminio con matices racistas en la que no existían reglas, ni legales ni éticas.



A principios de 1942, aumentó la presión por parte de las autoridades para hacer uso de los prisioneros de guerra como mano de obra en sectores industriales y agrícolas. En un principio y pensando en victorias rápidas y contundentes, la dirección de guerra alemana había planeado inicialmente desmovilizar a gran parte de la Wehrmacht con el fin de crear un fuerza de mano de obra encaminada a la industria bélica. Sin embargo cuando el avance se estancó, la desmovilización se convirtió en imposible. Por el contrario y con fines de suplir esa carencia, un primer contingente de 400.000 presos soviéticos fueron obligados a trabajar en áreas tales como la construcción de carreteras y la minería. Para cumplir con el trabajo físico se requería una fuerza de trabajo saludable, y esta circunstancia llevó a una gradual mejora de las condiciones de vida de los presos. En la primavera de 1942, la tasa de mortalidad en los campos de prisioneros de guerra comenzó a caer, si bien, esta situación no fue en su totalidad debida a la repentina benevolencia alemana: en esos momentos, muchos prisioneros ya habían muerto por lo que la asignación de alimentos llegó a ser suficiente para los supervivientes. De todas formas, no fue hasta julio de 1944 cuando el suministro de alimentos para los presos soviéticos alcanzó un nivel comparable al de los otros prisioneros de guerra cautivos en territorio nazi; británicos y norteamericanos.


Además de trabajo, para los presos soviéticos ingresar en las filas del ejército alemán fue otra forma de sobrevivir. En 1942, la SS y la Wehrmacht comenzaron a reclutar voluntarios entre los prisioneros de guerra. Apelando al sentimiento anticomunista y a la voluntad de sobrevivir entre los prisioneros, estos esfuerzos tuvieron éxito. Decenas de miles de antiguos soldados soviéticos sirvieron en batallones especiales bajo el mando de oficiales alemanes, así como dentro del ejército del Teniente General Andrei Vlasov, un ex comandante del Ejército Rojo que cambió de bando, y en batallones de trabajo alemanes. El número total de expresos soviéticos que formaron parte de las fuerzas armadas alemanas es desconocido, pero algunas estimaciones van desde los 250.000 hombres hasta aproximadamente 1 millón. Los restantes prisioneros de guerra formaron parte del gigantesco contingente de mano de obra forzada, diríase esclavizada, que sostuvo el sector industrial del Tercer Reich en los últimos años de la guerra. Sus condiciones de vida seguían siendo muy duras, por lo que 1,3 millones de prisioneros perecieron en cautiverio alemán entre 1942 y 1945. Paradójicamente y a pesar de la victoria aliada, las penurias de muchos presos soviéticos no acabaron con el fin de la guerra. De aproximadamente 1,8 millones de presos finalmente repatriados a la URSS, 150.000 fueron condenados a seis años de trabajos forzados por "ayudar al enemigo", y casi todos los demás experimentaron la hostilidad engendrada por la infame Orden 270 emitida por el líder soviético Josef Stalin, que señalaba a todos los soldados del Ejército Rojo capturados por el enemigo como "traidores a la patria".

Continúa en Prisioneros de guerra en el frente oriental II

martes, 28 de noviembre de 2017

Batalla de Bir Hacheim III

Batalla de Bir Hacheim 

Proviene de Batalla de Bir Hacheim II


Mapa detallado de la poscion fortificada de Bir Hacheim.


Dentro de la caja de Bir Hacheim la situación poco a poco comenzaba a ser crítica. El perímetro de la zona defensiva fue reduciéndose rápidamente cada vez que las trincheras francesas y los emplazamientos de los cañones fueron invadidos por los alemanes en cada nuevo asalto. Los hombres de Koenig permanecían en combate de forma ininterrumpida desde el inicio de la batalla el 27 de mayo y lógicamente con las fuerzas muy menguadas. Cada vez que una de las posiciones defensivas ocupadas por las valientes tropas coloniales del Chad y el Congo era abandonada ya que estos valientes soldados eran obligados a retirarse, grupos de legionarios ocupaban su lugar intentando cerrar las brechas. La moral de los soldados franceses seguía siendo notablemente alta al saber que estaban luchando por su vida y por el honor de Francia y además, tenían los ojos del mundo observando su heroica lucha. Las municiones y los suministros se agotaban, los servicios sanitarios estaban muy sobresaturados y el reabastecimiento por unidades de la 7ª Brigada Motorizada que fue capaz de atravesar el anillo de Eje alrededor de la posición estaba convirtiéndose en imposible. Sin ningún relevo y sin nuevos suministros, fue evidente a todos que el final del box de Bir Hacheim estaba cerca.

Al día siguiente, 10 de junio, Ritchie decidió la retirada de la guarnición durante la próxima noche. Los planes de hecho ya estaban en marcha, Messervy había hablado con Koenig el día anterior y le aconsejaba que ya era hora de partir. Koenig pidió que los transportes se acercasen lo máximo posible para que los heridos pudieran ser evacuados, pero la evacuación no pudo ser realizada esa noche por lo que se pospuso para la siguiente.



La dotación de un cañón antitanque italiano de la 101ª División Motorizada 'Trieste' observan el bombardeo de los franceses en Bir Hacheim por aviones en picado alemanes a principio de junio de 1942.

En esos momentos Rommel ya estaba desesperado. Se trasladó a Bir Hacheim y tomó el control directo del que esperaba que fuera el asalto final. A lo largo de ese día, grupos de infantería motorizada atacaron una vez más a través de los campos minados, defensas de alambre y cañones con el fin de expulsar a los franceses. Por la tarde la Luftwaffe realizó el bombardeo más intenso de todos sobre el perímetro ocupado por los hombres de Koenig. Cuando la luz del día se desvaneció los cañones y morteros comenzaron a disparar las últimas de sus granadas y la infantería colonial y los legionarios rechazaron asaltos desesperados de los alemanes, combate cuerpo a cuerpo, casi fanáticos. El enemigo estaba cerrando la lucha final; era hora de irse.

Los ingenieros franceses comenzaron a despejar una brecha a través de su propio campo de minas para abrir una vía de escape, posteriormente todos los transportes disponibles fueron cargados con los heridos y preparados para la salida. Dos compañías fueron designadas para permanecer ene retaguardia y mantener contacto con el enemigo con el fin de enmascarar la retirada. Fue en ese momento cuando tras la pasar la contraseña a todas las filas, comenzó el proceso de retirada. No fue una tarea fácil, pero se realizó una evacuación disciplinada, aunque no ausente de peligro y problemas. Tras un periodo de tiempo, los alemanes se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y comenzaron a ametrallar y lanzar proyectiles de mortero el área occidental del box. Se lanzaron bengalas en el cielo nocturno iluminado el aire del desierto en busca de la ruta de retirada de los franceses. Finalmente, las tropas francesas lograron alcanzar los camiones preparados por la 7ª Brigada Motorizada 10 km. al noreste de Bir Hacheim, y romper el cerco enemigo.


Exultantes tropas de la Brigada Francesa Libre del general Koenig celebran llegar a las líneas britanicas tras la retirada del sitio de Bir Hacheim. De toda una guarnición de 3.600 soldados, más o menos 2.700 pudieron escapar.


Durante los dos días siguientes, y hasta una semana más tarde, pequeños grupos seguirían llegando al punto de reunión. Finalmente 2.700 hombres de la guarnición de Bir Hacheim, de los 3.600 que la componían al inicio de la batalla, consiguieron alcanzar las líneas británicas. La larga lucha de los soldados franceses consiguió hacer ganar tiempo extra al 8º Ejército, por cierto desaprovechado y sobre todo, el heroísmo de la resistencia restauró de forma evidente el orgullo perdido a la nación francesa.