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martes, 2 de junio de 2026

ABDA 2º parte

 ABDA 

Proviene de ABDA 1ª parte

El colapso del ABDA

Con la caída de Singapur y la destrucción de la flota en el mar de Java, el mando ABDA se desmoronó. El 25 de febrero de 1942, antes incluso de la batalla final, Wavell había recibido autorización para disolver el mando y retirarse a la India. Los restos de las fuerzas aliadas en la región quedaron a merced del enemigo. En pocas semanas, los japoneses ocuparon Java, Sumatra, Borneo y las Célebes. Miles de soldados neerlandeses fueron hechos prisioneros y muchos civiles europeos internados en campos.

La disolución del ABDA fue tanto un hecho militar como político. Representaba el fracaso del primer intento de los aliados por coordinarse en el Pacífico. Sin embargo, su experiencia resultó valiosa para las futuras estructuras de mando conjunto que surgirían más adelante, como el South West Pacific Command bajo el general Douglas MacArthur, o el Pacific Ocean Areas Command al mando del almirante Chester Nimitz. De los errores del ABDA se extrajeron lecciones fundamentales sobre la necesidad de una estructura jerárquica clara, interoperabilidad técnica y objetivos comunes.

El general Sir Archibald Wavell, comandante en jefe de la India y comandante del Mando ABDA, saluda a los oficiales y soldados de la 20.ª División India, 1942.

Causas del fracaso

Las causas del fracaso del ABDA fueron múltiples y complejas. En primer lugar, la superioridad  japonesa era aplastante. Sus fuerzas navales estaban mejor entrenadas, disponían de armamento tecnicamnete superior como los torpedos de largo alcance “Tipo 93” y al mismo tiempo  contaban con un apoyo aéreo constante. En contraste, los aliados carecían de portaaviones en la zona y sus buques eran en su mayoría antiguos.

En segundo lugar, existía una desunión estratégica profunda. Cada potencia mantenía prioridades distintas y, en ocasiones, incompatibles. Los británicos consideraban que la defensa de India y Birmania debía tener prioridad sobre las Indias Orientales; los neerlandeses defendían su propio territorio colonial; los estadounidenses pensaban ya en reorganizar su ofensiva desde Australia. Esta falta de visión común se tradujo en decisiones fragmentadas y en operaciones sin coherencia global.

Otro factor decisivo fue la falta de inteligencia y reconocimiento. Los japoneses, gracias a su dominio del aire, sabían con precisión la posición de las flotas aliadas, mientras que el ABDA apenas contaba con aviones de patrulla. La escasez de combustible y repuestos redujo la movilidad de las fuerzas navales, mientras que los aeródromos eran bombardeados sistemáticamente.

Finalmente, la complejidad logística y lingüística obstaculizó la coordinación. Las órdenes debían traducirse a varios idiomas, los códigos eran incompatibles y los sistemas de comunicación obsoletos. En una guerra moderna, donde la rapidez de la información era crucial, el ABDA se movía con lentitud desesperante.

Consecuencias estratégicas

Aunque el ABDA desapareció en cuestión de semanas, su impacto fue considerable. La derrota aliada en el sudeste asiático permitió a Japón consolidar su “esfera de coprosperidad de la Gran Asia Oriental”, controlando territorios vitales para su economía de guerra. Las vastas reservas de petróleo de Sumatra y Borneo quedaron bajo control japonés, lo que garantizó combustible suficiente para sostener la maquinaria militar nipona durante varios años.

Para las potencias occidentales, la pérdida de las colonias asiáticas fue un golpe psicológico y político. La caída de Singapur, considerada la “Gibraltar del Oriente”, supuso un duro golpe para el prestigio británico. Los neerlandeses vieron desaparecer en pocos meses su imperio colonial de tres siglos. Australia, por su parte, comprendió que la defensa del continente ya no podía depender exclusivamente de Londres y comenzó a reforzar su alianza con Estados Unidos.

La experiencia del ABDA también influyó en la creación de nuevos mandos aliados unificados, esta vez con una autoridad más clara y mejor coordinación. En marzo de 1942, MacArthur fue nombrado comandante supremo del South West Pacific Area, mientras Nimitz asumía el control del Pacific Ocean Areas. A diferencia del ABDA, estos mandos contaban con recursos, planificación a largo plazo y líneas de suministro seguras. La guerra del Pacífico entraba así en una nueva fase.

Máxima expansión del Imperio japonés y de la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental.

Balance histórico

Con el paso del tiempo, los historiadores han interpretado al ABDA como un ejemplo de improvisación en tiempos de crisis. Fue un intento genuino de cooperación internacional que fracasó más por las circunstancias que por falta de voluntad. En los primeros meses de 1942, los aliados carecían de los medios y la experiencia necesarios para coordinar una defensa eficaz contra un enemigo tan preparado. Sin embargo, el espíritu de colaboración que animó su creación anticipó la estructura global que más tarde definiría la alianza aliada en su conjunto.

La figura del general Wavell simboliza ese esfuerzo heroico e imposible. Sus informes posteriores muestran la conciencia de que el ABDA no podía resistir sin superioridad aérea ni apoyo logístico. Su retiro a la India no fue una huida, sino una reagrupación estratégica. Desde allí, Wavell seguiría participando en la defensa del Imperio británico hasta el final de la guerra.

La batalla del Mar de Java, por su parte, quedó en la memoria como una tragedia de valor y sacrificio. Las tripulaciones de distintas nacionalidades combatieron juntas en condiciones extremas, sabiendo que las probabilidades estaban en su contra. Su resistencia retrasó, aunque brevemente, la expansión japonesa y permitió la evacuación de algunos efectivos hacia Australia.

En definitiva, el Mando ABDA representa uno de los capítulos más breves pero significativos de la Segunda Guerra Mundial. Su creación respondió a una urgencia estratégica; su fracaso reveló las debilidades estructurales de los aliados en el Pacífico; y su legado sirvió para construir una cooperación más eficaz en los años posteriores. En aquel escenario de derrota y confusión, se gestaron las bases de la futura victoria aliada.


Batalla del Mar de Java

 

Estructura oficial de mando

  • General Sir Archibald Wavell, Ejército Británico (BA) – Comandante Supremo.
  • Teniente General George H. Brett, Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF) – Comandante adjunto.
  • Teniente General Henry Pownall (BA) – Jefe del Estado Mayor.

Fuerzas terrestres (ABDARM)

  • Teniente General Hein ter Poorten, Ejército Real de las Indias Orientales Neerlandesas (KNIL) – comandante de las fuerzas terrestres (ABDA Land); también al mando directo de las fuerzas terrestres de las Indias Orientales Neerlandesas.
  • Mayor General Ian Playfair (BA) – comandante adjunto de las fuerzas terrestres y jefe del Estado Mayor terrestre.
  • Mayor General T. J. Hutton (BA) – oficial general al mando del Burma Command.
  • Mayor General David Blake, Ejército Australiano, 7.º Distrito Militar Australiano (Norte de Australia).
  • Teniente General Arthur Percival (BA) – Mando de Malaya.
  • General Douglas MacArthur, Ejército de los Estados Unidos – fuerzas aliadas en Filipinas.

(MacArthur estaba técnicamente subordinado a Wavell, pero en la práctica muchas de las cadenas de mando aquí mostradas operaban de manera independiente del ABDACOM y/o existían solo sobre el papel).

 

Fuerzas aéreas (ABDAIR)

  • Mariscal del Aire Sir Richard Peirse, Real Fuerza Aérea británica (RAF) – comandante de las fuerzas aéreas (ABDA Air).
  • Mayor General Lewis H. Brereton (USAAF) – comandante adjunto de las fuerzas aéreas.
  • Vice Mariscal del Aire Sir Paul Copeland Maltby (RAF) – oficial aéreo al mando de la RAF en Java.
  • Vice Mariscal del Aire D. F. Stevenson (RAF) – NORGROUP (RAF: Birmania).
  • Vice Mariscal del Aire C. W. Pulford (RAF) – WESGROUP (RAF: Malaya y norte de Sumatra).
  • ? CENGROUP (KNIL: sur de Sumatra y oeste de Java; fusionado con EASGROUP el 22 de febrero de 1942).
  • ? EASGROUP (USAAF: este de Java; fusionado con CENGROUP el 22 de febrero de 1942).
  • Mayor General Ludolph van Oyen[23] (a veces van Oijen), Fuerza Aérea del Ejército Real de las Indias Orientales Neerlandesas (KNIL) – Fuerzas Aéreas Aliadas en Java después del 22 de febrero.
  • RECGROUP (grupo de reconocimiento aéreo): Capitán de Navío G. G. Bozuwa, Marina Real Neerlandesa.
  • (adjunto) Capitán Frank D. Wagner, Marina de los Estados Unidos (USN) – unidades de reconocimiento con hidroaviones: Marineluchtvaartdienst (MLD), Ala de Patrulla 10 de la Marina estadounidense y Escuadrón n.º 205 de la RAF.
  • Comodoro del Aire D. E. L. Wilson, Real Fuerza Aérea Australiana (RAAF) – AUSGROUP (RAAF: noroeste de Australia, mar de las Molucas y Nueva Guinea neerlandesa).
  •  

Fuerzas navales (ABDAFLOAT)

  • Almirante Thomas C. Hart, Marina de los Estados Unidos (USN) – comandante de las fuerzas navales (ABDA Sea) hasta el 12 de febrero de 1942.
  • Almirante Conrad Helfrich, Marina Real Neerlandesa (RNN) – después del 12 de febrero de 1942.
  • Contraalmirante Arthur Palliser, Marina Real británica – comandante adjunto de las fuerzas navales.
  • Contraalmirante William A. Glassford Jr. (USN) – comandante de las fuerzas navales estadounidenses.
  • Contraalmirante Johan van Staveren (RNN) – comandante de las fuerzas navales neerlandesas.
  • Comodoro John Collins, Marina Real Australiana – comandante de las fuerzas navales británico-australianas.

miércoles, 20 de mayo de 2026

ABDA 1ª parte

 

 El Mando ABDA en la Segunda Guerra Mundial



Cuando el Imperio japonés lanzó su ofensiva por el Pacífico en diciembre de 1941, el equilibrio estratégico de toda Asia cambió de forma fulminante. En cuestión de semanas, las potencias coloniales europeas y las fuerzas estadounidenses vieron amenazadas sus posesiones y rutas marítimas en el Sudeste Asiático. En aquel escenario caótico, surgió un intento desesperado de cooperación militar: el Mando ABDA, una organización conjunta de fuerzas americanas, británicas, neerlandesas y australianas que, por un breve tiempo, trató de frenar el avance japonés hacia el sur. Su existencia fue efímera, apenas dos meses, pero su historia resume las dificultades de coordinación aliada en los primeros momentos de la guerra del Pacífico.

Orígenes y contexto estratégico

El ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 marcó el inicio de la expansión imperial de Japón en todo el Pacífico. Casi simultáneamente, las fuerzas japonesas atacaron Hong Kong, las Filipinas, Malasia, y las Indias Orientales Neerlandesas. El objetivo de Tokio era asegurar una red de territorios ricos en recursos —especialmente petróleo, caucho y estaño— que permitiera sostener su guerra prolongada contra Occidente. En pocas semanas, las potencias aliadas comprendieron que se enfrentaban a una ofensiva de dimensiones que superaban cualquier previsión previa.

El Sudeste Asiático era un mosaico colonial con intereses divergentes. Los británicos defendían Malasia y Singapur, los neerlandeses intentaban proteger las ricas islas petroleras de Borneo y Sumatra, los estadounidenses resistían en Filipinas y los australianos temían por su seguridad nacional. La situación exigía una coordinación inmediata. De ahí nació la idea de un mando unificado que pudiera coordinar las fuerzas terrestres, navales y aéreas de las cuatro potencias aliadas presentes en la región.

El 1 de enero de 1942, se firmó oficialmente la creación del American-British-Dutch-Australian Command, más conocido por sus siglas ABDA. Su ámbito de operaciones incluía un vasto territorio que abarcaba desde el océano Índico oriental hasta el norte de Australia, pasando por todo el archipiélago indonesio y el mar de Java. El mando supremo recayó en el general británico Sir Archibald Wavell, un veterano de la guerra en el norte de África que contaba con gran prestigio entre los aliados.

Un mando improvisado

La formación del ABDA fue una respuesta de emergencia. En la práctica, las fuerzas aliadas que lo componían estaban dispersas, mal equipadas y con comunicaciones deficientes. Cada nación mantenía su propia cadena de mando y prioridades políticas. Estados Unidos centraba sus esfuerzos en la defensa de Filipinas y en el suministro hacia Australia; Gran Bretaña trataba de sostener Singapur y Birmania; los Países Bajos defendían desesperadamente sus colonias; y Australia carecía de recursos para una ofensiva importante.

La primera conferencia del ABDACOM. Sentados alrededor de la mesa, de izquierda a derecha: los almirantes Layton, Helfrich y Hart; el general ter Poorten; el coronel Kengen (en la cabecera de la mesa); y los generales Wavell, Brett y Brereton.

Wavell estableció su cuartel general en Lembang, cerca de Bandung, en la isla de Java. Desde allí debía coordinar a los distintos componentes del mando: las fuerzas terrestres bajo control británico y neerlandés; la aviación, formada por unidades mixtas pero con escasos medios; y la flota combinada, la ABDAFLOAT, dirigida por el almirante estadounidense Thomas C. Hart. Sin embargo, la realidad pronto demostró que las diferencias culturales, lingüísticas y estratégicas eran enormes. La falta de interoperabilidad entre las marinas, los distintos calibres de artillería, los sistemas de comunicación incompatibles y la escasez de combustible hacían casi imposible una defensa eficaz.

Wavell se enfrentó también a un dilema político: debía rendir cuentas simultáneamente a Londres, Washington, La Haya y Canberra. Cada gobierno le enviaba instrucciones contradictorias, reflejando las distintas prioridades nacionales. Los británicos insistían en concentrar esfuerzos en Singapur, mientras que los neerlandeses exigían defender Java y Sumatra, y los estadounidenses pedían mantener el contacto con Filipinas. En la práctica, el mando ABDA fue un experimento de cooperación multinacional que nació con graves limitaciones.

La ofensiva japonesa en el sudeste asiático

Mientras los aliados trataban de organizar su defensa, el Ejército y la Marina Imperial Japonesa avanzaban con precisión y coordinación. En enero de 1942, las tropas niponas ocuparon Manila y Kuala Lumpur; el 15 de febrero cayó Singapur, considerado hasta entonces una fortaleza inexpugnable del Imperio británico. La noticia sacudió al mundo y demostró que la supremacía japonesa en el sudeste era abrumadora. En el mar, las flotas aliadas sufrían pérdidas constantes a manos de los modernos cruceros y destructores japoneses, apoyados por una aviación naval extremadamente eficaz.

El mando ABDA trató de detener el avance japonés en las Indias Orientales Neerlandesas, sobre todo en el estratégico mar de Java, que constituía el último obstáculo antes de Australia. Las operaciones navales en esa zona fueron intensas entre febrero y marzo de 1942. Las fuerzas aliadas se agruparon bajo el almirante neerlandés Karel Doorman, que asumió el mando directo de la flota combinada. La suya era una fuerza heterogénea: incluía cruceros estadounidenses y británicos, destructores australianos y buques neerlandeses, muchos de ellos obsoletos o carentes de repuestos.

Ataques japoneses a lo largo de la Barrera Malaya, del 23 de diciembre de 1941 al 21 de febrero de 1942.

La batalla del Mar de Java

El episodio más dramático de la historia del ABDA fue la batalla del Mar de Java, librada entre el 27 y el 28 de febrero de 1942. Doorman, consciente de que debía impedir a toda costa el desembarco japonés en Java, reunió su flota y zarpó para interceptar a una fuerza de invasión japonesa mucho más numerosa. La batalla se prolongó durante horas, en medio de la noche tropical, con continuos intercambios de fuego entre los cruceros y destructores de ambos bandos.

La falta de coordinación aliada resultó fatal. Las comunicaciones eran caóticas, los sistemas de radar escasos y la aviación japonesa dominaba los cielos. Uno tras otro, los buques aliados fueron alcanzados. El crucero británico HMS Exeter resultó gravemente dañado; los neerlandeses perdieron el De Ruyter y el Java, y el propio Doorman pereció en el combate. Su última transmisión, “Ik val aan, volg mij!” (“Ataco, seguidme”), se convirtió en un símbolo de la desesperada resistencia aliada.

Al día siguiente, las fuerzas supervivientes intentaron retirarse hacia Australia, pero la persecución japonesa continuó. Los buques estadounidenses USS Houston y HMAS Perth fueron hundidos en el estrecho de la Sonda, el 1 de marzo. En apenas cuarenta y ocho horas, la flota combinada del ABDA había dejado de existir. La derrota selló el destino de las Indias Orientales Neerlandesas y, con ellas, el fin del mando conjunto.

Continúa en ABDA 2ª parte


lunes, 24 de noviembre de 2025

Churchill en Egipto

La visita de Churchill a Egipto en 1942

Winston S. Churchill con mienbros del Estado Mayor de las fuerza británicas en Egipto. 1942

La visita del primer ministro británico Winston S. Churchill a Egipto en agosto de 1942 fue uno de los momentos clave de la Segunda Guerra Mundial en el teatro mediterráneo. En un momento en que las fuerzas del Eje avanzaban peligrosamente hacia el Nilo, la presencia personal de Churchill respondió a la necesidad urgente de revisar el mando, evaluar la situación operativa y reafirmar la autoridad imperial británica en un territorio estratégico (Overy 1995, pp. 233-236).

A mediados de 1942, la campaña del Norte de África había alcanzado un punto de extrema vulnerabilidad para los Aliados. El avance del Afrika Korps de Erwin Rommel tras la batalla de Gazala y la caída de Tobruk en junio supusieron un golpe de enorme magnitud tanto militar como moral (Playfair 1966, pp. 259-264). Rommel empujó al Octavo Ejército británico hacia Egipto, obligándolo a establecer líneas defensivas cada vez más cerca de Alejandría. Churchill, consciente de que la pérdida del Canal de Suez podría fracturar las comunicaciones imperiales con el resto de Asia y el Pacífico, decidió viajar personalmente al frente (Churchill 1951, vol. IV, pp. 381-383).

Uno de los objetivos centrales de Churchill era revisar la estructura de mando en Oriente Medio. El general Claude Auchinleck, comandante en jefe del Mando de Oriente Medio, había logrado detener temporalmente a Rommel en la primera batalla de El-Alamein en julio de 1942, pero su estrategia defensiva y su ritmo operativo despertaron dudas en Londres (Barnett 1984, pp. 412-415). Churchill consideraba que Auchinleck había perdido autoridad sobre el Octavo Ejército y retrasaba innecesariamente la preparación de una ofensiva decisiva. Las tensiones entre el primer ministro y su comandante llevaban meses acumulándose (Smart 1998, pp. 169-171).

miércoles, 7 de febrero de 2024

Discurso de Mussolini del 10 de junio de 1940. Italia entra en guerra.

Discurso de Mussolini del 10 de junio de 1940


Mussolini en el balcón del Palazzo Venezia

El 1 de septiembre de 1939, tras el ataque alemán a Polonia el jefe de gobierno Benito Mussolini, a pesar del pacto de alianza firmado con Alemania declaró la no beligerancia italiana. La entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial se produjo en cambio tan solo nueve después tras una serie de actos formales y diplomáticos.

Durante los nueve meses de incertidumbre operativa, el Duce, impresionado por las deslumbrantes victorias alemanas pero consciente de la grave falta de preparación militar italiana permaneció inseguro ante las decisiones que debía tomar, oscilando entre la lealtad a su amistad con Adolf Hitler, el impulso a renunciar a su asfixiante alianza, el deseo de independencia táctica y estratégica, el ansia de victorias fáciles en el campo de batalla y el anhelo de convertirse en el factor de equilibrio en el tablero de la diplomacia europea.

jueves, 10 de mayo de 2018

Fuerzas armadas danesas y noruegas antes de la invasión de 1940

Fuerzas armadas danesas

En 1937 era evidente que el Gobierno danés estaba necesitado de al menos una fuerza militar fuerte capaz de disuadir las intenciones beligerantes de su vecino del sur. La ley de defensa de ese mismo año amplió el pequeño ejército, estableciendo un cuartel general, dos divisiones - uno para Jutlandia y otra en Zelanda - y la guarnición de Bornholm; reestructuró las Fuerzas Aereas; y estableció unidades antiaérea, de ingenieros y de transporte.


Tropas danesas en Bredevad en la mañana del ataque alemán. 

Las dos divisiones ascendían a siete regimientos de infantería, dos de caballería, los Life Guards (guardia del palacio del rey) y tres regimientos de artillería de campaña, además de unidades de apoyo. Sin embargo, los regimientos realmente disponían de poco personal administrativo responsable del entrenamiento de los 6.600 reclutas de cada año; en consecuencia, estaban muy por debajo de su fuerza nominal. Las dos divisiones estaban apoyadas por el servicio de aviación del ejército (Haerens Flyvertropper, o tropas de aviación del ejército) que constaba de dos escuadrones de caza, equipados con biplanos Gloster Gauntlet y nuevo monoplano Fokker D.XXI así como dos biplanos de Fokker C.V de observación. Toda la Fuerza aérea se hallaba en la base situada en el aeródromo de Vaerlose, cerca de Copenhague.

La Marina danesa se encontraba en la base naval de Copenhague y tenía 1.500 hombres enrolados en 58 barcos, la mayoría de ellos antiguos y obsoletos. Los buques de guerra más importantes eran dos viejas naves de defensa costera. Tres pequeñas lanchas torpederas completadas a principios de los años 30 eran los buques más modernos así como cuatro nuevos, aunque pequeños, submarinos. La Marina tenía su propio servicio aéreo (Marinen Flyvevasesenets o servicio aéreo naval) compuesto por dos unidades tamaño escuadrón o luftflotilles, uno de los antiguos hidroaviones Heinkel H.E.8 con sede en Copenhague y una unidad de combate con anticuados biplanos Hawker Nimrod MK. II en Avno.

Fuerzas armadas noruegas

Habiendo surgido de su unión con Suecia en 1905, Noruega era un país escasamente poblado, con pocos recursos y sin una verdadera tradición marcial o naval. Por lo tanto la nación adoptó el concepto del ejército territorial, utilizando los reservistas entrenados para llenar sus filas.

El país fue dividido en seis distritos militares, con sede en Halden, Oslo, Kristiansand, Bergen, Trondheim y Harstad; cada uno organizaba la movilización de una división. Las divisiones noruegas eran formaciones de infantería compuestas por personal de estado mayor, dos o tres regimientos de infantería y un regimiento de artillería o un batallón de artillería de montaña. No poseyeron elementos acorazados o armas antitanque ya que se creía el terreno accidentado impedirían cualquier operación mecanizada.

Los regimientos de infantería tenían una fuerza de 3.750 hombres apoyados por orgánicos batallones de ametralladoras. Los regimientos de caballería montada o compañías de exploración en bicicleta o esquís eran utilizados para el reconocimiento. Obuses de 120mm Konigsberg tirados por caballos y cañones de campaña 75mm Ehrhardt brindaban el apoyo de artillería.

Observando de forma rápida que el avión podría superar las grandes distancias involucradas en la defensa de la nación, el Haeerens Flyvevapen (servicio aéreo del ejército) se convirtió en una fuerza de cooperación eficaz con el ejército usando obsoletos biplanos Fokker C.V. Se organizaron en tres escuadrillas de reconocimiento' (llamadas Speidevingen) ubicados en Noruega central, norte y sur.


La fuerza aérea noruega disponible para enfrentarse al asalto aéreo alemán solo disponía de un único escuadrón de biplanos Gloster Gladiator basados en el aeródromo de Fornebu, lógico objetivo principal de la operación de ataque aéreo de la Luftwaffe.

Además, para defender la capital, el Haeerens Flyvevapen tenía una unidad de cazas monomotores (Jagervingen o vuelo de combate) con nueve biplanos Gloster Gladiator basados en el aeródromo Fornebu, cerca de Oslo. Aparte existía una unidad de bombardero ligero (Bombervingen o vuelo del bombardero) recientemente formada con cuatro bimotores bombarderos Caproni Ca.310 y ocho Fokker C.V-Es. Por lo general tenia la base en Kjeller, cerca de Oslo, sin embargo esta unidad fue desplegada al nuevo y moderno aerodromo de Sola, en Stavanger.

La Armada noruega era una pequeña fuerza naval construida con la misión de defender los puertos más importantes, enclavados a lo largo de la extensa costa. Las naves más potentemente armadas eran un par de antiguos buques de defensa costera (construidos antes de 1900), Norge y Eidsvold (4.166 toneladas), armados con dos cañones de 210 mm en proa y popa, y 6 cañones de 150 mm como armamento secundario así como ocho cañones de 76 mm. Estos buques fueron enviados a Narvik con las primeras sospechas de invasión alemana.


Los noruegos disponían de siete destructores, pequeños pero capaces, vistos aquí en maniobras. Esta foto, publicada por el servicio de información noruego mostraba la fuerza de su armada, fue enviada a los medios de comunicación británicos la mañana que los alemanes estaban invadiendo el país

Los pequeños siete destructores de la Marina - cuatro de ellos, modernos buques de 597 tn. armados con tres cañones de 4 pulgadas, uno de 40 mm y dos tubos lanzatorpedos - fueron dispersados entre Oslo y Narvik. Para ocupar los vacios se utilizaron 17 barcos torpederos de la I Guerra Mundial, nueve pequeños submarinos costeros, ocho dragaminas, diez minadores y nueve barcos de patrulla. Además se utilizaron 49 barcas requisadas en servicio como patrulleros.

Para ayudar a cubrir el extenso litoral de Noruega, la fuerza aeronaval (Marinens Flyvevapen o servicio aéreo naval) tenía tres unidades tamaño escuadrón basadas en Horton (la principal base naval cerca de Oslo), Bergen y Tromso. Estas unidades estaban equipadas principalmente con los autóctonos biplanos de reconocimiento Hover M.F.11 y el nuevo torpedero bimotor Heinkel He 115A. Con estas unidades la Marinens Flyvevapen realizó frecuentes patrullas de largo alcance sobre las aguas territoriales noruegas e incluso por el mar del norte, buscando en vano respetar la preciosa pero tenue neutralidad de Noruega.

miércoles, 25 de abril de 2018

Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana (RSI)

Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana (RSI)

Las Fuerzas Armadas de la Republica Social Italiana fueron oficialmente formadas el 28 de octubre de 1943, para defender el nuevo estado de enemigos exteriores e interiores. Previamente a esta fecha, unidades fieles a Mussolini ya habían declarado su lealtad al nuevo régimen, así como otras formaciones también informaron claramente a los alemanes que se hallaban preparadas para combatir en el mismo bando. Además de una pequeña fuerza aérea y naval, las tropas terrestres formadas en la RSI pertenecían a tres organizaciones básicas.

El Esercito Nazionale Repubblicano (ENR) fue creado a partir de cuatro divisiones con un número considerable de pequeñas unidades autónomas. La antigua Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale o MVSN, es decir, la milicia fascista de las "Camisas Negras" fue reemplazada por la Guardia Nazionale Repubblicana (GNR) siguiendo con la función de mantener la seguridad interior ante la amenaza partisana. Cuando se observó que la actividad resistente aumentó considerablemente, se decidió que todos los miembros del partido fascista útiles ingresaran en las recién formadas Brigate Nere o Brigadas Negras para así unirse en la lucha contra los grupos de resistencia.

Esercito Nazionale Repubblicano.


Soldados del Esercito Nazionale Repubblicano.

Las fuerzas creadas en el recién estado fascista italiano eran una mezcla de unidades regulares e irregulares. Cuatro divisiones regulares, reclutadas entre el gran número de soldados internados por los alemanes en el momento de la rendición italiana a los aliados, fueron entrenadas en Alemania; concretamente la 1ª División Alpina "Monterosa", la 2ª División de Infantería "Littorio", 3ª División de Marina "San Marco" y la 4ª División de Bersaglieri "Italia". Estas unidades formaron el núcleo del Ejército de la RSI junto con un considerable número de unidades autónomas, las cuales debido a las caóticas condiciones presentes en Italia a finales de 1943 fueron realmente reclutadas de forma local por oficiales que seguían siendo leales a Mussolini.

Además de las unidades de la RSI presentes en Italia, existían formaciones italiana proalemanas continuando sus tareas de ocupación en los Balcanes y en el sur de Francia. La mayoría de estas unidades estaban constituidas por elementos de las MVSN que habían elegido combatir al lado de los alemanes o bien habían sido coaccionados a hacerlo. También quedaban cinco batallones en los puertos del Báltico así como el 83º Hospital de Campaña en el frente oriental.

La principal misión de las formaciones del Esercito Nazionale Repubblicano durante su relativa corta existencia fue la lucha contra los grupos partisanos. Raramente fueron utilizadas para combatir contra los aliados en su avance a través de la península, si bien cuando las unidades del ENR fueron empleadas en esta tarea, normalmente tuvieron un buen comportamiento, tal vez porque eran sabedores que si demostraban signos de cobardía podrían fácilmente acabar delante de un pelotón de fusilamiento.

Guardia Nazionale Repubblicana.


Tropas de la Guardia Nazionale Repubblicana desfilando en al plaza del Duomo, Milan

La Guardia Nacional Republicana fue formada en diciembre de 1943 como una nueva milicia fascista que reemplazara a la antigua MVSN. Los voluntarios procedían de ramas del antiguo Resio Esercito así como de los Carabinieri y del PAI (Polizia dell'Africa italiana) y como era de esperar de antiguos miembros del MSVN que permanecían leales a Mussolini. La GNR de hecho fue el cuerpo policial del nuevo estado y alcanzó de forma global el nada despreciable número de alrededor de 80.000 integrantes. Su principal tarea fue, al igual que el Esercito Nazionale Repubblicano, el combate contra la lucha partisana y por ello sus miembros se vieron envueltos en operaciones para intentar controlar la cada vez mayor resistencia a los alemanes y a sus aliados italianos.

Al igual que el MVSN, las unidades de la Guardia Nazionale Repubblicana tenían la responsabilidad de proteger específicos objetivos estratégicos que incluían nueve líneas férreas, dos puertos, 29 líneas postales y telegráficas y cinco fronteras. Disponía de ocho Legiones Forestales para la lucha antipartisana de las cuales una de ellas operó contra los partisanos eslovenos además de cinco Batallones de Defensa Territorial.

La GNR incorporó unidades de combate que incluían a un batallón paracaidista y el Grupo Acorazado "Leonesa", en realidad, esta última formación fue una de las mayores de las fuerzas armadas de la RSI. Disponía de 35 carros medios M13/40, cuatro cañones autopropulsados Semovente, 18 autoametralladoras AB41 y 16 tanquetas CV33, así como varias unidades de distintos coches de reconocimiento. Salvo las AB41 y los Semoventi, el resto de vehículos de combate se hallaba obsoletos, incluso, la tanquetas eran del mismo modelo que fue ampliamente destruido en las etapas iniciales de la guerra en el desierto, en 1940 en Libia.

Brigate Nere.


 Cartel de propaganda y reclutamiento de las Brigadas Negras.

Las Brigate Nere o Brigadas Negras se formaron en junio de 1944 como la rama armada del nuevo Partido Fascista de la RSI para apoyar al GNR en su lucha contra la amenaza creciente de los partisanos. Todos los miembros del partido entre los 18 años, oficialmente, que no estuvieran ya enlistados en cualquier otro cuerpo armado eran susceptibles de ingresar en las unidades locales de este Corpo Ausiliario delle Squadre d'Azzione delle Camice Nere, variando en tamaño desde unos pocos centenares de integrantes hasta algunos miles. Estas unidades locales formaron a continuación 53 grandes formaciones denominadas Brigate Nere, cada una bautizada con el nombre de un mártir de la causa fascista.

La mayoría de sus miembros eran fascistas convencidos provenientes del partido tanto de los primeros camisas negras de los años 20 que vieron el ascenso de Mussolini al poder como jóvenes idealistas que no habían conocido ninguna forma de gobierno distinta al fascismo. Alcanzado una fuerza global de 30.000 hombres, las Brigadas Negras eran fanáticamente leales. A diferencia de las primeras organizaciones como la milicia MVSN donde al principio ingresaron un gran número de "fascistas interesados" movidos solo por motivos de oportunidad, el núcleo duro de las Brigadas Negras estaba dedicado en cuerpo y alma a la causa fascista, y así sus números probablemente sean un reflejo real de la sociedad que incondicionalmente apoyaba al régimen.


Los integrantes de las Brigate Nere proporcionaron la principal fuerza antipartisana en muchas regiones, ganándose con sus actos una reputación de brutales combatientes. Al sentirse entre la espada y la pared y con sus futuros inciertos, fueron responsables de atrocidades y la muchos de ellos pagaron con su vida el último precio de la derrota.

miércoles, 21 de junio de 2017

La importancia estratégica y logística de Irak en la Segunda Guerra Mundial

La importancia estratégica y logística de Irak en la Segunda Guerra Mundial

Irak fue durante la Segunda Guerra Mundial una región de gran importancia estratégica para los aliados, más concretamente en 1941 y sobre todo para Gran Bretaña, por varias razones. En primer lugar, junto con Irán, el territorio mesopotámico era en esos momentos la región que suministraba combustible a todas las unidades británicas exceptuando el proveniente de América. Sin embargo a principios de 1941, el continuo apoyo de los Estados Unidos al esfuerzo bélico de Reino Unido no se había convertido en una activa involucración total dentro de la guerra. Si Irak pasaba a manos enemigas y por cualquier razón los Estados Unidos no pudieran suministrar combustible a Gran Bretaña, esta última se vería obligada a pedir una ignominiosa e inimaginable paz con Alemania.



Mapa mostrando los distintos oleoductos del Oriente Próximo

Desde Irak dos importantes oleoductos transportaban combustibles desde Kirkuk hasta el Mediterráneo recorriendo alrededor de 1200 millas. Un único oleoducto partía de Kirkuk hasta Hadita en el Éufrates donde se bifurcaba con un ramal que atravesando Siria llegaba hasta Trípoli y otro que dirección suroeste atravesando Transjordania llegaba hasta Haifa. Se instalaron estaciones de bombeo a intervalos regulares para permitir el flujo continuo de petróleo por cada oleoducto. Entre Kirkuk y Hadita las estaciones fueron  numeradas como K1, K2… y así sucesivamente; desde Hadita las estaciones de bombeo de los dos ramales del oleoducto principal tuvieron una nomenclatura similar, tomando la inicial del destino como referencia, así fueron numeradas como T1, T2 y T3 las de la bifurcación norte y H1 H2 y H3 las del oleoducto con destino Haifa. Las estaciones de bombeo fueron ocupadas lógicamente por personal de mantenimiento creando verdaderos oasis en el desierto, conteniendo un pequeño puesto fortificado, acomodación para el equipo técnico así como un generador de electricidad. Tras la caída de Francia en junio de 1940, los británicos cortaron el oleoducto que atravesaba Siria y llegaba a Trípoli y planearon la destrucción del los oleoductos si Alemania llegara a tomar el control de Turquía y siria. La principal vía de salida del petróleo iraní era la gran refinería de Abadan, a treinta millas al sureste de Basora en el Shatt al-Arab, el río navegable que se forma tras la conjunción de los ríos Tigris y Éufrates.

En segundo lugar, la posesión del petróleo iraquí denegaba esta primordial materia prima a Alemania. Hay que tener que la relativa pequeña producción de crudo de Oriente Medio en 1940 en proporción al predominio de la síntesis de combustible por parte de los Estados Unidos, en manos de los alemanes sería suficiente para suplir perfectamente sus necesidades. En 1941, la única fuente de petróleo para Alemania era Rumanía y el proveniente del comercio con la URSS, pero ya estaba comenzándose a ver que las necesidades germanas de combustible a corto y medio plazo iban a ser mucho más altas. Ciertamente, la obligación de asegurar los campos petrolíferos del Cáucaso seria un factor significativo a la hora invadir en un futuro próximo la Unión Soviética y denegar el acceso al petróleo a Alemania fue un factor crítico en el plan de contingencia británico durante 1940 y 1941.



Depositos de combustible en Haifa

En tercer término, la perdida de Irak en esos precisos momentos podría haber proporcionado un significante rebrote psicológico del nacionalismo árabe en Oriente Medio. Irak era desde finales de los años 30 el santuario de una nueva y activa clase de militancia del nacionalismo árabe que abogaba tanto por desbaratar los planes de instauración de un hogar judío en Palestina como la creación de un nuevo y unificado estado árabe proveniente de la descomposición del Imperio Otomano en 1918. Si Gran Bretaña sufriese una derrota en Irak, este sentimiento nacionalista podría  extenderse tanto física como políticamente a Palestina y Egipto, pudiendo ocasionar una oleada de episodios de inestabilidad en la zona y por consiguiente reaccionar ante amenazas, tanto internas como externas con mucha mayor dificultad. Palestina ya había sufrido episodios de revueltas árabes entre 1936 y 1939, mientras en Egipto existía un número suficiente de nacionalistas dispuestos a preparar revueltas contra los británicos. La perdida de Irak al mismo tiempo que Rommel atacando Egipto desde el oeste, podría suponer el impulso necesario para expulsar a los británicos de Egipto al mismo tiempo con todas las implicaciones negativas que supondría para los aliados la pérdida del canal de Suez.

La cuarta razón estratégica del control de Irak por parte de los británicos implicaba que su perdida podría amenazar Egipto desde el flanco noreste a través de Turquía, Siria y Palestina. Siguiendo al colapso de Francia en junio de 1940, Siria permanecía bajo control del gobierno de Vichy de tendencia clara hacia los alemanes, y la neutralidad de Turquía, no permanecería intacta si Irak estuviese en manos del Eje  y Siria como se ha comentado bajo el régimen de Vichy, ante un ataque determinado de Hitler con intención de tomar el canal de Suez desde Oriente Próximo. A finales de 1940 Gran Bretaña estaba temerosa en gran medida de esta posibilidad.

Por último y no por ello menos importante, la pérdida de Irak cortaría la vital línea de comunicación entre el Mediterráneo e India y la crucial ruta de suministro a Palestina desde el este si Egipto al final caía en manos de Rommel.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Brasil y su contribución a la Batalla del Atlántico

Brasil y su contribución a la Batalla del Atlántico


Cartel propagandístico brasileño.

La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941 fue seguida al mes siguiente por una conferencia de todos los estados americanos en Rio de Janeiro. Estados Unidos solicitó un compromiso garantizado a todos los países presentes de romper relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón, circunstancia acordada por todos menos Chile y Argentina. En referencia a la posición brasileña y  con intención de calmar a las fuerzas armadas estadounidenses, el Departamento de Estado norteamericano tras largas negociaciones diplomáticas consiguió de la delegación brasileña el consentimiento a crear bases militares en el norte y noreste del país, concretamente en Recife y Natal, y de este modo ponerlas a disposición de la Marina y de la Fuerza Aérea norteamericana. Al permitir la presencia aliada en el saliente atlántico de su región noreste, Brasil se vio implicado en una mayor contribución al esfuerzo aliado, ya que dicha posición era esencial para el control de las líneas marítimas del Atlántico Sur así como proporcionar acceso a la red de transporte global aliada. Cabe reseñar, que incluso antes del ataque a Pearl Harbor, los Estados Unidos ya habian desplegado fuerzas navales hacia Brasil y en uno de sus planes de contingencia se había contemplado la invasión y ocupación de los grandes puertos del saliente brasileño.

Finalmente la cuestión se resolvió de forma oficial con la entrada de Brasil en agosto de 1942, cuando el submarino alemán U-507, bajo el mando del Korvettenkapitän Harro Schacht, hundió seis buques de bandera brasileña entre el 16 y el 19 de agosto de 1942. Este hecho causó gran clamor popular contra el Eje que añadido la presión realizada por el ministro brasileño de relaciones exteriores, con tendencias pro-estadounidenses Oswaldo Aranha, condujo a Brasil a unirse al esfuerzo bélico aliado. Esta decisión fue oficialmente proclamada el 22 de agosto de 1942.

El factor más importante en el desarrollo de las intensas relaciones militares entre Brasil y los Estados Unidos fue la patrulla integral y las operaciones antisubmarinas llevadas a cabo conjuntamente entre las fuerzas aéreas y navales de los dos países desde mediados de 1942 y en adelante. Durante este periodo, las fuerzas armadas brasileñas vieron incrementado su potencial al ser equipadas con material suministrado por los acuerdos de Préstamo y Arriendo.

La Armada y la Fuerza Aérea disfruto de un trato prioritario frente al Ejército gracias a su pequeña pero eficaz contribución a la Batalla del Atlántico. La primera entrega de armamento consistió en naves especializadas en la lucha antisubmarina, corbetas y fragatas, para más adelante recibir ocho destructores de escolta, uno de los cuales el Bauru  se conserva como Buque Museo en Río de Janeiro. Brasil también construyó en Río de Janeiro tres grandes destructores de flota bajo diseño americano. La fuerza aérea brasileña comenzó a recibir aviones de modelos más modernos, incluyendo el Curtiss P-36A, Curtiss P-40 y el bombardero medio North American B-25 Mitchell y para satisfacer la urgente necesidad de aviones patrulla recibió unidades de Lockheed Hudson y Ventura así como el hidroavión de largo alcance Consolidated PBY Catalina.


Corbeta antisubmarina "Cananeia", precedente de la Marina norteamericana


Aún así, la principal carga de combate aéreo y guerra naval a lo largo de la costa brasileña fue llevada a cabo por unidades americanas. Esta circunstancia se relevo especialmente cierta en los meses de junio y julio de 1943, cuando se produjo un pequeño "Blitz" a cargo de una docena de submarinos alemanes que atacaron de forma intensa el trafico naval que navegaba por todo el litoral de América del Sur. Durante la guerra la Armada de Brasil perdió tres barcos y 486 hombres, 332 de ellos con la perdida al final de la guerra del crucero Bahia además 972 marineros mercantes y pasajeros también perdieron la vida a bordo de los 32 barcos mercantes brasileños que fueron atacados por los submarinos alemanes.

miércoles, 8 de junio de 2016

La recuperacion sovietica de 1942. II

La recuperacion sovietica de 1942. II





General Yeremenko en una reunión del Stavka 

Ante la insistencia de Voronov, general experto en artillería, el componente de apoyo artillero en las divisiones de fusileros también fue reducido a un regimiento de artillería, el restante fue retirado para su uso en formaciones de "artillería estratégica", a nivel de cuerpo o de ejército. La mayoría de los cambios organizativos a niveles superiores en el Ejército Rojo fueron obligados en cierta manera por la crónica escasez de comandantes experimentados o capacitados de alta graduación. La escasez era debida en parte a las purgas de Stalin, pero las pérdidas en el frente y la rápida expansión del Ejército Rojo con la formación de decenas de nuevas divisiones y brigadas lógicamente también fueron factores contribuyentes d estos cambios. Como resultado, los Frentes se vieron ante la necesidad de crear formaciones más fácilmente manejables por inexpertos comandantes de rango medio. Esto exigencia se logró mediante la disolución constante de los Cuerpos de Ejército y así a finales de 1941 solo quedaban seis de estas formaciones frente a las 62 de un primer momento. Los Ejércitos, reasignados como "Ejércitos de Fusileros", fueron reducidos en tamaño a cinco o seis divisiones con alguna brigada acorazada agregada y el apoyo de la artillería de reserva estratégica.

Por debajo del nivel del ejército, la falta de comandantes experimentados o capacitados y el largo plazo de tiempo necesario para crear nuevas divisiones de infantería llevaron a la necesidad de crear pequeñas unidades de combate autónomas. La solución, que persistió durante el año 1943, fue la brigada de fusileros. Inicialmente fue una formación creada ad-hoc, basada en un regimiento de fusileros con la adición de unidades de artillería agregadas. 250 brigadas de fusileros fueron creadas el primer año de la guerra y ya en el verano de 1942 su estructura había sido formalizada a cuatro batallones del fusileros, un batallón de artillería con doce cañones regimentales de 76mm, un batallón antitanque con doce cañones de 45mm, un batallón con ocho morteros pesados de 120 mm y una compañía independiente de subfusiles. Con un poco más de 5.000 efectivos, estas brigadas se habían convertido de facto en equilibradas "medias divisiones", con un estado mayor provisto de unidades de transmisiones, reconocimiento, ingenieros y transporte orgánico.

En un esfuerzo para compensar la destrucción casi total de la fuerza acorazada soviético en los primeros meses de la guerra, el Ejército Rojo aumentó de forma considerable las fuerzas de caballería durante este período. Basada en una estructura casi minimalista de división de caballería de tan sólo 2.600 hombres estas fuerzas, utilizadas en combate como infantería ligera móvil, ofrecieron a los comandantes soviéticos un grado de movilidad operacional que simplemente no estaba disponible al desaparecer casi por completo las formaciones mecanizadas. El resultado del conjunto de estos cambios estructurales introducidos durante la segunda mitad de 1941 dio un Ejército Rojo donde tanto grandes unidades como el Ejército como sus unidades subordinadas podrían ser más eficientes bajo el mando de un pequeño número de comandantes obligados a trabajar con el personal de los estados mayores de inexpertos cuarteles generales.

Durante el primer período de la guerra, el Ejército soviético estaba en una curva de aprendizaje y por desgracia las lecciones fueron asimiladas pagando un precio elevado. Sin embargo, de forma constante, por medio de la experiencia, adoptando y adaptando las distintas circunstancias acaecidas en el día a día de cada batalla, la efectividad de las unidades de combate soviéticas comenzó a ir in crescendo. A su favor, Stalin incluso estuvo dispuesto a aprender de sus propios errores. Después de "colocar" a una serie de agentes de NKVD, políticamente leales, en posiciones de mando de combate y demostrar ser una práctica realmente desastrosa, se produjo una evolución hacia un sistema más meritocrático de promoción que premiaba la perceptiva estratégica y la eficacia táctica, por lo que la frecuencia de cambios a nivel de mando de unidades superiores comenzó a ser cada vez menos frecuente, llevando en consecuencia un aumento de las probabilidades de victoria.


 Mariscal Zhukov

Las capacidades de mando de comandantes como Zhukov y Vatutin, Voronov, Vasilevsky, fue reconocido desde el principio. Otros generales como Rokossovsky, Tolbukhin y Konev y Malinovsky, considerados a priori competentes para mandos moderadamente altos antes del estallido de las hostilidades, debían demostrar dicha teórica capacidad excepcional para el comando al más alto nivel. Otros, como Cherniakhovsky, Katukov, Grechko y Pliev, a través de su capacidad demostrada en el campo de batalla, surgieron de la relativa oscuridad de antes de la guerra para convertirse en destacados altos mandos. Hubo muchos otros, como el general de división M T Romanov cuya 172ª División de Fusileros llevó a cabo una defensa hábil y decidida en Mogilev en julio de 1941, cuyo potencial pudo ser visualizado antes de que fueron muertos o capturados en los primeros meses de la guerra. El propio Stalin finalmente y de forma gradual llegó a reconocer que sus generales a menudo sabían mejor que él lo que se necesita para ganar una campaña, y pasó cada vez más a confiar en el juicio de su estado mayor que en el suyo propio.


 Resultado final; victoria en Berlin


En resumen, la URSS comenzó las hostilidades con un ejército descomunal en número de  efectivos y equipo pero mal dirigido en términos operacionales y estratégicos. Las purgas del año 1937 del alto mando lastraron de forma contundente las capacidades de combate de las fuerzas armadas soviéticas. Solo con la asimilación de las experiencias de combate, eso sí pagando un precio elevadísimo en ingentes pérdidas de material y por supuesto humanas con centenares de muertos, heridos y prisioneros, pudieron revertir la situación. La introducción y/o mejor empleo del nuevo armamento, la reestructuración de las unidades y la decisión de dejar tomar las decisiones militares a las mentes más capacitadas junto con la inmensa reserva de hombres y la considerable capacidad industrial del país llevó a la Unión Soviética a la victoria final. De todas formas, debe tenerse en cuenta que incluso después de la recuperación soviética y la toma de la iniciativa tras Stalingrado y Kursk, el Ejército Rojo si bien no perdió nunca el empuje de la victoria siguió empleando tácticas de combate muy discutibles, al enviar al ataque miles y miles de soldados, sufriendo un ratio de bajas que en cualquier otro país serian inaceptables salvo en la URSS,  donde la abrumadora superioridad numérica y el sistema de gobierno autoritario si lo permitió.

lunes, 6 de junio de 2016

La recuperación soviética de 1942. I

La recuperación soviética de 1942. I



Si bien la operación Barbarossa puede considerarse como un fracaso a nivel estratégico pues realmente las fuerzas armadas alemanas no  consiguieron alcanzar los objetivos previstos, no hay duda alguna de las impresionantes victorias operacionales conseguidas. En las diversas operaciones de cerco, centenares de miles de soldados soviéticos fueron puestos fuera de combate durante el verano y principios de otoño de 1941. Cualquier otra nación ante esas pérdidas hubiese capitulado pero La URSS no lo hizo. Se recuperó y al final venció al invasor. Sin embargo, y teniendo en cuenta que en 1942, concretamente en el periodo de primavera y verano el Ejército Rojo aun sufrió grandes perdidas, fue en ese mismo año cuando se produjeron acciones que indicaban la recuperación soviética. Por si mismo, la magnitud del Ejército Rojo, numéricamente hablando, no pudo únicamente salvar a la Unión Soviética de una derrota frente a los nazis. Ya a principios de 1941 el Ejército Rojo disponía en su arsenal de una serie de equipamiento que en cierta manera igualaba al de la Wehrmacht. Solo era necesario que el tiempo y las lecciones aprendidas con el paso de los combates indiciasen a las autoridades rusas la manera más eficaz de usar dicho armamento y conseguir revertir la situación.

Con la invasión germana de la "Madre Patria" es más que seguro afirmar que los alemanes se hallaron con una de sus peores sorpresas al enfrentarse con dos excelentes carros de combate soviéticos, el tanque pesado KV1 y el soberbio tanque medio T-34. Con cada mes que pasaba mejoraba la fiabilidad del T-34 y también aumentaba la destreza de los propios comandantes de carro en el uso de sus vehículos en sus enfrentamientos con el enemigo. En el verano de 1941 el Ejército Rojo también adquirió un nuevo cañón antitanque, de muy alta eficacia; concretamente el cañón Zis-2 de 57 mm de tubo largo. De esta pieza de artillería podría fácilmente decirse que era fácilmente capaz de destruir cualquier tanque que el Ostheer podría situar en el campo de batalla. Desafortunadamente para las fuerzas soviéticas, el elevado coste de producción produjo que su entrega fuese discontinuada hasta finales de noviembre de 1941, circunstancia también apoyada por la creencia errónea que el cañón antitanque estándar de 45mm era suficiente para los propósitos actuales y futuros.



La infantería Soviética también disponía en su arsenal de excelente nuevo armamento. Para combates a corta distancia y lucha urbana, el sobresaliente subfusil PPSh se introdujo en 1940 y, tras el propio desarrollo del arma, permaneció en servicio durante toda la guerra. Es posible que en algunos aspectos el PPSh fuese superado por su equivalente alemán, el subfusil MP40, pero a diferencia del MP40 el subfusil soviético tenía un proceso de fabricación simple, barato y sobre todo rápido; gracias a ello fue producido y entregado a las fuerzas soviéticas en cantidades realmente astronómicas.

Otra arma de infantería de gran rendimiento introducida en 1940 fue el mortero pesado de 120 mm. Este mortero fue tan eficaz que los alemanes lo copiaron casi en su totalidad. En 1941 se introdujeron dos tipos de fusil anticarro de 14,5 mm de calibre, el PTRS y el más común PTRD. Estas armas, de las que casi se fabricaron medio millón de unidades durante la guerra, eran razonablemente eficaces contra tanques ligeros y contra los tanques medios alemanes si los valientes soldados de infantería eran capaces de impactar sobre los lados y la parte posterior. Con el estallido de la guerra, la artillería de campaña soviética también se actualizó y mejoró con el caño divisional F-22 USV de 76 mm, el obús M-30 de 122 mm y el cañon-obús ML-20 de 152 mm desplegado a nivel de cuerpo. Todas estas piezas prontamente se hallaron en plena producción.

La disponibilidad continua de estas armas dependía totalmente de la capacidad de la industria soviética para mantener su producción. Esta circunstancia se vio amenazada rápidamente tan solo en unas semanas de la invasión tras el imparable avance alemán. Tanto Ucrania y como grandes territorios de la Rusia Occidental tenían grandes probabilidades de caer bajo dominio alemán incluyendo por supuesto sus centros industriales. Desmantelar las industrias y trasladarlas a la seguridad de zonas más allá del Volga e incluso de los Urales fue tal vez uno de los mayores logros de la URSS durante la guerra. A pesar de estas vicisitudes, ya durante la segunda mitad de 1941 la industria soviética produjo 4.177 tanques, cifra que superó los 3.796 tanques y cañones autopropulsados producidos en Alemania en el total de ese año. A finales de marzo de 1942 la producción soviética mensual de carros ascendía a casi 2.000 unidades, un ritmo de producción que Alemania no pudo igualar nunca.



Otro factor clave en la supervivencia de la Unión Soviética en 1941 fue la velocidad con la que el ejército rojo adaptó su estructura en respuesta a las realidades de los conflictos con la Wehrmacht. En fecha tan temprana como fue el 15 de julio de 1941, tan solo veintitrés días del inicio de la invasión alemana, Zhukov emitió la primera de lo que sería una serie de directivas relativas a la revisión de la estructura orgánica de las unidades soviéticas. Los cuerpos de ejército mecanizados fueron disueltos, y las divisiones de infantería motorizadas  pasaron a convertirse en divisiones convencionales. Las divisiones acorazadas y posteriormente las divisiones de infantería fueron reducidas en tamaño hasta un número aproximado de 10.000 efectivos, si bien en la batalla de Moscú una división estándar disponía de la mitad  de esa cifra. Sólo unas pocas de las nuevas divisiones acorazadas se regían bajo el nuevo organigrama  ya que las nuevas formaciones seguían estando basadas en la pequeña brigada acorazada de nueve compañías, seis de las cuales disponían de tanques ligeros, y el tamaño de una compañía acorazada, particularmente la compañía "media" estaba estandarizado a 10 tanques. Todo este proceso se formalizó en la orden del 23 de agosto de 1942.

Continúa en La recuperación soviética de 1942. II