martes, 17 de marzo de 2026

La Batalla del Río de la Plata. 3ª parte


Montevideo.

Tras este movimiento, la acción se trasladó del mar abierto al puerto de Montevideo. Las figuras más relevantes en los próximos días serían Sir Henry McCall, el agregado naval británico en Uruguay, Argentina y Brasil y el jefe de la Inteligencia Británica en la zona, el capitán Rex Miller, cuya oficina daba al puerto de Montevideo. El 14 de diciembre inspeccionaron desde un bote alrededor de la nave alemana en busca de daños. Todo lo que encontraron fue el boquete en la proa y algunos daños superficiales en la superestructura. Asumieron que debía haber sufrido daños graves más ocultos, tal vez en su sistema de control de incendios, o que tenía muy poca munición. Ante estas suposiciones, pasaron el resto del primer día tratando de asegurar de que al Graf Spee sólo se le permitían la estancia de 24 horas en puerto según las normas emitidas en el derecho internacional.


Antes de la guerra, el comodoro Henry Harwood (1888–1950), cuyos tres cruceros derrotaron al Graf Spee frente al Río de la Plata, había desarrollado tácticas que podían emplearse para vencer a un «acorazado de bolsillo» alemán. El 13 de diciembre de 1939, frente al Río de la Plata, pudo poner en práctica estos planes tácticos.

Al día siguiente tras contactar con el comodoro Harwood descubrieron que el Graf Spee se encontraba de hecho intacto. En ese instante tenían que cambiar completamente de táctica y encontrar maneras de mantener el buque enemigo el máximo tiempo en el puerto. Una clase de artimaña que usaron fue aprovechar la regla de las 24 horas. Esta norma indicaba que si un buque mercante de una nación beligerante salía de un puerto neutral, cualquier buque de guerra hostil en ese puerto tendría que esperar 24 horas antes de partir. Varios buques mercantes británicos que estaban en Montevideo en ese momento fueron enviados al mar a intervalos regulares. También consideraron sabotear al Graf Spee, pero desestimaron la idea debido al impacto que tendría en la opinión neutral de Uruguay.

Paradójicamente Langsdorff estaba tratando exactamente de actuar de la misma forma. Convenció a las autoridades uruguayas para que le permitieran quedarse otras 72 horas y le hubiera gustado aún más tiempo para llevar a cabo las reparaciones que creía que necesita su buque. La fecha límite para su salida se fijó finalmente a las 8:00 pm del 17 de diciembre.

Mientras Miller y McCall hacían todo lo posible para mantener el Graf Spee en el puerto, los refuerzos británicos se acercaban al Río de la Plata. El último barco de Harwood, el Cumberland, llegó de las Malvinas el 14 de diciembre. Llevaba ocho cañones de 203 mm, lo que la hacía  más potente que el Exeter con sus 6 cañones del mismo calibre. De esta forma se compensaba más que de sobra los cañones dañados  en el Ajax, y proporcionaba al comodoro Harwood más potencia de fuego al escuadrón del que había tenido durante la batalla.

El HMS Cumberland junto con el Ajax y el Aquiles eran los únicos barcos que Harwood podía disponer el 17 de diciembre. El crucero de batalla Renown y el portaaviones Ark Royal zarparon de Río, pero no podían llegar antes del 19 de diciembre. Tres cruceros más - Dorsetshire, Shropshire y Neptune también estaban en camino, al igual que la 3ª División de Destructores, pero ninguno de estos barcos podía llegar a tiempo si el Graf Spee elegía salir y presentar batalla.

Normalmente se afirma que el Graf Spee habría sido capaz de vencer al escuadrón británico en las afueras del Río de la Plata. Este no es un argumento del todo convincente. El Graf Spee había utilizado el 57,5% de sus municiones de 280 mm, la mayor parte presumiblemente durante la batalla del 13 de diciembre. Si bien es cierto que elimino la presencia del Exeter los dos cruceros ligeros británicos habían sobrevivido a la batalla y estaban a disposición de Harwood. Parece probable que un combate naval con un escuadrón de cruceros igualmente fuerte el 17 de diciembre hubiera agotado la munición del Graf Spee.

Esta era sin duda una de las principales preocupaciones de Langsdorff. El día 15 uno de sus oficiales de artillería creía que había avistado la parte superior de combate del Renown a través de los telémetros de alcance, aunque en 1939 esa parte superior de combate había sido eliminada. Si el Renown estaba presente, entonces el Ark Royal probablemente tambien. Langsdorff incluso recibió instrucciones de Berlín para fotografiar el Ark Royal, ya que los alemanes creían que ya lo habían hundido. Miller  y McCall ayudaron a reforzar esta creencia filtrando una solicitud de reabastecimiento de combustible en una cercana base naval argentina.

Langsdorff ahora creía que se enfrentaba a un crucero de batalla, un portaaviones, tres o cuatro cruceros y una flotilla de destructores. Si esto hubiera sido cierto, entonces el Graf Spee habría sido muy mal parado. Pidió consejo a Berlín, si no podía salir para entablar combate, ¿deberían hundir el Graf Spee o internarse? Se le dijo que la mejor opción era que intentara zarpar y presentar batalla, pero si no tenía otra opción era preferible hundir la nave en lugar de arriesgarse a quedarse internados.


El Admiral Graf Spee en la rada exterior del puerto de Montevideo el 17 de diciembre, mientras su tripulación la preparaba para su último viaje. El buque que aparece al fondo es el Tacoma, de la Hamburg Amerika Line, que siguió al acorazado de bolsillo hacia el mar llevando a bordo a la mayor parte de la tripulación del buque de guerra.

El 17 de diciembre, el Graf Spee zarpó, dirigiéndose al estuario. Al menos 800 integrantes de su tripulación habían sido trasladados al barco de vapor alemán Tacoma, que siguió al Graf Spee hacia el mar. A las 16:56 horas se observo humo proveniente del Graf Spee, seguido de una enorme explosión. En lugar de arriesgarse a que el Graf Spee cayera en manos británicas después de que se quedara sin munición tras  una batalla con la flota fantasma, el capitán Langsdorff había decidido destruir su barco en las aguas poco profundas del Río de la Plata. Las explosiones fueron planeadas para evitar que los británicos examinaran el diseño de su nave. La tripulación del Graf Spee pronto fue internada en Argentina y el 20 de diciembre, tras escribir una carta a Hitler, el capitán Langsdorff se suicidó.


Las cargas de autohundimiento que destruyeron al Graf Spee causaron pocos daños a sus superestructuras. Aunque el pecio se fue hundiendo lentamente en el barro del lecho marino, su imponente superestructura de proa permaneció visible como recordatorio del naufragio hasta principios de la década de 1950.

El hundimiento del Graf Spee fue tratada en Gran Bretaña como un gran triunfo. Fue el primer y verdadero éxito aliado de la guerra, que había comenzado con la derrota de Polonia y el comienzo de la "phoney war". Hitler estaba previsiblemente furioso con la decisión de Langsdorff de destruir su propia nave, mientras que el destino del Graf Spee puso en duda todo el concepto de incursión por buques de guerra sobre el tráfico mercante. El almirante Raeder emitió nuevas órdenes a la marina, que declaró que "el buque de guerra alemán y su tripulación van a luchar con todas sus fuerzas hasta el último proyectil; hasta que ganen o caigan con su bandera ondeando". Esta orden sería ciertamente obedecida por el capitán y la tripulación del Bismarck, al final de su salida en el Atlántico en 1941.


El funeral del capitán Langsdorff tuvo lugar en la sección alemana del cementerio de La Chacarita, en Buenos Aires, al que asistieron sus oficiales y tripulación, autoridades argentinas y el capitán Pottinger del SS Ashlea, uno de sus adversarios.