miércoles, 8 de junio de 2016

La recuperacion sovietica de 1942. II

La recuperacion sovietica de 1942. II





General Yeremenko en una reunión del Stavka 

Ante la insistencia de Voronov, general experto en artillería, el componente de apoyo artillero en las divisiones de fusileros también fue reducido a un regimiento de artillería, el restante fue retirado para su uso en formaciones de "artillería estratégica", a nivel de cuerpo o de ejército. La mayoría de los cambios organizativos a niveles superiores en el Ejército Rojo fueron obligados en cierta manera por la crónica escasez de comandantes experimentados o capacitados de alta graduación. La escasez era debida en parte a las purgas de Stalin, pero las pérdidas en el frente y la rápida expansión del Ejército Rojo con la formación de decenas de nuevas divisiones y brigadas lógicamente también fueron factores contribuyentes d estos cambios. Como resultado, los Frentes se vieron ante la necesidad de crear formaciones más fácilmente manejables por inexpertos comandantes de rango medio. Esto exigencia se logró mediante la disolución constante de los Cuerpos de Ejército y así a finales de 1941 solo quedaban seis de estas formaciones frente a las 62 de un primer momento. Los Ejércitos, reasignados como "Ejércitos de Fusileros", fueron reducidos en tamaño a cinco o seis divisiones con alguna brigada acorazada agregada y el apoyo de la artillería de reserva estratégica.

Por debajo del nivel del ejército, la falta de comandantes experimentados o capacitados y el largo plazo de tiempo necesario para crear nuevas divisiones de infantería llevaron a la necesidad de crear pequeñas unidades de combate autónomas. La solución, que persistió durante el año 1943, fue la brigada de fusileros. Inicialmente fue una formación creada ad-hoc, basada en un regimiento de fusileros con la adición de unidades de artillería agregadas. 250 brigadas de fusileros fueron creadas el primer año de la guerra y ya en el verano de 1942 su estructura había sido formalizada a cuatro batallones del fusileros, un batallón de artillería con doce cañones regimentales de 76mm, un batallón antitanque con doce cañones de 45mm, un batallón con ocho morteros pesados de 120 mm y una compañía independiente de subfusiles. Con un poco más de 5.000 efectivos, estas brigadas se habían convertido de facto en equilibradas "medias divisiones", con un estado mayor provisto de unidades de transmisiones, reconocimiento, ingenieros y transporte orgánico.

En un esfuerzo para compensar la destrucción casi total de la fuerza acorazada soviético en los primeros meses de la guerra, el Ejército Rojo aumentó de forma considerable las fuerzas de caballería durante este período. Basada en una estructura casi minimalista de división de caballería de tan sólo 2.600 hombres estas fuerzas, utilizadas en combate como infantería ligera móvil, ofrecieron a los comandantes soviéticos un grado de movilidad operacional que simplemente no estaba disponible al desaparecer casi por completo las formaciones mecanizadas. El resultado del conjunto de estos cambios estructurales introducidos durante la segunda mitad de 1941 dio un Ejército Rojo donde tanto grandes unidades como el Ejército como sus unidades subordinadas podrían ser más eficientes bajo el mando de un pequeño número de comandantes obligados a trabajar con el personal de los estados mayores de inexpertos cuarteles generales.

Durante el primer período de la guerra, el Ejército soviético estaba en una curva de aprendizaje y por desgracia las lecciones fueron asimiladas pagando un precio elevado. Sin embargo, de forma constante, por medio de la experiencia, adoptando y adaptando las distintas circunstancias acaecidas en el día a día de cada batalla, la efectividad de las unidades de combate soviéticas comenzó a ir in crescendo. A su favor, Stalin incluso estuvo dispuesto a aprender de sus propios errores. Después de "colocar" a una serie de agentes de NKVD, políticamente leales, en posiciones de mando de combate y demostrar ser una práctica realmente desastrosa, se produjo una evolución hacia un sistema más meritocrático de promoción que premiaba la perceptiva estratégica y la eficacia táctica, por lo que la frecuencia de cambios a nivel de mando de unidades superiores comenzó a ser cada vez menos frecuente, llevando en consecuencia un aumento de las probabilidades de victoria.


 Mariscal Zhukov

Las capacidades de mando de comandantes como Zhukov y Vatutin, Voronov, Vasilevsky, fue reconocido desde el principio. Otros generales como Rokossovsky, Tolbukhin y Konev y Malinovsky, considerados a priori competentes para mandos moderadamente altos antes del estallido de las hostilidades, debían demostrar dicha teórica capacidad excepcional para el comando al más alto nivel. Otros, como Cherniakhovsky, Katukov, Grechko y Pliev, a través de su capacidad demostrada en el campo de batalla, surgieron de la relativa oscuridad de antes de la guerra para convertirse en destacados altos mandos. Hubo muchos otros, como el general de división M T Romanov cuya 172ª División de Fusileros llevó a cabo una defensa hábil y decidida en Mogilev en julio de 1941, cuyo potencial pudo ser visualizado antes de que fueron muertos o capturados en los primeros meses de la guerra. El propio Stalin finalmente y de forma gradual llegó a reconocer que sus generales a menudo sabían mejor que él lo que se necesita para ganar una campaña, y pasó cada vez más a confiar en el juicio de su estado mayor que en el suyo propio.


 Resultado final; victoria en Berlin


En resumen, la URSS comenzó las hostilidades con un ejército descomunal en número de  efectivos y equipo pero mal dirigido en términos operacionales y estratégicos. Las purgas del año 1937 del alto mando lastraron de forma contundente las capacidades de combate de las fuerzas armadas soviéticas. Solo con la asimilación de las experiencias de combate, eso sí pagando un precio elevadísimo en ingentes pérdidas de material y por supuesto humanas con centenares de muertos, heridos y prisioneros, pudieron revertir la situación. La introducción y/o mejor empleo del nuevo armamento, la reestructuración de las unidades y la decisión de dejar tomar las decisiones militares a las mentes más capacitadas junto con la inmensa reserva de hombres y la considerable capacidad industrial del país llevó a la Unión Soviética a la victoria final. De todas formas, debe tenerse en cuenta que incluso después de la recuperación soviética y la toma de la iniciativa tras Stalingrado y Kursk, el Ejército Rojo si bien no perdió nunca el empuje de la victoria siguió empleando tácticas de combate muy discutibles, al enviar al ataque miles y miles de soldados, sufriendo un ratio de bajas que en cualquier otro país serian inaceptables salvo en la URSS,  donde la abrumadora superioridad numérica y el sistema de gobierno autoritario si lo permitió.