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martes, 25 de junio de 2024

Entrenamiento de las tripulaciones de los bombarderos norteamericanos

Entrenamiento de las tripulaciones de los bombarderos norteamericanos


Escuela de cadetes en Randolph Field, Texas, 1942.

El entrenamiento de los pilotos requería un mínimo de 400 horas de vuelo y eran entrenados por la unidad particular a la que fueron asignados. Además de la instrucción de vuelo, practicaban el fuego de artillería, tanto en el aire como en tierra, navegación, manejo de instrumentos, formación, vuelo nocturno y acrobacias aéreas, dependiendo del tipo de avión, por supuesto. Bill Odell, a su llegada a Inglaterra en mayo de 1942, fue inmediatamente asignado a operar en los Boston de la RAF con el fin de adquirir inmediatamente experiencia de combate y habilidades tales como la identificación de aeronaves, procedimientos de comunicaciones, técnicas de amerizaje, vuelo de combate y muchos otros aspectos de la operación de aeronaves. En un ataque simulado soltó cuatro bombas a una altura de 75 pies y más tarde bombardearon y ametrallaron un barco hundido frente a la costa. En raras ocasiones, el entrenamiento terminaba en desastre, pues los aviones que practicaban a baja altura podrían chocar con los árboles. En julio de 1942, dos oficiales murieron en un accidente en la base de la USAAF en Molesworth, en East Anglia, cuando, al regresar de una prueba de altitud, sus controles aparentemente se bloquearon durante un descenso desde 4.000 pies.

Se esperaba que los cadetes hicieran cuatro aterrizajes de tres puntos. En la "evaluación", Bob DeGroat, recordó, "se basaba en la aproximación, el control de aterrizaje, la forma y proximidad a un lugar hipotético directamente frente al plano de control estacionado. Por suerte, ese día estaba realmente "encendido". Probablemente realicé los cuatro mejores aterrizajes de BT que he hecho, y los clavé con mi punta de ala muerta frente a los jueces".

martes, 10 de septiembre de 2013

Supervivencia de los pilotos de la Luftwaffe

Supervivencia de los pilotos de la Luftwaffe.



Durante la Segunda Guerra Mundial no existió factor más determinante para la supervivencia de los pilotos de combate que el número de horas de vuelo previas que cada aviador podía presentar antes de entrar en acción por primera vez. De la misma manera que al principio de la guerra los pilotos de la Luftwaffe demostraron gran superioridad personal a la hora de entablar combate con el enemigo, habilidad posiblemente conseguida previamente en conflictos anteriores como la Guerra Civil, la fortuna de las fuerzas aéreas alemanas cambió cuando el rumbo de la guerra no permitió la disponibilidad del suficiente combustible para que los pilotos entrenasen las horas suficientes para su bautismo de fuego. Esta circunstancia se mostró palpable a partir de 1942. Desde 1939 hasta esta fecha los nuevos aviadores recibían 240 horas de vuelo de entrenamiento antes de estar listos y preparados para el combate, en contraste a las 200 horas de los pilotos británicos y las incluso menos horas de los  soviéticos. Sin embargo a partir de finales de 1942 y hasta el fin de la guerra las horas de entrenamiento sufrirían cambios graduales, así en la Luftwaffe disminuyó a 200 horas de preparación mientras los británicos llegaron a las 240 horas previas y los americanos a las 270 horas. Al verano siguiente, los británicos llegaban a las 335 horas y sus aliados de la otra parte del océano hasta las 320 mientras sus oponentes germanos veían reducido su entrenamiento a 170 horas. En el último año de guerra, los pilotos noveles alemanes quien al principio de la guerra salían del entrenamiento como los mejor preparadas comprobaron como su adiestramiento se quedaba reducido a unas exiguas 110 horas mientras británicos y americanos conservaban sus 340 y 360 horas respectivamente. Cabe señalar que cinco horas de vuelo consumía 1 tonelada de combustible y los alemanes no disponían toneladas de combustible para nada


Horas de vuelo de entrenamiento

Una de las características más impactantes de la guerra aérea, sobre todo referida a la lucha entre cazas, en la Segunda Guerra Mundial, en la no existencia de pilotos de nivel intermedio ya que solo existían dos clases de pilotos, ases o objetivos de esos ases. Si se daba la  suerte necesaria y si se evitaba caer derribado en las primeras misiones, un piloto de caza de la SGM se convertía fácilmente en as, circunstancia que se producía cuando se alcanzaba el número de 5 victorias conseguidas. Por término medio, durante la guerra un piloto tenía un 7% de probabilidad de caer derribado en su primera misión de combate, la supervivencia aumentaba a medida que se incrementaba la experiencia así al décimo combate la posibilidad  caía hasta un 1%, probabilidad que se mantenía a lo largo de la guerra. Estadísticamente solo la mitad de los pilotos consiguieron derribar algún aparato enemigo y de ellos un 10% por lo que se deduce que solo un 5% de todos los pilotos obtuvieron 5 o más victorias, convirtiéndose d esta manera en ases del combate aéreo. El resto se podría denominar como “carne de cañón” para estos experten.

Ante estos datos, se podría pensar que los pilotos de la Luftwaffe serian casi casi invencibles, pues serian los que acumularían más experiencia y por lo tanto más difíciles de derribar, cuando al final de la guerra se demostró que no fue de esta manera, la razón es simplemente matemática, por muy bueno que seas siempre existe un riesgo y este riesgo aumenta con el numero de misiones, que es lo que ocurrió cuando fueron derribados muchos experten de la Luftwaffe, simplemente porque jugaban no, a mas números de lotería sino muchas más veces que sus colegas occidentales , sobretodo.



Sin embargo no existe claramente un orden de habilidades necesarias para convertirse en un as aunque seguramente la capacidad de vuelo y muchas horas de entrenamiento ayudaron a que los pilotos no fuesen derribados sería necesario algo mas para convertirse en as, tal vez una naturaleza asesina innata.