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jueves, 23 de abril de 2026

El viaje del St. Louis: política, diplomacia y tragedia en vísperas de la guerra

 

El viaje del St. Louis


Postal del barco SS St- Louis. Mayo de 1939

El viaje del St. Louis en 1939 se ha convertido en uno de los casos más paradigmáticos del fracaso político y diplomático que precedió al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de la odisea humana de los más de 900 judíos que intentaron escapar de la Alemania nazi, el episodio revela la profunda crisis moral y política de los países democráticos, atrapados entre sus propias tensiones internas, el auge de sentimientos xenófobos y el temor a un conflicto inminente. En última instancia, el viaje simbolizó cómo la burocracia estatal y la política exterior, lejos de ser neutrales, pueden determinar el destino de miles de vidas.

El St. Louis, un transatlántico de la Hamburg-Amerika Linie, zarpó el 13 de mayo de 1939 con 937 refugiados judíos que habían obtenido visados para entrar en Cuba. Estos visados, gestionados en gran parte por el director del Departamento de Inmigración cubano, Manuel Benítez, se encontraban en una situación ambigua: eran documentos caros, adquiridos a través de intermediarios y su validez legal era cuestionable incluso antes de la partida. El gobierno cubano ya sufría presiones internas: sectores ultraconservadores denunciaban una “invasión” de refugiados europeos, mientras que grupos empresariales temían que su llegada alterara el mercado laboral en plena recesión económica.

Cuando el barco llegó a La Habana el 27 de mayo, la situación política cubana había cambiado radicalmente. El presidente Laredo Brú, bajo presión de militares, nacionalistas y grupos antisemitas, anuló la mayoría de los visados. Además, el gobierno buscaba reforzar su autoridad interna y mostrarse firme ante lo que consideraba un abuso de su soberanía. Cuba atravesaba un periodo de inestabilidad política, con fuertes tensiones entre el Ejecutivo y sectores opositores, por lo que la llegada del St. Louis se convirtió en un asunto de prestigio nacional. Aceptar a los refugiados podía interpretarse como una debilidad frente a presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos.

Mientras tanto, la presencia del barco generó fuertes movimientos especulativos. Intermediarios cubanos exigieron grandes sumas de dinero para permitir el desembarco: una mezcla de corrupción, oportunismo y desesperación se apoderó del ambiente. La crisis se agravó cuando organizaciones judías internacionales intentaron negociar, sólo para encontrarse con un gobierno que usaba a los refugiados como instrumento político.

Refugiados a bordo del "St. Louis" esperan para saber si Cuba les permite la entrada. Cerca de la costa de La Habana, Cuba, 3 de junio de 1939.

La dimensión internacional del conflicto se hizo evidente rápidamente. Estados Unidos, aunque influía considerablemente en la política cubana, decidió no intervenir de manera directa. La administración Roosevelt se hallaba en un momento crítico: las políticas aislacionistas dominaban el Congreso y la opinión pública, aun marcada por los efectos de la Gran Depresión y por campañas nativistas, es decir, favorecer a los nacidos en el país frente a inmigrantes, considerando a estos últimos como una amenaza cultural, económica o política. Roosevelt, aunque personalmente simpatizaba con la causa humanitaria, sabía que abrir excepcionalmente las cuotas migratorias podía desencadenar un conflicto político interno. La derecha estadounidense difundía rumores de que los refugiados judíos podían incluir “infiltrados” alemanes enviados como espías, argumento que reforzó la negativa oficial.

Cuando el St. Louis se dirigió lentamente hacia Florida, el debate político en Estados Unidos se intensificó. Algunos senadores propusieron permitir el desembarco como gesto humanitario, pero el Departamento de Estado defendió la línea dura: la ley de cuotas era inviolable y no se harían excepciones. La Guardia Costera recibió órdenes de impedir que el barco se acercara a la costa, un acto que, aunque legal, tuvo un fuerte impacto simbólico. Desde la cubierta, los refugiados podían ver las luces de Miami, pero la proximidad física contrastaba con una absoluta distancia política.

Canadá, por su parte, mostró una postura aún más rígida. El gobierno de Mackenzie King enfrentaba fuertes presiones de sectores católicos conservadores y grupos nacionales que rechazaban la inmigración judía. El director de inmigración, Frederick Blair, defendió públicamente la idea de que Canadá no tenía responsabilidad alguna sobre los refugiados europeos. La frase que resume la política canadiense de la época —“Ninguno es demasiado”— refleja la dureza y frialdad con la que se valoró el destino de cientos de personas.

Trayecto de ida y vuelta del "St. Louis"

En Europa, la diplomacia se movió lentamente. Las organizaciones judías, conscientes de que el regreso a Alemania implicaría la casi segura deportación a campos de concentración, presionaron a los gobiernos occidentales para actuar. Pero en 1939, Europa estaba al borde del colapso político. Francia y el Reino Unido se preparaban para un conflicto abierto con Hitler tras la invasión de Checoslovaquia. Los Países Bajos, Bélgica y otros estados pequeños se encontraban paralizados por la incertidumbre. Sin embargo, ante la creciente presión internacional y con el objetivo de evitar un escándalo diplomático mayor, cuatro países aceptaron repartir a los pasajeros: Reino Unido, Francia, Bélgica y los Países Bajos.

Si bien esta decisión impidió el retorno inmediato de los refugiados a territorio nazi, en realidad fue sólo una solución temporal en un contexto político explosivo. Menos de un año después, Alemania invadió los tres países continentales que habían acogido a los pasajeros. En consecuencia, se estima que alrededor de 254 de aquellos refugiados murieron finalmente en el Holocausto. El fracaso político que había comenzado con el rechazo en Cuba y Norteamérica se convirtió, finalmente, en tragedia bajo la maquinaria genocida nazi.

El viaje del St. Louis dejó una profunda marca en la memoria histórica porque reveló la manera en que intereses políticos, temores electorales, prejuicios ideológicos y cálculos diplomáticos pueden prevalecer frente a necesidades humanas básicas. La demora, la indecisión y la estrategia de “no intervenir” fueron decisiones políticas que contribuyeron directamente a la tragedia. El barco se transformó en un símbolo del costo humano de las políticas migratorias restrictivas y del aislamiento diplomático en tiempos de crisis.

Hoy, el St. Louis sigue siendo una advertencia sobre la responsabilidad de los Estados frente a los refugiados y sobre el peligro de permitir que consideraciones políticas eclipsen la humanidad. Su historia continúa recordando que, en momentos de tensión global, la inacción también es una decisión política—y una que puede costar vidas.

miércoles, 23 de mayo de 2018

La huida de los judíos daneses y el papel de G. F. Duckwitz.

La huida de los judíos daneses y el papel de G. F. Duckwitz.


George Ferdinand Duckwitz

George Ferdinand Duckwitz nació el 29 de septiembre en Bremen, Alemania. Tras su paso por la Universidad comenzó a trabajar en el comercio internacional de café siendo destinado a Escandinavia durante los años 30. Ingresó en el partido nazi en 1932 y ocupó el cargo de agregado naval durante la ocupación alemana de Dinamarca.

En 1940, cuando Alemania atacó Dinamarca, el gobierno danés viendo que toda resistencia armada sería inútil, se rindió al invasor sin apenas lucha En contrapartida, las autoridades nazis de ocupación permitieron al gobierno permanecer en el poder y seguir gobernando a cambio de enviar equipamiento industrial y sobre todo suministro de productos cárnicos a Alemania. En un principio, la población judía de Dinamarca recibió amenazas moderadas a cambio de seguir la política de colaboración. Sin embargo, con el tiempo y en igual medida que el resto de la población la situación fue empeorando debido a un aumento constante de la resistencia. En 1942, en respuesta a esta creciente agitación, el administrador civil de Dinamarca fue reemplazado por Werner Best, conocido por su brutalidad como hombre perteneciente a la Gestapo. Best continuó la política de moderación durante unos pocos meses apoyándose en la figura de G. F. Duckwitz con quien durante este periodo, comenzó a trabajar estrechamente y a confiar sus proyectos.

A finales de 1943, los nazis empezaron a planificar la deportación de los judíos. El plan preveía tomarlos por sorpresa durante la celebración de la fiesta del Rosh Hashanah. De los 7.500 judíos de Dinamarca que se esperaba detener, 5.000 serian deportados a Alemania por medio de dos barcos anclados en el puerto de Copenhague y los 2500 restantes por medios de transporte terrestres.

El 1 de octubre de 1943, Werner Best le habló a G. F. Duckwitz de los planes de deportación. Duckwitz viajo inmediatamente a Berlín para intentar detener el proceso mediante canales oficiales. Cuando vio que fracasaba, viajó hasta Suecia para crear allí red de acogida que sirviese como una especie de santuario para los judíos daneses. Duckwitz volvió a Dinamarca y filtró de la noticia de la deportación a la comunidad judía y al movimiento de Resistencia.


Judíos daneses embarcados hacia Suecia

Cuando los judíos de Copenhague  celebraban la Rosh Hashanah fueron avisados por el rabino de no regresar a sus casas ya que la redada estaba prevista para esa noche. La noticia se extendió rápidamente entre la comunidad judía, al mismo tiempo que la comunidad cristina preparaba apresuradamente refugios para los judíos. Algunos funcionarios llegaron incluso a avisar del peligro a todos los abonados del listín telefónico que tuviera apellidos judíos. Incluso llegaron a esconderse centenares de judíos en los hospitales, concretamente en lugares tan insospechados como en las morgues y en las salas psiquiátricas. Cuando los alemanes fueron a realizar las detenciones, se encontraron con que la mayoría de los judíos de Dinamarca había desaparecido.

Durante las siguientes semanas los ciudadanos judíos llegaron a escondidas a la costa y de allí mediante barcos pesqueros y otros tipos de pequeñas naves fueron transbordados a la neutral Suecia, donde se hallarían protegidos. Al principio, algunos patrones cobraron por el trayecto, sin embargo la propia Resistencia fue organizando la "huida" y previendo cuando eventualidad del transporte como el pago del viaje. Los alemanes al darse cuenta que los judíos estaban abandonando el país y que las autoridades danesas hacían la vista gorda ante este proceso, comenzaron a registrar los barcos mediante perros, en un intento de descubrir la "carga oculta". Desde la Resistencia, se contrarrestó esta técnica de búsqueda mediante una mezcla de sangre de conejo y cocaína que confundía las capacidades olfativas de los sabuesos. Pañuelos impregnados con esta mezcla se distribuyeron por todo el barco. La sangre de conejo atraía a los perros y la cocaína momentáneamente anestesiaba el sentido del olfato impidiendo localizar a los judíos escondidos en los barcos.


 Huida nocturna en un pequeño bote

De los 7.500 judíos que vivían en Dinamarca, menos de 500 fueron detenidos por los nazis.  Estos últimos fueron enviados al campo de concentración de Theresienstadt, pero no fueron abandonados por sus compatriotas. El Gobierno danés se encargó de enviar comida, medicina, ropa y otros suministros a sus ciudadanos internados en el campo de concentración. El gobierno también presionó a las autoridades nazis para que pudieran permitir la entrada de colaboradores de la Cruz Roja para inspeccionar regularmente las condiciones de vida.  Si bien, algunos de los judíos daneses murieron por enfermedad, al final de la guerra más de 400 volverían a sus hogares en Dinamarca.  Al mismo tiempo, un contingente significativo de los judíos que habían escapado a Suecia también regresaron.  A diferencia de los judíos en otros países que volvieron y encontraron sus hogares saqueados, los judíos daneses volvieron a encontrar sus plantas regadas, alimentadas sus mascotas y sus hogares atendidos por sus amigos y vecinos.

Tras la guerra G.F. Duckwitz fue embajador de Alemania en la misma Dinamarca y tanto él mismo como el  movimiento de Resistencia danesa recibieron el tratamiento honorifico de Justo entre la Naciones concedido por el Yad Vashem por su labor en la fuga de los judíos daneses.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Kindertransport II

Kindertransport 

Proviene de Kindertransport I


Niños austriacos llegando a Londres

Gente de diversas de creencias, cristianos de distintas corrientes, incluyendo cuáqueros, junto con judíos,  colaboraron en este esfuerzo para rescatar del horror nazi todos los  niños posibles niños principalmente judíos. En este esfuerzo cabe destacar a Lola Hahn-Warburg, miembro de una prominente familia de banqueros judíos de origen alemán que estableció el marco para la evacuación de judíos en fecha tan temprana como en 1933 mucho antes que se estableciese del programa de Kindertransport a Inglaterra; Wilfrid Israel otro empresario judío alemán, quien utilizó su extensa red de contactos personales para garantizar el pasaje de innumerables judíos; el ex primer ministro británico Stanley Baldwin, que apeló en diciembre de 1938 a la conciencia británica a través de una emisión de la BBC en apoyo del Fondo Lord Baldwin para los Refugiados; Vizconde Walter Horacio Samuel; Sir Wyndham Deedes; Rebecca Sieff; el rabino Solomon Schoenfeld cuyos esfuerzos fueron responsables del rescate de casi 1.000 niños judíos ortodoxos; posteriormente Sir Nicholas Winton, quien trabajando con Trevor Chadwick, Doreen Warriner y Bill Barazetti, salvó a 669 niños checoslovacos; el académico Norman Bentwich; los cuáqueros Bertha Bracey y Jean Hoare, primo de Sir Samuel Hoare, quien sirvió de guía en un avión lleno de niños procedentes de Praga; trabajadores sociales en las comunidades judías de Viena, como Franzi Danneberg-Löw que más tarde se convirtió en el protector de los niños judíos que se quedaron  en Viena después de último Kindertransport; y líderes del movimiento de juventud alemán en Berlín, como Norbert Wollheim que viajo como acompañante de los niños y que rechazó una plaza en el último viaje por no abandonar en Berlín a su esposa e hijo en Berlín, en 1943 fue deportado a Auschwitz.

Cabe destacar de forma individual a Geertruida (Truus) Wijsmuller-Meijer, una cristiana holandesa, que se atrevió a apelar directamente al oficial de las SS, Adolf Eichmann en Viena antes de dirigir la evacuación de 600 niños en un solo tren. Ella también ayudó a pasar de niños de "contrabando" en barco desde  Marsella a Palestina. Aceleró la evacuación desde una Ámsterdam incendiada del carguero Bodegraven, que zarpó desde IJmuiden, Países Bajos, hasta Dover, Inglaterra, el 14 de mayo de 1940, el día que Rotterdam fue bombardeado y los Países Bajos se rindieron a los alemanes. La nave fue ametrallada por disparos procedentes de aviones de combate alemanes.


  1. SS Bodegraven
Una vez en Gran Bretaña los niños que ya tenían de antemano asignadas las familias de acogida fueron llevados a Londres y de ahí a sus destinos; aquellos que no tenían un destino predeterminado se quedaban en campamentos de verano hasta que se les asignase la familia de acogida, el albergue o las escuelas correspondientes. Entre las organizaciones que facilitaron el alojamiento de los niños cabe resaltar a la B'nai B'rith, una organización judía, el Movimiento para los Niños Refugiados, la YMCA o Asociación Cristiana de Jóvenes, la Sociedad de Amigos, el Consejo De Emergencia Religiosa del Gran Rabino y diversas organizaciones judías y no judías. Donaciones privadas tanto de dinero y ropa a las casas de acogida, también desempeñaron un papel importante en el devenir del programa de acogida.

Los niños, pocos de ellos sabían el idioma inglés, se dispersaron a través de todo el territorio del Reino Unido. Existieron dos situaciones claramente diferenciadas en referencia a la estancia de los niños y jóvenes en Gran Bretaña, entre aquellos que fueron individualmente acogidos en casas particulares y aquellos que permanecieron agrupados en albergues. Entre estos últimos los mayores de 14 años realizaron un corto cursillo de integración y pasaron a formar parte de la población activa de Gran Bretaña realizando generalmente tareas en el servicio domestico y en el sector agrícola. La mayoría de las familias de acogida, judías y no judías, trataron a los niños de forma correcta desarrollando fuertes lazos de unión entre ambas partes. Sin embargo se dieron casos aislados de maltrato y abuso. Al llegar a los 18 años, algunos jóvenes procedentes de Alemania ingresaron de forma voluntaria en las fuerzas armadas britanicas y australianas para combatir al enemigo nazi.

En la primavera de 1940 se instaló en Gran Bretaña un sentimiento colectivo de la presencia de una "Quinta Columna" de simpatizantes nazis dentro del país, por lo que para impedir esa posible colaboración, refugiados judíos, alemanes y austriacos no judíos, italianos y demás personas sospechosas de ser posibles espías alemanes fueron internados por el Gobierno británico. Más de 1.000 chicos y chicas del Kindertransport mayores de 16 años fueron internados en la isla de Man y otros asentamientos. Por otra parte, jóvenes varones procedentes del Kindertransport fueron enviados a Canadá en los mismos barcos donde se trasladaban al cautiverio prisioneros de guerra alemanes, otros fueron trasladados a Australia a bordo del tristemente famoso navío Dunera, denominado como el "barco del infierno" debido a las condiciones de hacinamiento y el trato terrible a los extranjeros impuesto por los guardianes británicos. Ante estos casos de internamiento y falta de humanidad se produjeron en la vida pública británica muestras de oposición, sobre todo tras el hundimiento en julio de 1940 del Arandora Star por parte de un submarino alemán, donde viajaban de 1.200 personas, llevándose al fondo del mar aproximadamente 800 vidas, incluyendo refugiados  alemanes y austríacos. Es por esta razón por la cual un gran número de todos aquellos que habían sido deportados fueron devueltos a Gran Bretaña.



Memorial Kindertransport en Berlín

Después de la guerra, muchos niños y jóvenes del programa de transporte de niños se convirtieron en ciudadanos de Gran Bretaña, o emigraron a Israel, Estados Unidos, Canadá y Australia. La mayoría de estos niños nunca más volverían a ver a sus padres, desaparecidos durante el Holocausto.

lunes, 22 de mayo de 2017

Kindertransport I

Kindertransport



Pasaporte de Gertrud Gerda Levy, que partió de Alemania en agosto de 1939 en un transporte de niños (Kindertransport) a Gran Bretaña. Berlín, Alemania, el 23 de agosto de 1939.

Antes incluso del comienzo de la Segunda guerra Mundial, la situación del pueblo judío en Alemania era desoladora, y siempre que existe ese ambiente discriminatorio hacia un colectivo en general, son los niños, al ser los seres más indefensos quienes con mayor virulencia les afecta esa realidad. Si bien los países occidentales tuvieron una actitud tibia por no decir fría ante las peticiones de asilo por parte del pueblo judío que pretendía salir de una Alemania hostil, se produjeron acciones remarcables de solidaridad. Una de ellas fue la denominada Kindertransport. Fue en un programa de evacuación autorizado por el gobierno británico llevado a cabo antes del inicio de las hostilidades por colectivos seculares y religiosos por el cual se salvaron aproximadamente 10.000 niños y jóvenes de edades por debajo de los 17 años, la mayoría de ellos judíos procedentes de Alemania, Austria Checoslovaquia, Polonia y la ciudad libre de Danzig. La evacuación comenzó después de los pogromos contra los judíos promulgados tras la Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos del 9 al 10 de noviembre de 1938 cuando los nazis atacaron las propiedades y a las personas judías, con posteriores detenciones en masa. En teoría el Kindertransport finalizó el 1 de septiembre de 1939 con el estallido del conflicto mundial pero se siguieron rescatando niños hasta 1940.

Orígenes y operativa del Kindertransport.

 En los meses siguientes a la subida al poder de Adolf Hitler y su partido nazi en Alemania, a principios de 1933, decenas de miles de judíos salieron del país. Sin embargo, ese ritmo de emigración rápidamente comenzó a enlentecerse al ser cada vez más difícil conseguir el visado correspondiente. El presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt respondió a este "problema de los refugiados", es decir, la incapacidad de los judíos de la Alemania nazi para encontrar países dispuestos a ofrecerles refugio, proponiendo una conferencia. Desde el 6 de julio de 1938, representantes de 32 países se reunieron durante 10 días en la estación francesa de Évian-les-Bains. A pesar de acabar la reunión con grandes proclamaciones, cierto es que la denominada Conferencia de Évian apenas aclaró la situación de los judíos en Alemania y aún menos dio soluciones. Hubo discusiones sobre potenciales lugares de asentamiento, pero la mayoría de los países seguía estando con poca o nula disposición a admitir inmigrantes. Los participantes tan solo acordaron fijar nuevas reuniones en el futuro para seguir planteando alguna posible solución.



Familias despidiendo a sus hijos 

Mientras tanto, la persecución de los judíos en Alemania y Austria se intensificaba espectacularmente, alcanzando el punto álgido durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, con el pogromo conocido como Kristallnacht o "Noche de los Cristales Rotos". Se produjeron disturbios contra los judíos por todo el país, más de 1.000 sinagogas fueron incendiadas o destruidas mientras los bomberos permanecían inmóviles, actuando sólo si los incendios amenazaban con extenderse a los edificios vecinos; más de 7.500 negocios regentados por judíos fueron saqueados. Cementerios, hogares, escuelas y hospitales judíos sufrieron dañados; y al menos 91 judíos fueron muertos; posteriormente miles de judíos fueron arrestados e internados en campos de concentración.

Incluso tras los graves acontecimientos ocurridos durante la Kristallnacht, muy pocos países abrieron sus puertas a los refugiados judíos, que hasta el cierre de las fronteras con el inicio de la Segunda Guerra Mundial aún se les permitió salir de Alemania, eso sí, siempre lo hacían sin dinero ni posesiones. Durante el Tercer Reich, los judíos lucharon inútilmente por encontrar un país que les ofreciese refugio.

Después de la Kristallnacht, el Parlamento británico respondió a las llamadas de atención llevadas a cabo por el Comité de Refugiados Judíos Británicos con un debate en la Cámara de los Comunes el 21 de noviembre de 1938. Aunque el Gobierno británico ya  había concretado un cupo de inmigración judía destinado a su mandato de Palestina, varios factores contribuyeron a la decisión de permitir que un número no determinado de niños menores de 17 años pudiesen ser acogidos en el Reino Unido como la diligencia por parte de los abogados de los refugiados, la creciente conciencia de las atrocidades contra los judíos en Alemania y Austria y las simpatías projudias de políticos de alto rango. Para "asegurar su restablecimiento final" se emitió un bono de 50 libras para cada niño y que especificaba que una vez la crisis pasara, los niños volverían a reencontrarse con sus padres. Para ratificar esta percepción los niños viajaron con documentos de transito temporales.



Grupo de muchachas judias del programa de evacuación Kindertransport

El 1 de diciembre de 1938, menos de un mes después de la Kristallnacht, el primer contingente de niños partió en barco desde Alemania. Al día siguiente, llegaron a Harwich, Inglaterra, 196 niños procedentes de un orfanato judío de Berlín incendiado por los nazis el 9 de noviembre. La mayoría de las posteriores evacuaciones utilizaron el tren para viajar. Desde las principales capitales centroeuropeas como Viena, Berlín, Praga y otras ciudades importantes, los niños de pequeños pueblos viajaban previamente hasta la capital, partieron trenes que tras cruzar las fronteras belga y holandesa llegaban a los puertos para posteriormente embarcar con destino a Inglaterra. En su mayoría, esos niños nunca volvieron a ver a sus padres.

Continúa en Kindertransport II

jueves, 28 de mayo de 2015

"Redada de Marsella"

"Redada de Marsella"


Imagen aérea del puerto de Marsella durante la redada de enero de 1943.

La denominada "Redada de Marsella" tuvo lugar en el puerto viejo de Marsella, los días 22 hasta 24 de enero de 1943.  La ciudad estaba desde la ocupación alemana el año anterior de Francia entera, bajo el gobierno títere de Vichy. Asistidos por la policía francesa, dirigida por René Bousquet, los alemanes organizaron y perpetraron una redada con la finalidad de arrestar a la población judía y su posterior deportación. La policía revisó los documentos de identidad de 40.000 personas, y envió a 2.000 marselleses, en un primer momento a Fréjus, posteriormente al campamento de Royallieu cerca de Compiègne, en la zona norte de Francia y por ultimo al campo de concentración de Drancy, última parada antes de ser trasladados a los campos de exterminio. La operación también supuso el desalojo de un barrio entero antes de su destrucción. Situado en el puerto viejo, el 1º Distrito , con sus 30.000 habitantes, estaba considerado por los alemanes como un "nido de terroristas" debido a sus calles pequeñas, estrechas y llenas de escondrijos. Para esta acción represiva, el líder de la SS Karl Oberg, a cargo de servicio de seguridad alemán en Francia, viajó desde Paris a Marsella y transmitió a Bousquet las órdenes recibidas directamente de Himmler. Es un notable caso de colaboración dolosa de la policía francesa con los ocupantes alemanes.

La operación estaba destinada a remodelar la zona de puerto viejo, un barrio popular repleto d pequeñas casas y calles sinuosas que eran consideradas peligrosas por las autoridades alemanas. Los alemanes querían llevar a cabo un plan urbanista preparado por los arquitectos franceses que apoyaban la ideología de la "revolución nacional" (Révolution nationale) apoyada por el gobierno de Vichy. Decidieron destruir casi totalmente el 1º arrondissement (distrito) de Marsella. Según órdenes directas de Himmler la población detenida debía ser evacuada a los campos de concentración en la zona norte de Francia. En el puerto viejo, la policía alemana fue a buscar casa por casa a los sospechoso, con la asistencia de sus homólogos franceses y posteriormente volar dinamitar los edificios.

Por orden del jefe de gobierno de Vichy, Pierre Laval, Bousquet pidió el 14 de enero de 1943 que se pospusiese la operación hasta una semana más tarde, y así poder organizar  mejor la redada y conseguir reunir un mayor número de refuerzos. Además, si bien los alemanes tenían intención de actuar únicamente sobre el 1º Distrito de Marsella, Bousquet espontáneamente propuso extender la operación a toda la ciudad. Según el historiador Maurice Rajsfus, también pidió la total libertad de acción para la policía francesa, petición que obtuvo del mismo SS Karl Oberg.

Según el historiador Jacques Delarue, quien fue testigo de la operación,  200 agentes de policía  desplazados desde  de París y en otras ciudades, 15 compañías del GMR (Groupes mobiles de réserve o grupos antidisturbios) y mas escuadras de la policía francesa -la gendarmería y de guardias móviles fueron destinados a esta operación. En total, "aproximadamente 12.000 policías fueron concentrados  en Marsella". El 22 de enero de 1943 el puerto viejo se cerró completamente el barrio del Viejo Puerto.  Toda la ciudad, con excepción de los barrios residenciales más ricos, fue registrada casa por casa durante un período de 36 horas. "En total, después de decenas de miles de controles, casi 2.000 marselleses... se hallaron dentro de los trenes de la muerte." escribió el historiador Maurice Rajsfus.  1.500 edificios fueron destruidos.



Demolición de edificios en el viejo puerto marsellés.

La Prefectura de la provincia de Bouches-du-Rhône, donde se encuentra Marsella, publicó el 24 d enero la siguiente declaración:

“Por razones de orden militar y para garantizar la seguridad de la población, las autoridades militares alemanas ordenaron oficialmente a la administración francesa proceder inmediatamente con la evacuación de la parte norte del puerto viejo. Por su parte, la administración francesa decidió por motivos de seguridad interna llevar a cabo una gran operación policial de eliminación de ciertos elementos de Marsella cuyas actividades planteaban  grandes riesgos a la población. La administración francesa trabajó duramente para evitar mezclar las dos operaciones. Considerables fuerzas de policía llevaron a  cabo numerosas búsquedas en el barrio.  Distritos enteros fueron rodeados y se realizaron controles de identidad. Más de 6.000 personas fueron detenidas y se verificaron 40.000 identidades”

El periódico Le Petit Marseillais de 30 de enero de 1943 añadía:

“ Debe quedar claro que las operaciones para la evacuación de puerto viejo se llevaron a cabo exclusivamente por la policía francesa y que no dieron lugar a incidentes”.

Los periódicos alemanes también se hicieron eco de la operación.
Walther Kiaulehn escribió en el periódico militar alemán Signal:

“ En el futuro, cuando escribiremos la historia de Marsella, se pondrá de relieve esta notable hazaña al haber evacuado el patricio viejo barrio marsellés, que había sido deshonrado en el siglo XX. La operación fue realizada por policías franceses y alemanes, así como un grupo de ingenieros y médicos”.

Mientras 30.000 marselleses fueron expulsados de su barrio, gente del mundo criminal, como Paul Carbone, se entregó voluntariamente a la policía al principio de la semana,  para ser encarcelado y evitar la deportación. Varios cientos de judíos de Marsella, ya fuesen franceses o extranjeros, fueron enviados primero  a Fréjus, después al campo de Royallieu cerca de Compiègne y finalmente al campo de concentración de Drancy , de donde fueron enviados a los campos de exterminio. En total, 2.000 judíos subieron a los trenes de la muerte. El 23 de marzo de 1943, Röthke, un oficial de las SS señaló que los judíos franceses detenidos en Marsella eran casi todos "canallas criminales" "tal y como la policía francesa me dijo en varias ocasiones sin haber pedido ninguna explicación" y que "cuando fueron trasladados de Compiègne a Drancy, primero tenían que someterse a una operación de limpieza especial porque estaban tan sucios y llenos pulgas que la dirección del campo francés juzgó necesaria una intervención inmediata para evitar las epidemias en el campo".

Judíos franceses escoltados por soldados franceses


En resumen, la redad del 22 al 24 de enero de 1943 en Marsella fue un ejemplo claro de colaboracionismo entre las autoridades policiales del régimen de Vichy y la Alemania nazi, mas aun en una zona ocupada de facto por los alemanes, demostrando de esta manera aun con mayor evidencia, el carácter de estado títere que tenia la Francia de Vichy respecto a la Alemania de Hitler.

martes, 18 de noviembre de 2014

Carta antisemita de una alemana

Carta antisemita de una alemana


Carta, en este caso de amor remitida a Adolf Hitler



¡Estimado señor Hitler!

Como miembro del NSDAP, me preocupa mucho lo siguiente: para que nuestros trabajos puedan verse realmente libres de judíos, deberíamos comprometer a nuestros miembros a sellar un pacto para no comprarles a los judíos, de manera que podamos ir sacándolos gradualmente del comercio al por menor. Con ello volveríamos a asegurar la posición de la clase media. Esto será mas difícil de efectuar en el comercio al por mayor, ya que en la confección y la venta de zapatos se trabaja mayoritariamente con capital judío, pero localmente nuestro movimiento recibiría un gran estimulo mediante estas medidas decisivas.

En la mayoría de los casos, esto se debe a la mera estupidez de las personas, ¡¡ y el judío goza silenciosamente por los tontos compradores alemanes !! Y él, claro, les compra únicamente a sus correligionarios.
Con un Heil combativo y lealmente alemán.

Su atenta servidora

Frau von Ponief


Esta es la carta que fue enviada un 28 de febrero de 1930 desde Peenemünde a Adolf Hitler. La respuesta por parte de la secretaría de Hitler fechada el 6 de marzo, probablemente escrita por Rudolf Hess, es la siguiente:

Estimada señora

El señor Hitler le transmite su agradecimiento por la carta del 28 de febrero y las sugerencias que expone usted en ella. De cualquier forma, ya se prevé motivar a los camaradas del partido, mediante las debidas invitaciones en nuestra prensa, para que, en el futuro y en la medida de lo posible, compren donde sus copartidarios.

Por desgracia, la invitación a no comprar donde los judíos sería considerada como un prejuicio comercial y, por ende, sancionable, al menos en tanto se haga referencia a éstos por su nombre.

Con un saludo alemán

Su atento servidor.


Diversas reflexiones puedan aparecer tras la lectura de sendas cartas escritas en la Alemania pre nazi. El sentimiento antisemita ya se observa perfectamente arraigado dentro de parte de la sociedad alemana, e incluso focalizado en aquel punto donde más daño puede realizarse por lo menos de forma encubierta; la microeconomía particular del individuo, en este caso el comerciante judío al por menor. La respuesta ofrecida por el partido nazi es acorde con la fecha de la carta. En 1930 ya se había mostrado claramente el carácter antisemita de la ideología nacionalsocialista pero el no haber alcanzado el poder político, se les impedía de forma evidente atentar de forma abierta contra los intereses judíos por medio a las sanciones pertinentes sin embargo ya se dejaba traslucir las intenciones veladas del partido nazi con la frase final de la respuesta; al menos en tanto se haga referencia a éstos por su nombre.




Estas dos cartas estas referidas en el libro "Cartas a Hitler" del autor Henrik Eberle y editorial Tempus. Libro muy recomendable ya que es una colección de cartas enviadas al máximo dirigente nazi, desde 1924 hasta 1945, por personajes anónimos como Frau von Ponief que dan mucho que pensar y debatir.

martes, 3 de junio de 2014

La conferencia de Evian

La conferencia de Evian


Hotel Royal, lugar de las sesiones de la Conferencia de Evian

Adolf Hitler tomó el poder en 1933. Desde un primer momento tuvo a los judíos en su punto de mira. Si bien la idea del exterminio globalizado que se puso en práctica años después no estaba en su orden del día, si que existía la intención de hacer la vida imposible a todos los judíos que vivían en Alemania. paulatinamente y en todos los sectores de la vida social de Alemania, las ahora plenipotenciarias autoridades nazis comenzaron a presionar a los judíos obligándoles a plantearse la salida de Alemania. El objetivo de Hitler era conseguir una patria libre de judíos.

Desde y en un primer lugar, las secciones de asalto de la SA comenzaron a coaccionar a los propietarios judíos de comercios por medio de pintadas, actos violentos e incluso ataques físicos, con el visto buenos de las fuerzas de seguridad que comenzaban a estar controladas por miembros del propio partido nazi. La sociedad alemana si bien al principio podía disgustarse con este tipo de actuaciones, poco a poco y con la maquinaria propagandística detrás fue aceptándolas como algo casi ineludible.

Al hacerse con el control legislativo y ejecutivo, Adolf Hitler y sus acólitos del partido nazi dieron un paso más adelante en la coacción y exclusión social de los judíos. en primer lugar con la Ley para la Restauración del Servicio Civil Profesional que prohibía a los judíos ocupar cargo alguno en la administración pública y posteriormente con la leyes de Nuremberg, ideadas y redactadas bajo la inteligente y capaz mente del principal jurista del gobierno nazi; Wilhem Frick. Fue en septiembre de 1935 cuando estas leyes consiguieron socavar la voluntad del pueblo judío que vivía en Alemania con la intención de forzar su salida. Dichas leyes eran una vuelta más de tuerca para las condiciones sociales y económicas de los judíos pues impedían los matrimonios entre judíos y alemanes no judíos, impedían el ejercicio de profesiones liberales a los judíos,  impedían a empresarios alemanes contratar en sus empresas a personal judío.

Todas estas presiones por parte del propio gobierno nazi obligo a miles de judíos a emigrar de Alemania, circunstancia buscada por Hitler desde un primer instante. Fueron los judíos de la clase alta los que en primer lugar partieron de su patria pero poco a poco y exponencialmente el numero de judíos iba aumentando, pasando de ser un fenómeno puntual a ser un fenómeno a tener en cuenta que obligó en cierta manera a crear algún tipo de reglamento que controlase dicho flujo de personas.


Mapa del flujo de exiliados judios de Alemania.

Por esta razón se produjo en la localidad francesa de Évian-les-Bains a petición del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, una cumbre entre dirigentes de casi todos los países influyentes de la época a nivel mundial, con la finalidad de discutir sobre los permisos, cuotas y regulación de la emigración de ciudadanos alemanes de origen judío y su acogida en las naciones  de destino. Dicha cumbre acabó denominándose como Conferencia de Evian.

A dicha conferencia acudieron delegados de 32 países así como representantes de organismos internacionales judíos como la Agencia Judía, el Congreso Judío Mundial y la Organización Sionista Revisionista. Dentro del conjunto de delegados oficiales existió una gran variedad  de  estereotipos; desde delegados latinoamericanos cortados por el patrón de políticos más dados a pasar unos días de vacaciones pagadas en un lujoso hotel hasta políticos más técnicos de los países del norte de Europa, si bien a lo mejor más preocupados por la cercanía del problema. Cabe destacar las delegaciones del Reino Unido, Francia y los EEUU como numerosas y formadas por personas de amplia valía.

De la misma manera que a lo mejor sucedía dentro de la mayoría de la población germana, el problema judío fue observado por casi todos los asistentes a la Conferencia de  Evian de forma similar. Casi todos los asistentes demostraban buena voluntad y comprensión frente a los exiliados judíos del Tercer Reich y poco más. Querían que la situación mejorase pero en cambio no ofrecieron ninguna solución al conflicto, no dieron muestra alguna de acoger a miles de personas que había que alimentar, dar trabajo dar alojamiento en definitiva darles vida.


Myron Taylor, delegado de EEUU pronunciando un discurso 

incluso el antisemitismo estaba presente en estos países, seguramente no de la misma forma que en Alemania pero sí que calaba hondo en algunas capas de la sociedad, a veces, capas poderosas. Fuese por la razón que fuese, la Conferencia de Evian finalizó con un fracaso rotundo. Nadie quiso acoger a los refugiados judíos de la Alemania de Hitler, fue directamente una decepción mas de la Sociedad  de Naciones o de lo que representaba este ineficaz organismo internacional, es decir, la conjunción de intereses comunes de países distintos para el beneficio común, sin embargo, si fue un éxito para Hitler, ya que de forma indirecta pudo decir al mundo que las democracias que se quejaban de la actuación del gobierno nazi frente a los judíos ni tan siquiera habían podido conseguir dar una solución a dicho problema.

La frase publicada en The Guardian por Jaim Weizmann resume claramente todo lo discutido en la Conferencia de Evian:

"El mundo parece estar dividido en dos partes: Una donde los judíos no pueden vivir y la otra donde no pueden entrar".

Seguramente, ninguno de los asistentes al lujoso hotel de la turística localidad gala podía pensar, ni siquiera imaginarse las consecuencias de su propias decisiones pero hoy en día nadie discute de la trascendencia para miles, incluso centenares de miles de judíos, de las nefastas deliberaciones que tuvieron lugar en Evian entre el 6 y el 14 de julio de 1938. Fue dar la espalda a las acciones genocidas que ya estaban produciendo en Alemania y que acabaron, tras la conferencia de Wansee de 1942 con la denominada Solución Final.


Fue tal vez el antisemitismo pasivo de las naciones que no vieron o no quisieron ver los sufrimientos de los judíos quien dio fuerzas a Hitler y sus seguidores a la hora de tomar decisiones de mayor magnitud y naturaleza mas inhumana para el destino de los judíos. Sea como fuese, está más que claro que el porvenir de millones de personas, por desgracia, comenzó a orillas del lago Leman, en el verano de 1938.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Jüdischer Kulturbund

Jüdischer Kulturbund


Concierto en la sinagoga Herzog-Max-Straße, Munich, 18 mayo 1938

La Jüdischer Kulturbund, o mejor dicho Der Jüdische Kulturbund fue una federación cultural alemana formada por judíos. Fundada en 1933 llegó a contratar a más de 1300 hombres y 700 mujeres entre artistas, músicos y actores que habían sido despedidos de instituciones alemanas. Dicha federación llego a tener hasta 70.000 miembro según algunos autores, incluso, Saúl Friedländer habla de por lo menos 180.000 asociados. En dos etapas claramente diferenciadas se subdivide la acción cultural de la Jüdischer Kulturbund en Alemania durante el periodo gobernado por el partido nazi.

1933-1937

La organización fue originalmente llamada en 1933, Kulturbund Deutscher Juden  o Federación Cultural de los judíos alemanes, pero en abril de 1935 las autoridades nazis – obligando a la organización la eliminación del término alemán del propio nombre – impusieron el  cambio hacia la nomenclatura final de Jüdischer Kulturbund, es decir, la Federación Cultural judía, que pronto fue conocida como el Kubu. Dicha institución fue creada por artistas judíos parados con el consentimiento de los Nazis pero solo "para" la población judía. Los Nazis permitieron esta asociación para ocultar su opresión de los judíos. La Kulturbund fue uno de los ejemplos más famosos de la creatividad judía en respuesta a su exclusión cultural. Proporcionó una oportunidad  de ocio a sus 70.000 miembros en cuarenta y nueve diferentes locales diseminados por la geografía alemana.

Después de la exclusión de alemanes judíos y gentiles alemanes de  ascendencia judía de la pertenencia  en casi todas las organizaciones y eventos públicos, la Kulturbund Deutscher Juden intentó proporcionar algún tipo de compensación hacia este maltratado segmento de población, como intentó la organización Israelitisches Familienblatt.

La Kulturbund estuvo presente en representaciones teatrales, conciertos, exposiciones, óperas y conferencias por toda Alemania, realizadas por artistas judíos, artistas, escritores, científicos, etc. Cuyo permiso  para aparecer ante el público había sido negado por el régimen del partido Nazi. Así los artistas judíos podrían ganarse otra vez su escaso salario. Las actuaciones se llevaron a cabo en lugares autorizados con la particularidad de existir segregación racial pues, “solo judíos” podían asistir, acotando la presencia a judíos alemanes y alemanes de ascendencia judía y sus eventuales cónyuges, judías o no.


Programa de la Kulturbund Deutscher Juden

1938 – 1941

Tras los pogromos de la Kristallnacht de la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938,a  la Kulturbund aun se le permitió continuar con sus actividades, sin embargo, la discriminación y la persecución de los judíos condujo a muchos de sus integrantes hacia unas altas tasas de empobrecimiento. Por esta razón se redujo el número de sedes y de miembros.

El 16 de diciembre Hans Hinkel, comisionado de asuntos teatrales del Estado de Prusia  donde estaba incluida la Kulturbund, dentro el Ministerio de Propaganda del Reich de Goebbels, declaró ante el Dr. Werner Levie (1903–1945),  holandés y por lo tanto, uno de los pocos miembros disponibles – ya que estaba ni en la clandestinidad ni detenido – del Consejo Ejecutivo de la Kulturbund, que hasta finales de diciembre todos las setenta y seis editoriales judías todavía existentes o bien fuesen cerradas o bien traspasadas a propietarios arios. Las pocas editoriales, que todavía aun pudieron permanecer abiertas, debían ser dirigidas por un departamento editorial que se formó en la propias Kulturbund. En enero de 1939 ese departamento editorial comenzó sus actividades en las antiguas oficinas utilizadas por la organización sionista Jüdische Rundschau, que había sido cerrado justo después de la fatídica Noche de los Cristales Rotos, con su ex director, Erich Liepmann, como máximo responsable del departamento editorial. La Kulturbund logró salvar una gran cantidad de las existencias de libros de las mismas editoriales antes de ser destruidos. Levie alcanzó la concesión, aunque los editores judíos fueron obligados a liquidar sus empresas, podría exportar sus existencias de libros por cuenta propia hasta abril de 1939 si los respectivos compradores pagaban en divisas por el Reichsbank. Sin embargo, los editores solo podían pagar con los inconvertibles Reichsmarks.

El  departamento editorial de la Kulturbund compró os restantes stocks  de libros a sus antiguos propietarios con un descuento de 80% a 95% del precio original y sólo pagaría, una vez se materializasen los beneficios de las ventas en el extranjero o a judíos alemanes o austriacos así como a alemanes de ascendencia judía. También en Austria, anexionada a Alemania en marzo de 1938, el departamento editorial de la Kulturbund realizó el mismo tipo de actuación que en Alemania. El departamento editorial de la Kulturbund pudo, de esta manera, vender libros de sus stocks a los judíos alemanes y austriacos y así crear un superávit, que fue destinado para cubrir en parte las pérdidas en el Departamento de ejecución. Una suma considerable fue transferida a la oficina central para la emigración judía, pagar tasas las de emigración impuestas a los afortunados receptores de visados extranjeros, que por desgracia eran demasiado pobres para pagárselos.

El Ministerio de la Propaganda sólo permitió que la Kulturbund siguiese existiendo, si cambiaría sus estatutos para que el ministro, en este caso Goebbels pudiese, en cualquier momento, interferir en los asuntos de la Junta Ejecutiva, incluso disolver la propia Kulturbund y disponer de sus bienes. Los estatutos modificados entraron en vigor el 4 de marzo de 1939.

El secretario ejecutivo de la Kulturbund, Levie regresó a Holanda a finales de agosto de 1939. Fue sucedido en primer lugar por Johanna Marcus, que pronto también emigró y luego por Willy Pless. No obstante, las actividades de la Kulturbund siguieron siendo aceptadas por la población judía que previamente habían sido eliminados de cualquier acto cultural o de entretenimiento.

El 11 de septiembre de 1941, la Gestapo ordenó el cierre de la Kulturbund, salvo su departamento editorial, que debía ser traspasado a la Reichsvereinigung der Juden in Deutschland.


Irónicamente, los mismos observadores estatales de los judíos admitieron que fue mediante la Kulturbund cuando se produjeron en la Alemania Nazi las mejores obras de teatro, cabaret, conciertos opera… por ejemplo, el 14 de noviembre de 1933, se estrenó la primera ópera producida, “Las bodas de Fígaro” con Joseph Rosentock como director, un judío perteneciente a la Kulturbund.