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jueves, 23 de abril de 2026

El viaje del St. Louis: política, diplomacia y tragedia en vísperas de la guerra

 

El viaje del St. Louis


Postal del barco SS St- Louis. Mayo de 1939

El viaje del St. Louis en 1939 se ha convertido en uno de los casos más paradigmáticos del fracaso político y diplomático que precedió al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de la odisea humana de los más de 900 judíos que intentaron escapar de la Alemania nazi, el episodio revela la profunda crisis moral y política de los países democráticos, atrapados entre sus propias tensiones internas, el auge de sentimientos xenófobos y el temor a un conflicto inminente. En última instancia, el viaje simbolizó cómo la burocracia estatal y la política exterior, lejos de ser neutrales, pueden determinar el destino de miles de vidas.

El St. Louis, un transatlántico de la Hamburg-Amerika Linie, zarpó el 13 de mayo de 1939 con 937 refugiados judíos que habían obtenido visados para entrar en Cuba. Estos visados, gestionados en gran parte por el director del Departamento de Inmigración cubano, Manuel Benítez, se encontraban en una situación ambigua: eran documentos caros, adquiridos a través de intermediarios y su validez legal era cuestionable incluso antes de la partida. El gobierno cubano ya sufría presiones internas: sectores ultraconservadores denunciaban una “invasión” de refugiados europeos, mientras que grupos empresariales temían que su llegada alterara el mercado laboral en plena recesión económica.

Cuando el barco llegó a La Habana el 27 de mayo, la situación política cubana había cambiado radicalmente. El presidente Laredo Brú, bajo presión de militares, nacionalistas y grupos antisemitas, anuló la mayoría de los visados. Además, el gobierno buscaba reforzar su autoridad interna y mostrarse firme ante lo que consideraba un abuso de su soberanía. Cuba atravesaba un periodo de inestabilidad política, con fuertes tensiones entre el Ejecutivo y sectores opositores, por lo que la llegada del St. Louis se convirtió en un asunto de prestigio nacional. Aceptar a los refugiados podía interpretarse como una debilidad frente a presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos.

Mientras tanto, la presencia del barco generó fuertes movimientos especulativos. Intermediarios cubanos exigieron grandes sumas de dinero para permitir el desembarco: una mezcla de corrupción, oportunismo y desesperación se apoderó del ambiente. La crisis se agravó cuando organizaciones judías internacionales intentaron negociar, sólo para encontrarse con un gobierno que usaba a los refugiados como instrumento político.

Refugiados a bordo del "St. Louis" esperan para saber si Cuba les permite la entrada. Cerca de la costa de La Habana, Cuba, 3 de junio de 1939.

La dimensión internacional del conflicto se hizo evidente rápidamente. Estados Unidos, aunque influía considerablemente en la política cubana, decidió no intervenir de manera directa. La administración Roosevelt se hallaba en un momento crítico: las políticas aislacionistas dominaban el Congreso y la opinión pública, aun marcada por los efectos de la Gran Depresión y por campañas nativistas, es decir, favorecer a los nacidos en el país frente a inmigrantes, considerando a estos últimos como una amenaza cultural, económica o política. Roosevelt, aunque personalmente simpatizaba con la causa humanitaria, sabía que abrir excepcionalmente las cuotas migratorias podía desencadenar un conflicto político interno. La derecha estadounidense difundía rumores de que los refugiados judíos podían incluir “infiltrados” alemanes enviados como espías, argumento que reforzó la negativa oficial.

Cuando el St. Louis se dirigió lentamente hacia Florida, el debate político en Estados Unidos se intensificó. Algunos senadores propusieron permitir el desembarco como gesto humanitario, pero el Departamento de Estado defendió la línea dura: la ley de cuotas era inviolable y no se harían excepciones. La Guardia Costera recibió órdenes de impedir que el barco se acercara a la costa, un acto que, aunque legal, tuvo un fuerte impacto simbólico. Desde la cubierta, los refugiados podían ver las luces de Miami, pero la proximidad física contrastaba con una absoluta distancia política.

Canadá, por su parte, mostró una postura aún más rígida. El gobierno de Mackenzie King enfrentaba fuertes presiones de sectores católicos conservadores y grupos nacionales que rechazaban la inmigración judía. El director de inmigración, Frederick Blair, defendió públicamente la idea de que Canadá no tenía responsabilidad alguna sobre los refugiados europeos. La frase que resume la política canadiense de la época —“Ninguno es demasiado”— refleja la dureza y frialdad con la que se valoró el destino de cientos de personas.

Trayecto de ida y vuelta del "St. Louis"

En Europa, la diplomacia se movió lentamente. Las organizaciones judías, conscientes de que el regreso a Alemania implicaría la casi segura deportación a campos de concentración, presionaron a los gobiernos occidentales para actuar. Pero en 1939, Europa estaba al borde del colapso político. Francia y el Reino Unido se preparaban para un conflicto abierto con Hitler tras la invasión de Checoslovaquia. Los Países Bajos, Bélgica y otros estados pequeños se encontraban paralizados por la incertidumbre. Sin embargo, ante la creciente presión internacional y con el objetivo de evitar un escándalo diplomático mayor, cuatro países aceptaron repartir a los pasajeros: Reino Unido, Francia, Bélgica y los Países Bajos.

Si bien esta decisión impidió el retorno inmediato de los refugiados a territorio nazi, en realidad fue sólo una solución temporal en un contexto político explosivo. Menos de un año después, Alemania invadió los tres países continentales que habían acogido a los pasajeros. En consecuencia, se estima que alrededor de 254 de aquellos refugiados murieron finalmente en el Holocausto. El fracaso político que había comenzado con el rechazo en Cuba y Norteamérica se convirtió, finalmente, en tragedia bajo la maquinaria genocida nazi.

El viaje del St. Louis dejó una profunda marca en la memoria histórica porque reveló la manera en que intereses políticos, temores electorales, prejuicios ideológicos y cálculos diplomáticos pueden prevalecer frente a necesidades humanas básicas. La demora, la indecisión y la estrategia de “no intervenir” fueron decisiones políticas que contribuyeron directamente a la tragedia. El barco se transformó en un símbolo del costo humano de las políticas migratorias restrictivas y del aislamiento diplomático en tiempos de crisis.

Hoy, el St. Louis sigue siendo una advertencia sobre la responsabilidad de los Estados frente a los refugiados y sobre el peligro de permitir que consideraciones políticas eclipsen la humanidad. Su historia continúa recordando que, en momentos de tensión global, la inacción también es una decisión política—y una que puede costar vidas.

lunes, 13 de abril de 2026

Stukas en la Guerra Civil y su servicio en la Legión Cóndor.

 

Junkers Ju-87 en la Guerra Civil y su servicio en la Legión Cóndor.


Ju 87 A y ju 87 B, las dos variantes del bombardero en picado utilizadas en al GCE

El 17 de julio de 1936, la República de España estalló en guerra civil. Las Fuerzas Armadas republicanas españolas se enfrentaban contra las tropas nacionalistas, un grupo de rebeldes liderado por el general Francisco Franco. Días después del inicio de las hostilidades, Hitler prometió apoyo de Alemania a sus compañeros fascistas en la península ibérica. Colectivamente, tanto las unidades terrestres como las de aviación enviadas en auxilio de Franco fueron conocidas como la Legión Cóndor. Dentro de los aviones enviados se hallaban los mejores y más modernos de la Luftwaffe entre los que se incluían el Junkers Ju 52, el Heinkel He 111 y el Messerschmidt Bf 109. En el caso del Junkers Ju 87 la oportunidad de probar su comportamiento en combate vino perfecta.

En la noche del 1 de agosto de 1936, un solo Ju 87A-0 (V4 prototipo) fue secretamente embarcado en el buque de pasajeros alemán Usaramo que rápidamente zarpó del puerto de Hamburgo. Para facilitar el secretismo de su envío, a este Ju 87A le fue asignado como número de serie el 29-1 y destinado al VJ/88, el experimental Staffel de la Legión Cóndor. Tras dejar Alemania, el Usaramo y su carga llegaron a Cádiz el 6 de agosto. En consonancia con el secreto de su despliegue e historial, muy poco se conoce hoy en día de la hoja de servicio del Stuka 29-1 en la guerra civil. Como ejemplo de esta circunstancia, expedientes alemanes revelan que el 29-1 fue pilotado por el oficial de vuelo Hermann Beuer participando en acción aérea en la batalla de Bilbao librada en junio de 1937. El avión regresó sin hacer ruido a Alemania. Más allá de esta muestra puntual, la mayor parte de la historia del Stuka 29-1 en la Légion Cóndor sigue siendo un misterio.

En enero de 1938, tres Ju 87A-1s llegaron a Vitoria. Estos tres A-1 provenían  de un Staffel basado en Barth. Siguiendo la correlación en la forma de designación  de su predecesor, el A-0, a este trío de aviones A-1 les fueron asignados los números de serie, 29-2, 29-3 y 29-4 y fueron pilotados, respectivamente, por los oficiales alemanes Ernst Bartels y Gerhard Weyert y Hermann Haas. Los tres aviones se incorporaron al ala del caza de la Legión Cóndor. Al mes siguiente, el grupo de Ju 87A-1 se trasladó a un aeródromo situado en la población de Calamocha,  al sur de Zaragoza. "Y desde allí," según el historiador John Weal, "los Ju 87s comenzaron a poner en práctica operacional lo que hasta ahora sólo había sido teoría". Por ejemplo, los pilotos de Stuka descubrieron rápidamente que el revestido tren de aterrizaje carenado de los  A-1 no acoplaba correctamente con la tierra suave y arenosa del aeródromo de Calamocha.


Una kette de Ju 87A en formación perfecta. El Ju 87A sirvió durante un tiempo limitado en la Legión Cóndor, la unidad aérea expedicionaria de la Luftwaffe enviada para apoyar a las fuerzas nacionalistas durante la Guerra Civil Española. Obsérvese el tren de aterrizaje con carenados muy voluminosos. Estos carenados se redujeron en las variantes posteriores del Stuka y, en algunos casos, se eliminaron por completo.

En consecuencia, se eliminaron las cubiertas de la ruedas. También, se demostró que la bomba de 500 kg destinada en un primer momento para equipar al Ju 87 A solo podía utilizarse si el asiento del artillero trasero estaba vacío. Posteriormente y por esta causa, la carga de la bomba se redujo a 250 kg. En marzo de 1938, el trío de Stukas 29-2, 29-3 y 29-4 llevó a cabo ataques de bombardeos en picado contra las fuerzas republicanas en retirada a través de Aragón. Sin embargo, estas primeras misiones de bombardeo – llevadas a cabo por pilotos novatos, operando con aviones todavía en desarrollo y usando tácticas experimentales – no siempre fueron exitosas. "En estos primeros días", dijo Weal, "los errores casi siempre superaban a los impactos directos por un margen substancial, pero sin embargo los pilotos aprendían su oficio. Y tal como nuevas tripulaciones procedentes de Alemania iban substituyendo a las tripulaciones originales en base a un turno rotatorio, un flujo constante de pilotos retornaban al Reich con una fuente inestimable de experiencia práctica".

Trasladados hacia posiciones más avanzadas, más concretamente en la base de La Cenia (al sur de la provincia de Tarragona), los Stukas proporcionaron apoyo aéreo para el ataque de los rebeldes en el frente de Valencia y la marcha de los nacionalistas hacia el mar Mediterráneo. En julio de 1938, las fuerzas republicanas lanzaron una contraofensiva a lo largo del río de Ebro pero ese contraataque republicano al final apenas consiguió ganancias, y la unidad de Ju 87 consiguió algunos éxitos impresionantes en las formaciones de tropas enemigas al sur de Mequinenza. Después de lograr éxitos más espectaculares en el tráfico marítimo enemigo en Tarragona y otros puertos del Mediterráneo, el grupo de Stukas A-1 regresó a Alemania en octubre de 1938.

En su lugar llegaron 5 Ju 87B-1, el último modelo de la serie y la primera variante diseñada para su producción en masa. Sin embargo, cuando estos B-1 llegaron en España, la Guerra Civil estaba ya en sus últimos estertores. Además, sus predecesores A-1 habían hecho un trabajo estelar atacando los republicanos, por lo que quedaban muy pocos objetivos específicos donde actuar. Sin embargo, estos Ju 87B-1s encontraron una nueva función acompañando en misiones de bombardeo a su hermano mayor, el Heinkel He-111. Estos cinco Stukas también entraron en acción durante las últimas semanas de la campaña de Madrid en 1939, pero fueron devueltos sin contemplaciones a Alemania antes de la declaración de victoria de los nacionalistas.

El primer Junkers Ju 87A 'Anton' en el aeródromo de La Virgen del Camino con el numeral 29-2.

La hoja de servicios del Stuka en la Guerra Civil proporcionó una experiencia invaluable para sus tripulaciones aéreas y para los equipos de tierra. Se probaron las capacidades del Stuka bajo condiciones de combate llevando a cabo in situ numerosas modificaciones en el avión y en sus tácticas aéreas. Sin embargo, los Stukas de la Legión Cóndor actuaron realmente sin ninguna oposición seria. La Luftwaffe y su superioridad aérea sobre los cielos de España y las dificultades mostradas por los republicanos fueron en el mejor de los casos insuficientes y crearon cierta sensación de superioridad. Así, mientras que los pilotos de Stuka tenían plena confianza en su equipamiento, el Ju 87 permanecía en cierto modo como avión no enfrentado contra aviones enemigos hostiles y contra defensas antiaéreas de envergadura.

viernes, 19 de diciembre de 2025

El escándalo Werner von Fritsch

 

El escándalo Werner von Fritsch: la caída del honor prusiano


General Werner von Fritsch en 1934

El escándalo que llevó a la destitución del general Werner von Fritsch en 1938 fue uno de los episodios más reveladores del proceso mediante el cual Adolf Hitler consolidó su control absoluto sobre el Ejército alemán. Bajo la apariencia de un caso moral y judicial, se escondía una maniobra política cuidadosamente calculada para someter a los mandos militares a la voluntad del Führer. El caso Fritsch no fue sólo la historia de una calumnia, sino también la del hundimiento de una casta militar que todavía soñaba con mantener su independencia frente al poder totalitario del Estado nazi.

Werner von Fritsch había nacido en 1880 en una familia aristocrática prusiana. Educado en la rígida disciplina del cuerpo de oficiales del Imperio, su carrera se desarrolló bajo los valores tradicionales del ejército alemán: honor, deber y obediencia. Tras la Primera Guerra Mundial, se mantuvo en la reducida Reichswehr de la República de Weimar, donde destacó por su profesionalismo y lealtad al código militar más que a cualquier ideología política. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Fritsch fue visto como un oficial de confianza, un hombre sin ambiciones políticas, ideal para garantizar la neutralidad del ejército frente al nuevo régimen. En 1934 fue nombrado comandante en jefe del Heer (el Ejército de Tierra), cargo desde el cual se convirtió en uno de los oficiales más influyentes de Alemania.

Sin embargo, la relación entre Hitler y los altos mandos del ejército nunca fue sencilla. Aunque ambos compartían el deseo de restaurar la grandeza militar de Alemania, sus objetivos divergían en cuanto a los tiempos y los métodos. Hitler aspiraba a una expansión rápida y agresiva, mientras que oficiales como Fritsch y el ministro de Guerra, el mariscal Werner von Blomberg, preferían una preparación más prudente. La tensión se hizo evidente en la célebre Conferencia Hossbach del 5 de noviembre de 1937, en la que Hitler reveló sus planes expansionistas para Austria y Checoslovaquia. Fritsch manifestó su desacuerdo, advirtiendo que el ejército no estaba preparado para una guerra de tal magnitud. Aquella oposición selló su destino. Hitler, que no toleraba la disidencia ni siquiera en sus aliados, decidió eliminar a los mandos que se interponían en su camino.

martes, 8 de mayo de 2018

La formación del Ejército Rojo

La formación del Ejército Rojo



Trosky, creador del Ejercito Rojo.

El ejercito surgido tras la revolución bolchevique, llamado Ejército Rojo de los Trabajadores y Campesinos, en ruso Raboche Krest'ianskaia Krasnaia Armiia, RKKA, sorprendentemente, empezó casi como Lenin había previsto. Basado en destacamentos de guardias rojos, la primera fuerza militar de los bolcheviques estaba compuesta en su totalidad por voluntarios pertenecientes a la clase obrera decididos a defender la revolución. Enseguida se hizo evidente que para incluso el más idealista de los revolucionarios, grupos armados de guardias rojos no constituían un ejército propiamente dicho, por muy voluntarios y voluntariosos que fueran. Las autoridades civiles también se dieron cuenta rápidamente de que las tareas a realizar por dicha fuerza, como preservar un estado amenazado por movimientos de independencia y  la defensa del incipiente Gobierno bolchevique de una contrarrevolucionaria guerra civil y de una intervención extranjera, requerían un ejército real y todo aquello que se exigía de él. Ante esta necesidad, en marzo de 1918 Lenin asignó a León Trotsky la tarea de crear un verdadero ejército.

De forma inteligente Trotsky abandonó la mayor parte de sus preconcebidos y utópicos conceptos marxistas de lo que un ejército debía ser y comenzó inmediatamente a formar una fuerza armada según los cánones tradicionales. Se incluyó la creación de una jerarquía entre los oficiales y la tropa así como disposiciones para la organización y disciplina militar. Inicialmente el reclutamiento estaba limitado a la clase obrera, pero esta circunstancia enseguida se vio insuficiente y las puertas se abrieron a todos los interesados salvo campesinos ricos, clero, burguesía y con excepciones, a la nobleza. La creación propiamente dicha del ejército de forma voluntaria también se produjo rápidamente; el régimen instituyó el reclutamiento a principios de 1918. El aspecto más controvertido del nuevo ejército de Trotsky fue la confianza mostrada hacia los antiguos oficiales zaristas para instruir e incluso liderar las unidades del recién formado Ejército Rojo. Tal dependencia del denostado enemigo de clase constituyó gran reprobación por una amplia parte del conjunto bolchevique causando gran agitación en el partido. Este ejército, que llegó a tener casi 5 millones de hombres en su pico máximo, luchó con éxito en la guerra civil consiguiendo preservar el estado bajo el dominio bolchevique, aunque sin restaurar las fronteras rusas anteriores a 1941.



Primeros años del ejercito soviético

La desmovilización del Ejército Rojo comenzó a finales de 1920 y reanudó el debate sobre la forma que tomaría las fuerzas armadas durante los periodos de paz. Una vez más, los idealistas marxistas resucitaron el concepto de Ejército de Ciudadanos pero fueron desafiados por aquellos bolcheviques deseosos de un ejército profesional permanente. Al final se llegó a una solución de compromiso. En 1921, el partido aceptó la necesidad de un ejército permanente, pero insistió en que la mayor parte de la fuerza militar del país residiera en la reserva, es decir, el ejército de ciudadanos. De esta forma, esta contingencia fue vista de forma diferente por los dos bandos opuestos: los idealistas socialistas aceptaron el ejército permanente como mal necesario, pero temporal, esperando que una vez que se lograran las condiciones para instaurar el verdadero socialismo,  el ejército permanente desaparecería. Los partidarios de un gran y estable ejército admitieron un pequeño ejército activo y una milicia territorial de gran magnitud como un parche transitorio hasta que finalmente la situación diese lugar a un ejército permanente de gran tamaño y una pequeña reserva, hecho que se produciría una vez que la economía fuese lo suficientemente fuerte para mantener dicha fuerza.

El partido comunista todavía insistió en que el ejército permanente reflejara los ideales revolucionarios que guiaron la transformación de la sociedad civil por el partido. No debía ser una réplica del antiguo ejército zarista. Honestamente, los lideres políticos y militares, a pesar del abandono de un principio fundamental de la filosofía socialista, intentaron crear un ejército con nuevos tipos de relaciones entre oficiales y tropa, medidas disciplinarias, doctrinas de guerra y una calidad de vida muy mejorada de los soldados en claro contraste con el imperial ejército ruso. El régimen bolchevique creía que su ejército podría ser una herramienta de transformación social para las masas. Algunos teóricos militares incluso creyeron que el socialismo sería la base de un nuevo método de guerra. Sin embargo, con el paso de los años fue disminuyendo el idealismo ortodoxo y ya en 1941 el Ejército Rojo en muchos sentidos, intencionalmente o sin querer, se asemejaba al tan denigrado y calumniado ejército imperial zarista.




La historia de los inicios del Ejército Rojo es la historia de los intentos del régimen soviético de crear un ejército que no sólo tratara correctamente a sus soldados, sino también tratara de elevar su conciencia socio-política. Es la historia de tal vez el primer ejército político del mundo, en el sentido de que la cúpula del Ejército Rojo tomaba decisiones militares transcendentales compartiendo la responsabilidad con un partido político. Los valores del partido comunista así se entrelazaron con las directrices militares, volviéndose ambos prácticamente indistinguibles. Esta unión entre partido y ejército parecía lógico y necesaria para el partido y nunca fue seriamente desafiada por el ejército, sin embargo, resultó ser el origen de algunas de la debilidades de las fuerzas armadas soviéticas mostradas durante la Segunda Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial mostró al Ejército Rojo en su punto más bajo y también en su nivel más alto de eficacia. La guerra comenzó con la invasión alemana y las derrotas sufridas por el Ejército rojo y terminó con la conquista soviética de Europa Oriental demostrando la valía de las fuerzas soviéticas. Entre un extremo y el otro, el Ejército Rojo comenzó utilizando muchas de las prácticas llevadas a cabo durante la Guerra Civil pagando un alto precio en vidas y material, pero también se fueron desarrollando nuevas formas de actuar que promovían la cohesión y la moral. El liderazgo del ejército fue madurando bajo condiciones de combate en cada ocasión. La sociedad soviética temporalmente estuvo en comunión total con el ejército tal y como previó Lenin en 1917, y así el ejército eventualmente se convirtió en una institución confiable y respetada por la mayoría de la población, sin embargo, ese sentimiento no se sabe con exactitud si se debe a la propia concepción de un ejército politizado o a la necesidad de combatir a un enemigo despiadado e invasor del país que provocó que volvieran a rescatarse valores más propios de tiempos de antaño, como el patriotismo. Solo hace falta indicar que la Segunda Guerra Mundial, en la URSS se denominó Gran Guerra Patriótica.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Sturmabteilung SA II

Sturmabteilung SA II

Proviene de Sturmabteilung SA I

Bajo Pfeffer, la formación de estatus más elevada, el Gaustürm estaba subordinada al partido, sin embargo el nuevo Gruppe no tenia contrapartida en la organización del NSDAP al tener un tamaño más o menos correspondiente al de varios Gau y su líder, el Gruppenführer era solo responsable ante Röhm y por supuesto, el propio Hitler.

El 17/18 de octubre de 1931 se produjo una "manifestación simbólica" de fuerzas nazis en la ciudad de Brunswick compuesta por alrededor de 104.000 integrantes uniformados. Fue una impresionante muestra de fuerza pero el éxito alarmó a las autoridades de la Republica de Weimar. En Diciembre del mismo año se promulgó la prohibición de llevar cualquier clase de uniformes "político". Esta proscripción estuvo vigente hasta el siguiente junio, debido a que durante ese periodo de tiempo se demostró que apenas tuvo efecto práctico. Los nazis simplemente adoptaron un uniforme "civil" compuesto por camisa blanca y corbata negra y el resto como antes de la prohibición.

 Röhm y Hitler

En julio de 1932, Röhm instauro el Obergruppe, una unida aún mayor dentro de la organización de las SA, en ese momento se crearon cinco. Las SA dominaban las calles, alterando los mítines de sus rivales políticos, aterrorizando a sus oponentes y realmente sin dejar oportunidad alguna al gobierno de dar respuesta alguna a estas confrontaciones. Hitler era capaz de chantajear e intimidar solo con el tamaño y la disciplina de su ejército de camisas pardas.

El 30 de enero de 1933, como resultado de una combinación de triunfos tanto electorales como tras intrigas entre bastidores, Hitler fue investido Canciller, es decir, Primer Ministro, de Alemania. El incendio del Reichstag al siguiente mes fue achacado a los comunistas y sirvió como pretexto para perseguirles y castigarles además de promulgar un decreto que daba a Hitler virtualmente poderes dictatoriales. Göring, Ministro del Interior de Prusia, autorizó a las SA actuar como policía auxiliar y poder erradicar todos los "enemigos del Estado" tras arrestarlos e internarlos en campos de concentración.

En el día del Partido Nazi, en septiembre de ese año, participaron en Nuremberg cerca de 120.000 hombres uniformados.


Röhm entró a formar parte del gobierno del Reich como Ministro sin cartera. El numero de Obergruppen SA fue aumentando hasta la cifra de diez en enero de 1934 de igual forma que el tiempo se iba agotando para el Chef des Stabes de las SA. Röhm no llevó a cabo intento alguno de conciliar sus diferencias con Hitler respecto al papel de las SA; seguía abogando por una "segunda revolución"; deseaba transformar su fuerza armada en un suplemento, o incluso reemplazar, al Ejército regular. Hitler, al contrario, sentía que las SA ya habian realizado al completo su misión de demoler las estructuras políticas  de sus oponentes y ahora, con su modo de proceder pendenciero, se estaban convirtiendo en una vergonzosa incomodidad. El Führer estaba mirando hacia una guerra futura de conquista en la que un ejército profesional era parte esencial. La Wehrmacht, por su parte, observaba con manifiesto desprecio a las SA como "escoria marrón" y, en cambio estaba entusiasmada a cooperar con Hitler en su expansión y rearme.

Descuidadamente insensato o con un grado de increíble ingenuidad, Röhm continuó públicamente aireando críticas hacia Hitler respaldadas con amenazas apenas veladas. La situación llegó al límite en la primavera de 1934 cuando Hitler averiguó que Röhm estaba armando secretamente a la guardia de su Estado Mayor, circunstancia expresamente prohibida. En el mes de junio, la SA recibió la orden de tomar vacaciones durante un mes. El 30 de junio, Hitler cortó de raíz su cúpula en un golpe decisivo y singular. Docenas de integrantes de las SA y de otras facciones opositoras fueron fusilados por escuadras de las SS cumpliendo órdenes de Hitler y Göring. Röhm fue arrestado y en prisión, donde se le ofreció la oportunidad de suicidarse para evitar la deshonra. Cuando rechazó esta opción, fue lanzado por la ventana de su celda por sus guardianes SS.

En el lugar de Röhm, Hitler nombró a un leal pero gris Obergruppenführer SA, Viktor Lutze, un antiguo oficial del Ejercito como todos los previos titulares del puesto. Lutze tuvo que presidir la desmantelarían de las competencias de las SA. El 20 de julio de 1934, la SS, hasta esa fecha subordinadas al Mando Supremo de las SA, garantizaron su independencia. El cuerpo Motorizado de las SA fue transferido y amalgamado con su "hermana pequeña", la NSKK que paso a convertirse en un cuerpo separado. La Flieger SA fue integrada dentro de la Asociación Deportiva Aérea alemana, la SA Feldjägerkorps se incorporó a la Policía prusiana. Los diez Obergruppen fueron abolidos, si bien el rango de Obergruppenführer se mantuvo, dando lugar al Gruppe como la mayor formación de las SA.

  
Viktor Lutze y el Fuhrer

A pesar de estas revisiones y amputaciones, la fuerza numérica de la SA siguió en continúo aumento. Treinta y seis nuevos Standarten se crearon en 1935, 25 más en 1936, 30 en 1937 y 42 en 1938. Si bien el ingreso era, en un principio, voluntario, existen pocas dudas que muchos integrantes buscaron el oportunismo ya que la mejora laboral y el progreso social a menudo dependían de una evidente afiliación al NSDAP.

El mismo liderazgo de la SA no tenía muy claro la función de la organización en ese momento preciso y para el futuro. La solución mas plausible era actuar como una especie de club deportivo paramilitar que proporcionara entrenamiento tanto físico como marcial sin usar realmente armas de fuego salvo en casos futuro. La SA debía practicar el uso de granadas pero tan solo utilizando granadas de madera. Otra secundaria tarea encomendada a las SA era difundir la propaganda nazi y proporcionar, como quedo perfectamente mostrada cada año en Nuremberg, una manifestación clara y física del poder y de la autoridad del Estado. La función de las SA como escuela preparatoria para las fuerzas armadas fue establecida en fecha tan tardía como enero de 1939 con la creación de la Wehrmannschaften SA.

En mayo de 1943 Lutze murió en un accidente de tráfico siendo sucedido por Wilhem Schepmann. Cuando se formó el Volkssturm en octubre de 1944 Schepmann fue nombrado director de Instrucción mientras Franz Pfeffer reemergió de la oscuridad para ponerse al frente de una brigada del Volkssturm en la tranquila frontera suiza. Estos fueron los últimos coletazos de la que fue, durante la década de los veinte y los primeros años treinta, una de las organizaciones con mayor notoriedad dentro de Alemania y sin duda la de mayor influencia dentro del partido nazi hasta que gracias a intrigas y maquinaciones internas fue sucedida por la SS quedando si bien con una magnitud numérica muy considerable pero perdiendo año tras año cualquier atisbo de preponderancia.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Sturmabteilung SA I

Sturmabteilung SA



 Póster propagandístico de las SA

En 1919, Adolf Hitler ingresó en el Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP), entonces una minúscula formación política. Al año siguiente ya convertido en su líder añadió la coletilla Nacional Socialista al nombre pasando a denominarse Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes o NSDAP naciendo así el popularmente conocido, Partido Nazi.

Todos los partidos políticos disponían de escuadras fuertemente armadas para proteger sus mítines de las agresiones por parte de sus rivales, y el NSDAP no fue una excepción. En agosto de 1921 el teniente Hans Ulrich Klintzsch se puso al mando de las Tropas de Defensa y Propaganda del NSDAP que al mes siguiente pasó a denominarse SA, acrónimo de Sturmabteilung, que podría traducirse como sección de asalto o batallón de asalto. Ese noviembre, las SA tuvieron su bautismo de fuego cuando los comunistas intentaron reventar un mitin nazi que se realizaba en la Hofbräuhaus de Múnich, pero a pesar de estar en minoría, las SA dieron una paliza a sus adversarios.

En 1922, el NSDAP creó una sección juvenil; la Jugendbund para muchachos entre los 14 y los 18 años. Fue subdividida en dos subgrupos por edades, el de mayor edad, entre los 16 y los 18, fue denominado Jungsturm Adolf Hitler y en realidad no era más que una SA junior. Su sucesora, las Juventudes Hitlerianas permaneció bajo la estructura de las SA hasta 1932.

Originalmente confinada a Múnich, la SA realizó su primera importante salida de la ciudad cuando el 14/15 de octubre de 1922 tomó parte del "Día Alemán" en Coburgo que acabó c en una batalla campal con los comunistas que quería seguir manteniendo su influencia en la ciudad. La "batalla de Coburgo" consiguió acabar con el poder del Frente Rojo y sobre todo proporcionó a Hitler la notoriedad necesaria para ser reconocida por el público en general gracias a la cobertura mediática del incidente.

La primera reunión nacional del NSDAP tuvo lugar el 28 de enero de 1923 y allí, 6000 integrantes de las SA desfilaron ante Hitler quien entregó los estandartes a cuatro unidades de las SA recién formadas; Múnich, Múnich II, Nuremberg y Landshut. Eran realmente Sturmfahne o banderas de honor, también otorgada a una compañía SA procedente de Zwickau, la primera unidad SA formada fuera de Baviera.

El 1 de marzo de 1923 se formó el Regimiento SA Múnich. Ese mismo mes el mando de las SA pasó de Klintzsch a Hermann Göring, en aquel entonces miembro del Freikorps Capitán Ehrhardt, pero que fue revocado por su comandante tras una disputa entre el propio Ehrhardt y Hitler sobre sus diferentes reacciones ante la ocupación francesa del Ruhr. Göring aportaba su propio prestigio como héroe de la Primera Guerra Mundial pero era, por naturaleza, indolente y autocomplaciente. Sin embargo, la verdadera fuerza motriz de las SA era Ernst Röhm, un oficial de estado mayor del cuartel general del Ejército en Múnich. Fue Röhm quien persuadió a las autoridades militares para suministrar armas a las SA, transformándose de este modo en una más de las Wehrverbände o grupos armados oficialmente tolerados, todos sin excepción anticomunistas.

En septiembre de 1923, Hitler consiguió reunir y crear un Kampfbund de aproximadamente 70.000 hombres, principalmente integrantes de las SA pero también del Bund Oberland, un Freikorps y del Reichs-Kriegflagge, una formación armada comandada por Ernst Röhm. El 9 de noviembre de 1923, Hitler intentó utilizar esta fuerza para derrocar el gobierno de Baviera. La operación deficientemente planeada y ejecutada acabó en desastre. La policía abrió fuego sobre los insurgentes, matando a 16 manifestantes e hiriendo a muchos más. Hitler fue arrestado y  Göring tras ser herido, huyo a Austria. La SA fue disuelta y prohibida; los líderes que pudieron evadir el arresto huyeron a otros estados alemanes donde las leyes bávaras no tenían vigencia. Hitler fue condenado a cinco fue condenado a cinco años de prisión pero su sentencia fue reducida tras una amnistía promulgada en diciembre de 1924. Röhm, protegido por sus contactos en el Ejército, recibió nada más que una severa reprimenda.



Hitler sosteniendo la bandera ensangrentada de los muertos en el Pustch de Munich de 1923

El fracaso del Putsch en absoluto destruyó a las SA sino que sirvió incluso para propagar la organización en otras regiones. Refugiados disidentes procedentes de Múnich crearon clandestinas unidades SA bajo el nombre de Frontbann. Hitler no erró sacando correctas conclusiones de la derrota. Una insurrección armada contra un gobierno sostenido por la lealtad de la policía y del ejército estaba condenada al fracaso desde el principio. A partir de ese momento solo utilizará métodos legales para alcanzar el poder.

Cuando la SA fue reactivada en febrero de 1925, Hitler categóricamente prohibió llevar armas o actuar en forma de ejército privado. Los días de las SA como Wehrverbände se habian acabado. Su propósito era limpiar las calles de enemigos políticos. La visión del papel de las SA por parte de Hitler fue acaloradamente discutida por Röhm, que percibía a las SA como un ejército de ciudadanos, parte del rearme secreto de Alemania. El desacuerdo entre los dos acabo tan mal que Röhm renuncio a pertenecer al partido nazi y en 1928 abandonó Alemania par trasladarse a Bolivia como asesor militar.

La SA permaneció sin un mando global, cada unidad estaba bajo la responsabilidad de su propio Gauleiter, hasta noviembre de 1926 cuando Hitler se nombró a si mismo Oberste SA Führer o líder supremo de las SA. No obstante, el efectivo líder ejecutivo era el Jefe de Estado Mayor o Chef des Stabes. Ese cargo fue ocupado por un prominente líder de Freikorps, Franz Felix Pfeffer von Solomon que enseguida organizó las SA con sus estructuras militares quedando de la siguiente manera:
  • Gruppen.- la unidad más pequeña.
  • Trupps.- equivalente a una sección.
  • Stürme.- equivalente a una compañía.
  • Standarten.- equivalente a un regimiento
  • Brigaden.- tamaño similar a una brigada
  • Gaustürme.- aproximadamente una división. Un Gaustürm equivalía exactamente a un Gau del NSDAP.

En agosto de 1927, la SA alcanzó la significativa cifra de 300.000 integrantes. Dos años más tarde ya se había doblado esa cantidad. En 1930 se estableció la motorización de las SA para proporcionar movilidad a la tropa permitiendo de esta manera rápidos desplazamientos.



Hitler y Pfeffer von Solomon en un desfile.

A pesar de lograr con éxito la expansión de la SA e incrementar su eficiencia, Pfeffer no disfrutaba de la confianza de Hitler. Aparentemente el concepto de las SA de Pfeffer apenas difería del de Röhm y además Hitler descubrió que el dirigente de las SA había sido tentado de involucrar al Ejército en el entrenamiento e instrucción paramilitar de las SA. En agosto de 1930 Hitler revocó a Pfeffer de su cargo y telegrafió a Röhm preguntándole si podía regresar y hacerse cargo de las SA. Röhm regresó a Alemania antes de Navidad y oficialmente asumió el puesto de Chef des Stabes el 5 de enero de 1931. Revisó la estructura de la SA dejándola así:
  • Scharen.- el antiguo Gruppen
  • Trupps
  • Stürme
  • Sturbanne
  • Standarten
  • Untergruppen.- el antiguo Gaustürme
  • Gruppen
Continúa en Sturmabteilung SA II

martes, 29 de septiembre de 2015

Pacto de Kellogg-Briand

Pacto de Kellogg-Briand 


Aristide Briand


Frank B. Kellogg

El Pacto de Kellogg-Briand conocido también como pacto de París o de forma oficial como Tratado General de Renuncia de la Guerra como un Instrumento de Política Nacional fue un acuerdo internacional subscrito en 1928 en el cual los Estados signatarios prometieron no utilizar la guerra para resolver "disputas o conflictos de cualquier naturaleza o de cualquier origen que sea, y que pueda surgir entre ellos. Fue firmado por Alemania, Francia y los Estados Unidos en primer lugar, el 27 de agosto de 1928. Recibe el nombre de Pacto Kellogg-Briand porque fueron el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Aristide Briand, y el Secretario de Estado de los Estados Unidos Frank B. Kellogg, los principales impulsores del mismo.

El pacto fue firmado posteriormente por los representantes de 15 países incluyendo a Australia, Bélgica, Canadá, Checoslovaquia, Francia, Alemania, India Británica, Irlanda, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Polonia, Sudáfrica, Reino Unido y los Estados Unidos. El acuerdo entraría en vigor el 24 de junio de 1929 sin embargo cabe reseñar que a esa fecha muchos mas países se habían adherido al acuerdo. Entre esos países se hallaban España, URSS, Países Bajos Rumanía…


Firma del acuerdo Kellog-Briand

Términos semejantes a los expuestos en el Pacto fueron incluidos en la Carta de Las Naciones Unidas por lo que se ha considerado como considerado el precedente inmediato del artículo 2.4 de dicha Carta, en el que se consagra con carácter general la prohibición del uso de la fuerza. No obstante, ese no ha sido el único legado de importancia de acuerdo ya que fue utilizado como base legal para la creación del concepto de "crimen contra la paz" utilizado tanto en los Juicios de Nuremberg como en el Tribunal de Tokio para acusar a los responsables intelectuales y materiales de la planificación y ejecución de la guerra de agresión.


Original de las firmas de los mandatarios de los 15 paises signatarios y los respectivos sellos lacrados.

Texto del Pacto de Kellogg-Briand

El Presidente del Reich alemán; el Presidente de los Estados Unidos de América; Su Majestad el Rey de los belgas; el Presidente de la República Francesa; Su Majestad el Rey de Gran Bretaña, Irlanda y los territorios británicos de ultramar, Emperador de las Indias; Su Majestad el Rey de Italia; Su Majestad el Emperador del Japón; el Presi­dente de la República de Polonia; el Presidente de la República Checoeslovaca.
Con el sentimiento profundo del deber que les incumbe de promover el bienestar de la humanidad;
Persuadidos de que ha llegado el momento de proceder a una tranca renuncia de la guerra como instrumento de política nacional, a fin de que las relaciones pacíficas y amistosas que existen actualmente entre sus pueblos puedan perpetrarse;
Convencidos de que todos los cambios en sus relaciones mutuas sólo deben buscarse por procedimientos pacíficos y realizarse en el orden y la paz, y que toda poten­cia signataria que en adelante buscase promover sus intereses nacionales recurriendo a la guerra deberá ser privada del beneficio del presente tratado;
Esperanzados en que, estimuladas por su ejemplo, todas las otras naciones del mundo se unirán a este esfuerzo humanitario y, adhiriendo al presente tratado tan pronto como él entre en vigor, pondrán a sus pueblos en condiciones de aprovechar sus beneficiosas estipulaciones, uniendo así a las naciones civilizadas del mundo en una renuncia común a la guerra como instrumento de su política nacional.
Han decidido concluir un tratado, designando a este efecto como sus plenipotencia­rios a quienes, habiéndose comunicado mutuamente sus plenos poderes, reconocidos en buena y debida forma, se pusieron de acuerdo sobre los artículos siguientes:
Artículo 1. Las Altas Partes Contratantes, en nombre de sus pueblos respectivos, declaran solemnemente que condenan el recurso de la guerra para la solución de las controver­sias internacionales y que renuncian a él como instrumento de política nacional en sus relaciones mutuas.
Artículo 2. Las Altas Partes Contratantes reconocen que el arreglo o la solución de todas las controversias o conflictos, cualquiera sea su naturaleza u origen, que pudieran surgir entre ellos, no deberá jamás buscarse sino por medios pacíficos.
Artículo 3. El presente tratado será ratificado por las Altas Partes Contratantes indicadas en el preámbulo, conforme a sus constituciones respectivas, y se hará efectivo entre ellas tan pronto como todos los instrumentos de ratificación hayan sido depositados en Washington.
El presente tratado, una vez que haya entrado en vigor en la forma prevista en el pá­rrafo precedente, permanecerá abierto durante el tiempo que sea necesario para la adhesión de todas las otras potencias del mundo. Todo instrumento en que conste la adhesión de una potencia será depositado en Washington, y el tratado, inmediatamente después de este depósito, comenzará a regir entre la potencia que adhiera y las otras potencias contratantes.
Corresponderá al gobierno de los Estados Unidos suministrar a cada uno de los gobiernos indicados en el preámbulo y a todo gobierno que ulteriormente adhiriese al presente tratado una copia certificada del tratado mismo y de cada uno de los instru­mentos de ratificación o de adhesión. Corresponderá igualmente al gobierno de los Estados Unidos notificar telegráficamente a dichos gobiernos el depósito de cada uno de los instrumentos de ratificación o de adhesión, inmediatamente de efectuarse.
En fe de lo cual, los plenipotenciarios respectivos firmaron el presente tratado, ex­tendido en los idiomas francés e inglés, textos ambos que tienen igual fuerza, sellándolo con sus sellos.
Hecho en París, el 27 de agosto de 1928

viernes, 22 de mayo de 2015

Incidente del puente de Marco Polo.

Incidente del puente de Marco Polo.


Soldados japoneses en el Puente de Marco Polo

El incidente del puente Marco Polo, también conocido como el incidente Lugouqiao; puente de Lugou o incidente del 7 de julio  fue una acción militar entre el Ejército Revolucionario Nacional de la República de China y el Ejército Imperial Japonés y que, a menudo se ha considerado como el detonante del inicio de la Segunda Guerra Chino-Japonesa (1937-1945).

Antecedentes.

Las tensiones entre el imperio del Japón y la República de China habían sido más que visibles desde la invasión japonesa de Manchuria en 1931 y la posterior creación de un Estado títere denominado Manchukuo, con Puyi, el último monarca de la dinastía Qing, como su soberano. Aunque el gobierno chino del Kuomintang (KMT) se negó a reconocer la autoridad de Manchukuo, se entablaron negociaciones para una tregua entre Japón y China en 1931. Sin embargo, la presion militar iba aumentando y a finales de 1932 el ejército japonés invadió Rehe (provincia de Jehol) que fue anexionada en Manchukuo en 1933.

Bajo los términos del Protocolo Boxer de 7 de septiembre de 1901, China había concedido a las Naciones con legaciones en Pekín el derecho de guarnición en las estaciones de ferrocarril en doce puntos específicos a lo largo de la linea que conectaba Beijing con Tianjin. Se trataba de asegurar la comunicación abierta entre la capital y el puerto. Por un acuerdo complementario del 15 de julio de 1902, a estas fuerzas se les permitió realizar maniobras sin informar a las autoridades de otras naciones presentes en China.

En julio de 1937, Japón había ampliado sus fuerzas hasta llegar a una cifra estimada entre 7000 – 15.000 hombres, en su mayoría destinados a cubrir las líneas de ferrocarril. Este número de hombres y el material suministrado era varias veces el tamaño de los destacamentos desplegados por las potencias europeas y muy superior a los límites establecidos en el Protocolo Boxer.

Acontecimientos.

Las fuerzas japonesas y chinas presentes en las afueras de la ciudad de Wanping, una ciudad amurallada al sureste de Beijing, intercambiaron fuego aproximadamente a las 23:00 h. del 7 de julio de 1937. La causa exacta de este incidente sigue siendo hoy un misterio. Cuando un japonés soldado  Shimura Kikujiro no pudo regresar a su puesto, el comandante Ji Xingwen del 219º Regimiento chino, 37ª división, 29º Ejército  recibió un mensaje por parte de los mandos  japoneses exigiendo permiso para entrar en Wanping  y buscar al soldado desaparecido. Los chinos se negaron y si bien el soldado Shimura regresó a su unidad, en ese momento ambos bandos ya se estaban movilizando.

Esa misma noche, una unidad de infantería japonesa intentó romper las defensas de Wanping y fue rechazada. Un ultimátum emitido por parte de los japoneses llegó dos horas más tarde. Como medida de precaución, Qin Dechun, el comandante interino del  29º Ejército, contactó con el general Feng Zhian, comandante de la 37ª División con el fin de alertar a sus tropas.

Alrededor de las 04:00 h del 8 de julio de 1937, comenzaron a llegar los refuerzos de ambas partes a la zona en conflicto. Los chinos también movilizaron una división adicional. Una hora más o menos más tarde el ejército japonés abrió fuego y atacó a las tropas chinas parapetadas en el puente de Marco Polo, junto a un moderno puente ferroviario situado al sureste de la ciudad.


Tropas chinas defendiendo la posición.

El coronel Ji Xingwen lideró las defensas chinas con aproximadamente solo 100 hombres y la orden de defender el puente a toda costa. Después de intensos combates contra hombres del entonces comandante Kiyonao Ichiki, el mismo que lanzaría años más tarde el ataque japonés casi suicida en la batalla de rio Tenaru, Guadalcanal, los chinos pudieron mantener el puente gracias a la llegada de tropas de refuerzo. En este momento, el ejército japonés y  miembros del Asuntos Exteriores comenzaron negociaciones en Pekín con el gobierno nacionalista chino.

Se alcanzó un acuerdo verbal con el general Qin, por el que se ofrecería una disculpa a los chinos; se castigaría a los responsables; el control de Wanping pasaría a la policía civil Hopei y no al 219º Regimiento chino; así como una exhaustiva vigilancia de los "comunistas" en el área. Estos términos fueron acordados, aunque el comandante de la brigada de infantería de guarnición japonesa, el general Masakazu Kawabe inicialmente rechazó la tregua y, contra las órdenes de sus superiores, continuó bombardeando Wanping durante las siguientes tres horas, hasta que cesó el fuego y trasladó sus fuerzas hacia el noreste.

Consecuencias.

Aunque se produjo realmente un alto el fuego, no hubieron más esfuerzos para intentar desactivar el conflicto que iba in crescendo, en gran parte debido a las medidas tomadas por parte de los comandantes del ejército japonés de guarnición en China en convivencia con los altos mandos  militaristas del estado Mayor del Ejército Imperial. Wanping fue bombardeada el 20 de julio y los combates a gran escala estallaron en Langfang el 25 de julio. Después del llevar a cabo un desafortunado y sangriento ataque a las líneas japonesas el 27 de julio, el general Sung sufrió una derrota y fue obligado al día siguiente a replegarse detrás del río Yongding.


 Soldados japoneses bombardeando Wanping

Los japoneses dieron a Sung y a sus tropas "paso libre", para posteriormente trasladarse a pacificar los alrededores de Beijing y Tianjin. Sin embargo, el ejército japonés tenía órdenes de no avanzar más allá del río Yongding. En un cambio repentino, Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno Konoe inició negociaciones con el gobierno de Chiang Kai-Shek en Nanjing y afirmó que: "Japón quiere cooperar con China, no invadirla". No obstante, las negociaciones no fueron más lejos y el 9 de agosto de 1937, un oficial naval japonés recibió un disparo en Shanghai, comenzando de hecho la guerra a gran escala.

El agravamiento de las tensiones tras el incidente del puente Marco Polo condujo directamente a una guerra total entre el Imperio de Japón y China, como se demostró a finales de julio en la batalla de Beiping – Tianjin y en agosto con la batalla de Shanghai.

La heroica resistencia mostrada por los soldados pobremente equipados del 29º Ejercito inspiró la "Marcha de la espada" en 1931, que — con la letra ligeramente retocada — se convirtió en la marcha habitual del Ejército Revolucionario Nacional y popularizó el epíteto racial "guizi" - cuyo significado es demonio - para describir a los invasores japoneses

Existen algunas divergencias de opinión entre los historiadores sobre el incidente. Algunos historiadores creen que el incidente fue un accidente involuntario. Otros en cambio, creen que el incidente puede haber sido planeado y ejecutado por el ejército japonés para proporcionar un pretexto para la invasión de China — una tesis apoyada por las ambiciones expansionistas coloniales de Japón en esos momentos. Esta ultima interpretación refleja un sentimiento arraigado por muchos japoneses en esa época;  "Asia debía ser gobernada por asiáticos", y mas concretamente los japoneses debían reemplazar a los coloniales gobernantes europeos.


Tropas japonesas marchando sobre el puente de Marco Polo

Un historiador japonés de extrema derecha alegó incluso que el incidente fue organizado por el partido comunista chino, que esperaba que el incidente conduciría a una guerra de desgaste entre el ejército japonés y el Kuomintang.


El incidente del puente Marco Polo comparado con la magnitud de la guerra chino-japonesa casi fue una insignificancia, militarmente hablando. Un puñado de combatientes chinos defendiendo una posición ante soldados japoneses de una unidad tamaño batallón. Realmente la importancia, que la tiene y mucho, es ante todo simbólica, significó el inicio de un conflicto brutal y apenas tratado que dejó más de 25 millones de muertos, en su mayoría civiles. el incidente no fue más que la mecha que encendió el barril de pólvora que era China en 1937.

jueves, 21 de mayo de 2015

Tratado Naval de Washington 2ª parte

Tratado Naval de Washington 2ª parte

Proviene de Tratado Naval de Washington 1ª parte

Las propuestas referentes a los buques capitales fueron aceptadas en gran medida por la delegación británica, aunque eran muy controvertidas para el público en general. Ya no sería posible que Gran Bretaña tuviese simultáneamente una potente flota en el Mar del Norte, el Mediterráneo y el lejano Oriente. Esta circunstancia provocó indignación en parte de los jefes de la  Royal Navy. Sin embargo, hubo gran presión sobre Gran Bretaña para que aceptase estos términos. El riesgo de guerra con los Estados Unidos fue cada vez más observado como una posibilidad más que remota, ya que existían  muy pocas diferencias políticas entre los dos países. Tampoco  es que fuera muy popular en esos momentos un aumento del gasto naval en Gran Bretaña o en sus dominios. Además, Gran Bretaña estaba implementando importantes disminuciones en su presupuesto debido a la crisis económica ocasionada por el final de la guerra.

La delegación japonesa estaba dividida. La doctrina naval japonesa requiere el mantenimiento de una flota al menos de un 70% del tamaño de la de los Estados Unidos, ya que se consideraba esta cifra como el mínimo necesario para derrotar a los Estados Unidos en cualquier guerra futura; los japoneses basaban su estrategia en dos enfrentamientos separados, primero con la flota del Pacífico de la Estados Unidos, luego con la Flota Atlántica y calculan que una proporción 7:5 en la primera batalla produciría un margen de victoria bastante grande para poder ganar el combate posterior por lo que  5:3 ratio, o 60%, era inaceptable. Sin embargo, el jefe de la delegación, Katō Tomosaburō, acabó aceptando una proporción de 60% ya que la perspectiva de una carrera armamentista con los Estados Unidos, con la producción industrial relativa en ese momento existente entre las dos naciones llevaría a Japón a perder tal carrera armamentista y provocar una crisis económica como consecuencia.  En el momento de iniciarse la conferencia Japón tenía un 55% de grandes naves y un 18% de PIB respecto a los Estados Unidos.


Almirante  Katō Tomosaburō, jefe de la delegación japonesa.

Esta opinión encontró una fuerte oposición por parte de Katō Kanji, el Presidente del Colegio de Estado Mayor Naval, que actuaba como ayudante del jefe naval de la delegación, que  representaban a la influyente escuela de pensamiento de la "gran armada". Esta escuela de doctrina y estrategia sostenía que en caso de guerra los Estados Unidos, el enemigo sería capaz de construir buques de guerra de forma indefinida, dada su enorme potencia industrial, y por ello Japón necesitaba prepararse a conciencia y tanto como sea posible para el inevitable conflicto con Estados Unidos. Katō Tomosaburō fue finalmente capaz de convencer al alto mando japonés que aceptase  las propuestas de Hughes, pero el resultado del Tratado fue una causa de controversia en la armada japonesa durante los años venideros.

La delegación francesa inicialmente respondió airadamente ante la idea de reducir su tonelaje de naves capitales hasta la cifra de 175.000 toneladas y exigió 350.000 toneladas, ligeramente por encima de Japón. Al final, las concesiones con respecto a los cruceros y submarinos ayudó a persuadir a los franceses a acordar dicho límite en relación a acorazados y cruceros de batalla.

Hubo mucha discusión sobre la inclusión o exclusión de los acorazados recién construidos. En particular, la delegación japonesa estaba desea de conservar su nuevo acorazado Mutsu, que había sido financiado con gran entusiasmo público, incluyendo las donaciones de los escolares. Esta circunstancia dio lugar a disposiciones para permitir que los Estados Unidos y Gran Bretaña construyesen naves equivalentes.

El secretario Hughes propuso limitar las naves secundarias, cruceros y destructores, en las mismas proporciones que las naves capitales. Sin embargo, estos términos  eran inaceptables para británicos y franceses. La contrapropuesta británica, en la cual los británicos tendrían derecho a 450.000 toneladas de cruceros considerando sus compromisos imperiales globales con sólo 300.000 y 250.000 toneladas para los Estados Unidos y Japón respectivamente, resultó igualmente discutible. Por todo ello, la idea de limitar el tonelaje total de crucero o números fue rechazada totalmente.

 En cambio, los británicos sugirieron un límite cualitativo en la construcción futura de los cruceros. El límite propuesto, de un desplazamiento máximo de 10.000 toneladas y cañones 8 pulgadas de calibre, fue pensado para permitir a los británicos retener las naves de la clase Hawkins que en esos momentos se estaba construyendo. Estas disposiciones  coincidían con los requisitos de los Estados Unidos para sus cruceros que tendrían que operar en el Pacifico y también con los planes japoneses de la clase Furutaka. Así que esta sugerencia fue adoptada sin grandes debates.

La mayor demanda británica durante las negociaciones fue la abolición completa del submarino, que había demostrado ser tan efectivo y nocivo contra ellos en la reciente guerra. Sin embargo, esta petición resultó imposible de aceptar, particularmente como resultado de la oposición francesa; los franceses exigieron un subsidio de 90.000 toneladas de submarinos, y la Conferencia concluyó sin acuerdo posible sobre la restricción de las naves submarinas.

El artículo XIX del Tratado prohibía también a Gran Bretaña, Japón y los Estados Unidos la  construcción de fortificaciones ni bases navales en el océano Pacífico. Esta fue una victoria importante para Japón, ya que las bases fortificadas tanto británicas como estadounidenses representarían un grave problema para los japoneses en caso de cualquier guerra futura. Esta disposición del Tratado garantizaba esencialmente a Japón como la potencia dominante en el Pacífico occidental y fue crucial como contrapeso en la aceptación por parte de Japón de los límites en la construcción de naves capitales.

Términos sobre los tipos de buques.

El Tratado estrictamente limitaba tanto el tonelaje y la construcción de acorazados y portaaviones y como también incluía los límites en cuanto al tamaño individual de cada buque.

Los límites de tonelaje definidos por los artículos IV y VII estipulaban una relación de tonelaje aproximada aproximadamente entre Gran Bretaña, los Estados Unidos, Japón, Italia y Francia de 5:5:3:1.75:1.75.

Los límites cualitativos de cada tipo de nave fueron los siguientes; 

  • Acorazados y cruceros de batalla se limitaron a 35.000 toneladas de desplazamiento estándar y cañones de no más de 16 pulgadas de calibre (406 mm). Artículos V y VI
  • Los portaaviones se limitaron a 27.000 toneladas y podía llevar no más de 10 cañones  pesadas, de un calibre máximo de 8 pulgadas (203 mm.). Sin embargo, a cada país firmante le fue permitido utilizar los cascos de dos antiguos acorazados ya existentes con el fin de adecuarlos para servicio como portaaviones, con un límite de desplazamiento de 33.000 toneladas cada uno - artículos IX y X. Para concretar perfectamente los términos del Tratado Naval de Washington, un portaaviones fue definido como un buque de guerra con un desplazamiento superior a 10.000 toneladas y construido exclusivamente para el lanzamiento y el  aterrizaje de aeronaves. Los portaaviones ligeros de menos 10.000 toneladas por lo tanto no contaban en los límites de tonelaje -Artículo XX, parte 4. Por otra parte, todos los portaaviones en servicio o en construcción, es decir, Argus, Furious y Hosho, fueron declarados "experimentales" y tampoco contaron en el computo global -artículo VIII.
  •  El resto de buques de guerra fueron limitados a un máximo de 10.000 toneladas de desplazamiento y equipados con cañones de calibre máximo de 8 pulgadas (203 mm) -Artículos XI y XII.

El Tratado también detallaba en el capítulo II que naves individualmente debían seguir en la lista de cada armada, incluyendo el permiso a los Estados Unidos para completar dos acorazados más de la clase de West Virginia y a Gran Bretaña completar dos nuevas buques según los límites del Tratado. El capítulo II, 2ª parte, especificaba el destino de las naves que habían pasado a ser militarmente ineficaces; además de barrenarse o desguazarse, un número limitado de naves podría convertirse como buques objetivo o naves de entrenamiento, siempre y cuando su armamento, coraza y otras partes esenciales de combate esenciales hubiesen sido eliminadas completamente; también un destino posible de buques anticuados era la reconversión en portaaviones. 



Proceso de desguace de un acorazado según los términos acordados en el Tratado 

La 3ª parte de la II sección del Tratado especificaba que naves debían ser desguazadas para cumplir con ellos términos acordados, y cuando las naves restantes podrían ser reemplazadas. En total, los Estados Unidos debían desguazar y decomisionar 30 naves capitales existentes o previstas de construcción; Gran Bretaña, 23; y Japón, 17.

Consecuencias.

El Tratado de Washington marcó el final de un largo período de aumento de la construcción de acorazados. Muchas naves en fase de construcción se desguazaron o fueron reconvertidas en portaaviones. Los límites del Tratado fueron respetados y luego ampliados por el Tratado Naval de Londres de 1930. No fue sino hasta los mediados de los años treinta cuando algunas armadas comenzaron de nuevo a construir barcos de guerra, comenzaron a aumentar de nuevo el poder y el tamaño de los nuevos acorazados. El segundo Tratado Naval de Londres de 1936 trató de ampliar los límites del Tratado de Washington hasta 1942, pero debido a la ausencia de Japón e Italia en las conversaciones hizo que los términos alcanzados fuesen en gran parte ineficaces.

Tabla donde  se observa claramente la interrupción durante aproximadamente una década en la construcción de acorazados 

Los efectos de las limitaciones en armamento y desplazamiento sobre la construcción de cruceros llevaron a un efecto paradójico. Si bien, el Tratado especificaba 10.000 toneladas y cañones de 8 pulgadas como características máximas, en lugar de frenar la construcción de las naves se llego al efecto contrario, las naciones comenzaron a construir cruceros con estas prestaciones, las armadas aceptaron el tamaño máximo como tamaño mínimo, denominando a sus naves como "cruceros del tratado", todos con 10.000 toneladas y cañones de 203 mm, eso sí se llegaron a construir verdaderas joyas de la ingeniería naval. El Tratado conllevo una carrera de construcción entre naciones  que dio otra causa de preocupación. Posteriores Tratados Naval trataron de abordar el problema, limitando las características de cruceros, destructores y submarinos.

Una consecuencia, no oficial pero si de facto, de la firma del tratado fue el final de la Alianza Anglo-Japonesa, firmada a principios de siglo. La cancelación de este tratado por Gran Bretaña no formaba parte del Tratado de Washington de ninguna manera, pero los delegados americanos habían dejado de forma clara que no estarían de acuerdo en el Tratado a menos que Gran Bretaña terminase su alianza con los japoneses.

El Tratado Naval provocó consecuencias intensas entre los japoneses. Debido a la superior potencia industrial americana y británica, una guerra larga contra estas naciones acabaría probablemente en derrota japonesa. Por lo tanto, intentar ganar la paridad en el nivel estratégico era económicamente imposible.

Isoroku Yamamoto, quien más tarde dirigió el ataque de Pearl Harbor, argumentó en su dia que Japón debió seguir estando dentro de las disposiciones acordadas en el Tratado Naval de Washington y por ello fue considerado por muchos como un miembro de la facción "Tratado". Su opinión era en cambio mucho más compleja, sin embargo, sí que creía que Estados Unidos podría sobrepasar fácilmente la producción naval de Japón con un factor mayor incluso a la relación 5:3 debido a la enorme ventaja industrial de los Estados Unidos. Esta era una opinión mas que fundada al haber servido en la Embajada japonesa en Washington como agregado. "Cualquiera que haya visto las fábricas de automóviles de Detroit y los yacimientos de petróleo en Texas", comentó después de la firma del Tratado, "sabe que Japón carece de la capacidad para competir en una carrera naval con los Estados Unidos", más adelante añadió "la relación  (5 : 3) es válida para Japón, es un tratado que restringe las otras partes". 

El 29 de diciembre de 1934, el gobierno japonés dio aviso formal que se proponía abandonar los términos dispuestos en  el Tratado Naval de Washington. Sus disposiciones se mantuvieron en vigor hasta finales de 1936 y no fueron renovadas. Japón ignoró efectivamente el Tratado en 1936.


Documento de denuncia por parte de Japón del Tratado Naval de Washington


El Tratado Naval de Washington nació tras la Primera Guerra Mundial bajo la premisa de impedir cualquier carrera armamentística referente a la construcción de buques de guerra tal y como desgracia había ocurrido entre Gran Bretaña y Alemania durante las dos décadas anteriores al estallido de la Gran Guerra. Sin embargo, Italia y Japón sobre todo, naciones vencedoras del primer conflicto mundial y por lo tanto firmantes de los acuerdos navales, derivaron sus políticas hacia estados totalitarios y nacionalistas que buscaron su propio expansionismo, circunstancia que a la larga implicaría tensiones y desavenencias con sus vecinos, concretamente Japón contra Estados Unidos. Las disposiciones y limitaciones navales del Tratado de Washington, a primera vista claramente desfavorables al Imperio Nipón "obligaron" al gobierno japonés a su renuncia a mediados de los años treinta.