miércoles, 14 de enero de 2015

La incursión aeronaval sobre Tarento; perspectiva general.

La incursión aeronaval sobre Tarento; perspectiva general.



Desde la misma entrada de Italia en la guerra, el Mediterráneo como tal se convirtió en un inmenso teatro de operaciones donde las fuerzas aéreas y mas concretamente aeronavales debían desempeñar y así lo hicieron, un papel preponderante. La rama aérea embarcada o Fleet Air Arm (FAA) se vio envuelta desde un primer momento en ataques sobre objetivos navales y terrestres así como el uso de cazas en misiones de interceptación de bombarderos e hidroaviones enemigos. Sin embargo, fue en noviembre de 1940 cuando los valerosos pilotos de la FAA consiguieron demostrar la importancia del poder aéreo naval sin lugar a dudas.

 El plan de ataque sobre la flota italiana fondeada en la base naval de Tarento, ya había sido diseñado en fecha tan lejana como 1935 por el entonces capitán Lumley Lister y principalmente se basaba en el uso de la sorpresa táctica producida por el ataque realizado únicamente por aviones despegados desde portaaviones. En 1940, el ya contraalmirante Lister propuso el plan al almirante Cunningham, comandante de las fuerzas navales britanicas en el Mediterráneo oriental, propósito que fue aprobado con rapidez. La flota italiana tenía en la base naval seis acorazados y todos su buques de escolta y si bien era bastante improbable que dicha flota zarpase a mar abierto buscando un enfrentamiento definitivo con los británicos, su mera presencia en el puerto del sur de Italia fijaba a un número considerable de buques británicos que podrían ser empleados de manera más efectiva en otros sectores.

En la noche del 11 al de 12 noviembre de 1940, 21 biplanos Swordfish bajo el mando de LtCdr K. Williamson despegaron desde el portaaviones Illustrious poco antes de las 21:00 h. con la misión expresa de atacar la base naval de Tarento. La primera oleada compuesta por 12 aviones, armados con una amalgama de torpedos, bombas y bengalas, llegaron sobre Tarento dos horas más tarde. El puerto estaba defendido por el denso fuego antiaéreo lanzado desde las baterías antiaéreas y los propios cañones de los barcos allí fondeados, así como las defensas pasivas proporcionadas por las redes anti torpedo y los globos de barrera suspendidos por encima de los objetivos. Los Swordfish realizaron el ataque en poco más de veinte minutos bombardeando y torpedeando sus blancos. Solo el avión de Williamson fue derribado en esta primera oleada siendo capturado junto con su observador.



Tras este primer ataque llegó la segunda oleada llevada a cabo por tan solo ocho aparatos pues un noveno avión tuvo que abandonar la misión al tener problemas con el depósito de combustible adicional. Los ocho biplanos restantes llevaron a cabo la segunda incursión por medio de un ataque con bombas y torpedos, sufriendo de igual manera la pérdida de un avión, concretamente el pilotado por los tenientes Bayly y Slaughter. El ataque fue un éxito sin precedentes: la pérdida de dos Swordfish compensó claramente la paralización en dique seco de tres acorazados italianos así como el daño infringido a un crucero pesado, una base de hidroaviones y un gran depósito de combustible.

Con tan solo 21 obsoletos biplanos se había conseguido dar un vuelco espectacular al equilibrio de poder naval existente en el Mediterráneo, a favor de los británicos, of course.