jueves, 27 de abril de 2017

Convoy HX 2ª Parte

Convoy HX 2ª Parte



HMCS Regina, corbeta canadiense de escolta

Proviene de Convoy HX 1ª Parte

En total, el 10% de los convoyes HX fueron atacados mientras se hallaban agrupados. De los 110 barcos hundidos, 96 fueron bajas reclamadas por acción de los U-Boote, cinco por el acorazado de bolsillo Admiral Scheer, y los 14 restantes se perdieron debido a minas, ataques aéreos, colisiones, embarrancamientos o por tormentas e inclemencias meteorológicas. Estas pérdidas ascienden al 0,6 % de las 17.744 naves que durante la guerra utilizaron el sistema de convoyes HX. El convoy de esta serie que sufrió más hundimientos fue el HX-229 cuando en marzo de 1943 perdió 12 de sus 38 naves (31,5%), todas a cargo de la acción submarina. Otros 60 naves fueron hundidas cuando dichos barcos se rezagaron del convoy principal. 36 naves fueron catalogados como "pérdidas de convoy", hundimientos que se produjeron o bien antes de la llegada de las naves de escolta oceánicas, o bien fueron naves separadas del convoy cuando se dirigían a sus diversos puertos de destino, o naves dispersadas después de ser atacadas por el enemigo. Todas los hundimientos llevan la tasa de pérdida al 1,1%, una cifra considerada como sostenible frente al 3% que fue considerado inaceptable.



Convoy HX 72 reunido antes de zarpar

El HX-84 fue dispersado el 5 de noviembre de 1940 cuando fue atacado por el Admiral Scheer, entre cuyas cinco víctimas se incluye el vapor de la Canadian Pacific SS Beaverford; un barco rápido y de múltiples usos que fue uno de los orgullos de la compañía canadiense antes de la guerra además del crucero mercante armado HMS Jervis Bay. El convoy HX-168 fue dispersado en enero de 1942, probablemente debido al mismo tiempo adverso que causó la disgregación de los convoyes SC-62 y SC-63, pero todos sus 36 barcos llegaron a Liverpool sanos y salvos. Las condiciones climáticas adversas podían ocasionar algún hundimiento per se pero en contrapartida disminuía la posibilidad de un ataque submarino.

Basándose en los números brutos, la serie de convoyes HX podría considerarse como un modelo de éxito. Sin embargo, profundizando el sistema de convoy HX tuvo una gran dependencia del empleo de rutas evasivas para evitar los submarinos enemigos, al igual que los convoyes SC y el resto de convoyes. De los 377 HX, HXF y BHX  convoyes, 38 fueron interceptados por el enemigo, y cogiendo estos datos da una tasa real de hundimientos durante toda la guerra del 4.85%, sin incluir las naves dañadas que ascienden  el porcentaje hasta el 6.44%. La proporción de perdidas por hundimiento y nave dañada y hundida posteriormente en el "período crítico" hasta marzo de 1943 fueron del 5.92% y 7.45%, respectivamente para convoyes interceptados. El aluvión de éxitos enemigos creó lo que Stephen Roskill denominó "verdadero pánico" en el Ministerio de Marina: los convoyes HX-70 al HX-74 fueron todos interceptados en septiembre 40; siete de los 10 convoyes entre el HX-107 y HX-117 en abril de 1941 fueron atacados. Claramente, el porcentaje de hundimientos entre convoyes interceptados era insostenible. Esta circunstancia explica la desesperación presente entre los aliados en ciertos períodos de la guerra sobre todo cuando las transmisiones  navales alemanas no pudieron ser descifradas, particularmente en 1942.

 
Corbeta canadiense 

Los almirantes Raeder y Dönitz tuvieron fuertes disputas con Hitler por su interferencia en la Batalla del Atlántico cuando ordeno el desvío de U-Boote al Mar del Norte durante la invasión de Noruega así como el envío de submarinos al mar Mediterráneo y al océano Ártico. Sin este alivia ni los beneficios de la interceptación de las transmisiones navales, la tasa de hundimientos de buques mercantes aliados habría sido substancialmente más alta. La visión mostrada a posteriori por un número de historiadores de posguerra que la victoria aliada en la Batalla del Atlántico nunca se puso en duda no fue una opinión generalizada en los cuarteles generales de las armadas británicas y canadienses. La estadísticas muestran que las transmisiones interceptadas, la buena o mala planificación, además de un liderazgo fuerte o débil fueron factores que jugaron un papel crítico en la resolución final de la Batalla del Atlántico.