jueves, 21 de mayo de 2015

Tratado Naval de Washington 2ª parte

Tratado Naval de Washington 2ª parte

Proviene de Tratado Naval de Washington 1ª parte

Las propuestas referentes a los buques capitales fueron aceptadas en gran medida por la delegación británica, aunque eran muy controvertidas para el público en general. Ya no sería posible que Gran Bretaña tuviese simultáneamente una potente flota en el Mar del Norte, el Mediterráneo y el lejano Oriente. Esta circunstancia provocó indignación en parte de los jefes de la  Royal Navy. Sin embargo, hubo gran presión sobre Gran Bretaña para que aceptase estos términos. El riesgo de guerra con los Estados Unidos fue cada vez más observado como una posibilidad más que remota, ya que existían  muy pocas diferencias políticas entre los dos países. Tampoco  es que fuera muy popular en esos momentos un aumento del gasto naval en Gran Bretaña o en sus dominios. Además, Gran Bretaña estaba implementando importantes disminuciones en su presupuesto debido a la crisis económica ocasionada por el final de la guerra.

La delegación japonesa estaba dividida. La doctrina naval japonesa requiere el mantenimiento de una flota al menos de un 70% del tamaño de la de los Estados Unidos, ya que se consideraba esta cifra como el mínimo necesario para derrotar a los Estados Unidos en cualquier guerra futura; los japoneses basaban su estrategia en dos enfrentamientos separados, primero con la flota del Pacífico de la Estados Unidos, luego con la Flota Atlántica y calculan que una proporción 7:5 en la primera batalla produciría un margen de victoria bastante grande para poder ganar el combate posterior por lo que  5:3 ratio, o 60%, era inaceptable. Sin embargo, el jefe de la delegación, Katō Tomosaburō, acabó aceptando una proporción de 60% ya que la perspectiva de una carrera armamentista con los Estados Unidos, con la producción industrial relativa en ese momento existente entre las dos naciones llevaría a Japón a perder tal carrera armamentista y provocar una crisis económica como consecuencia.  En el momento de iniciarse la conferencia Japón tenía un 55% de grandes naves y un 18% de PIB respecto a los Estados Unidos.


Almirante  Katō Tomosaburō, jefe de la delegación japonesa.

Esta opinión encontró una fuerte oposición por parte de Katō Kanji, el Presidente del Colegio de Estado Mayor Naval, que actuaba como ayudante del jefe naval de la delegación, que  representaban a la influyente escuela de pensamiento de la "gran armada". Esta escuela de doctrina y estrategia sostenía que en caso de guerra los Estados Unidos, el enemigo sería capaz de construir buques de guerra de forma indefinida, dada su enorme potencia industrial, y por ello Japón necesitaba prepararse a conciencia y tanto como sea posible para el inevitable conflicto con Estados Unidos. Katō Tomosaburō fue finalmente capaz de convencer al alto mando japonés que aceptase  las propuestas de Hughes, pero el resultado del Tratado fue una causa de controversia en la armada japonesa durante los años venideros.

La delegación francesa inicialmente respondió airadamente ante la idea de reducir su tonelaje de naves capitales hasta la cifra de 175.000 toneladas y exigió 350.000 toneladas, ligeramente por encima de Japón. Al final, las concesiones con respecto a los cruceros y submarinos ayudó a persuadir a los franceses a acordar dicho límite en relación a acorazados y cruceros de batalla.

Hubo mucha discusión sobre la inclusión o exclusión de los acorazados recién construidos. En particular, la delegación japonesa estaba desea de conservar su nuevo acorazado Mutsu, que había sido financiado con gran entusiasmo público, incluyendo las donaciones de los escolares. Esta circunstancia dio lugar a disposiciones para permitir que los Estados Unidos y Gran Bretaña construyesen naves equivalentes.

El secretario Hughes propuso limitar las naves secundarias, cruceros y destructores, en las mismas proporciones que las naves capitales. Sin embargo, estos términos  eran inaceptables para británicos y franceses. La contrapropuesta británica, en la cual los británicos tendrían derecho a 450.000 toneladas de cruceros considerando sus compromisos imperiales globales con sólo 300.000 y 250.000 toneladas para los Estados Unidos y Japón respectivamente, resultó igualmente discutible. Por todo ello, la idea de limitar el tonelaje total de crucero o números fue rechazada totalmente.

 En cambio, los británicos sugirieron un límite cualitativo en la construcción futura de los cruceros. El límite propuesto, de un desplazamiento máximo de 10.000 toneladas y cañones 8 pulgadas de calibre, fue pensado para permitir a los británicos retener las naves de la clase Hawkins que en esos momentos se estaba construyendo. Estas disposiciones  coincidían con los requisitos de los Estados Unidos para sus cruceros que tendrían que operar en el Pacifico y también con los planes japoneses de la clase Furutaka. Así que esta sugerencia fue adoptada sin grandes debates.

La mayor demanda británica durante las negociaciones fue la abolición completa del submarino, que había demostrado ser tan efectivo y nocivo contra ellos en la reciente guerra. Sin embargo, esta petición resultó imposible de aceptar, particularmente como resultado de la oposición francesa; los franceses exigieron un subsidio de 90.000 toneladas de submarinos, y la Conferencia concluyó sin acuerdo posible sobre la restricción de las naves submarinas.

El artículo XIX del Tratado prohibía también a Gran Bretaña, Japón y los Estados Unidos la  construcción de fortificaciones ni bases navales en el océano Pacífico. Esta fue una victoria importante para Japón, ya que las bases fortificadas tanto británicas como estadounidenses representarían un grave problema para los japoneses en caso de cualquier guerra futura. Esta disposición del Tratado garantizaba esencialmente a Japón como la potencia dominante en el Pacífico occidental y fue crucial como contrapeso en la aceptación por parte de Japón de los límites en la construcción de naves capitales.

Términos sobre los tipos de buques.

El Tratado estrictamente limitaba tanto el tonelaje y la construcción de acorazados y portaaviones y como también incluía los límites en cuanto al tamaño individual de cada buque.

Los límites de tonelaje definidos por los artículos IV y VII estipulaban una relación de tonelaje aproximada aproximadamente entre Gran Bretaña, los Estados Unidos, Japón, Italia y Francia de 5:5:3:1.75:1.75.

Los límites cualitativos de cada tipo de nave fueron los siguientes; 

  • Acorazados y cruceros de batalla se limitaron a 35.000 toneladas de desplazamiento estándar y cañones de no más de 16 pulgadas de calibre (406 mm). Artículos V y VI
  • Los portaaviones se limitaron a 27.000 toneladas y podía llevar no más de 10 cañones  pesadas, de un calibre máximo de 8 pulgadas (203 mm.). Sin embargo, a cada país firmante le fue permitido utilizar los cascos de dos antiguos acorazados ya existentes con el fin de adecuarlos para servicio como portaaviones, con un límite de desplazamiento de 33.000 toneladas cada uno - artículos IX y X. Para concretar perfectamente los términos del Tratado Naval de Washington, un portaaviones fue definido como un buque de guerra con un desplazamiento superior a 10.000 toneladas y construido exclusivamente para el lanzamiento y el  aterrizaje de aeronaves. Los portaaviones ligeros de menos 10.000 toneladas por lo tanto no contaban en los límites de tonelaje -Artículo XX, parte 4. Por otra parte, todos los portaaviones en servicio o en construcción, es decir, Argus, Furious y Hosho, fueron declarados "experimentales" y tampoco contaron en el computo global -artículo VIII.
  •  El resto de buques de guerra fueron limitados a un máximo de 10.000 toneladas de desplazamiento y equipados con cañones de calibre máximo de 8 pulgadas (203 mm) -Artículos XI y XII.

El Tratado también detallaba en el capítulo II que naves individualmente debían seguir en la lista de cada armada, incluyendo el permiso a los Estados Unidos para completar dos acorazados más de la clase de West Virginia y a Gran Bretaña completar dos nuevas buques según los límites del Tratado. El capítulo II, 2ª parte, especificaba el destino de las naves que habían pasado a ser militarmente ineficaces; además de barrenarse o desguazarse, un número limitado de naves podría convertirse como buques objetivo o naves de entrenamiento, siempre y cuando su armamento, coraza y otras partes esenciales de combate esenciales hubiesen sido eliminadas completamente; también un destino posible de buques anticuados era la reconversión en portaaviones. 



Proceso de desguace de un acorazado según los términos acordados en el Tratado 

La 3ª parte de la II sección del Tratado especificaba que naves debían ser desguazadas para cumplir con ellos términos acordados, y cuando las naves restantes podrían ser reemplazadas. En total, los Estados Unidos debían desguazar y decomisionar 30 naves capitales existentes o previstas de construcción; Gran Bretaña, 23; y Japón, 17.

Consecuencias.

El Tratado de Washington marcó el final de un largo período de aumento de la construcción de acorazados. Muchas naves en fase de construcción se desguazaron o fueron reconvertidas en portaaviones. Los límites del Tratado fueron respetados y luego ampliados por el Tratado Naval de Londres de 1930. No fue sino hasta los mediados de los años treinta cuando algunas armadas comenzaron de nuevo a construir barcos de guerra, comenzaron a aumentar de nuevo el poder y el tamaño de los nuevos acorazados. El segundo Tratado Naval de Londres de 1936 trató de ampliar los límites del Tratado de Washington hasta 1942, pero debido a la ausencia de Japón e Italia en las conversaciones hizo que los términos alcanzados fuesen en gran parte ineficaces.

Tabla donde  se observa claramente la interrupción durante aproximadamente una década en la construcción de acorazados 

Los efectos de las limitaciones en armamento y desplazamiento sobre la construcción de cruceros llevaron a un efecto paradójico. Si bien, el Tratado especificaba 10.000 toneladas y cañones de 8 pulgadas como características máximas, en lugar de frenar la construcción de las naves se llego al efecto contrario, las naciones comenzaron a construir cruceros con estas prestaciones, las armadas aceptaron el tamaño máximo como tamaño mínimo, denominando a sus naves como "cruceros del tratado", todos con 10.000 toneladas y cañones de 203 mm, eso sí se llegaron a construir verdaderas joyas de la ingeniería naval. El Tratado conllevo una carrera de construcción entre naciones  que dio otra causa de preocupación. Posteriores Tratados Naval trataron de abordar el problema, limitando las características de cruceros, destructores y submarinos.

Una consecuencia, no oficial pero si de facto, de la firma del tratado fue el final de la Alianza Anglo-Japonesa, firmada a principios de siglo. La cancelación de este tratado por Gran Bretaña no formaba parte del Tratado de Washington de ninguna manera, pero los delegados americanos habían dejado de forma clara que no estarían de acuerdo en el Tratado a menos que Gran Bretaña terminase su alianza con los japoneses.

El Tratado Naval provocó consecuencias intensas entre los japoneses. Debido a la superior potencia industrial americana y británica, una guerra larga contra estas naciones acabaría probablemente en derrota japonesa. Por lo tanto, intentar ganar la paridad en el nivel estratégico era económicamente imposible.

Isoroku Yamamoto, quien más tarde dirigió el ataque de Pearl Harbor, argumentó en su dia que Japón debió seguir estando dentro de las disposiciones acordadas en el Tratado Naval de Washington y por ello fue considerado por muchos como un miembro de la facción "Tratado". Su opinión era en cambio mucho más compleja, sin embargo, sí que creía que Estados Unidos podría sobrepasar fácilmente la producción naval de Japón con un factor mayor incluso a la relación 5:3 debido a la enorme ventaja industrial de los Estados Unidos. Esta era una opinión mas que fundada al haber servido en la Embajada japonesa en Washington como agregado. "Cualquiera que haya visto las fábricas de automóviles de Detroit y los yacimientos de petróleo en Texas", comentó después de la firma del Tratado, "sabe que Japón carece de la capacidad para competir en una carrera naval con los Estados Unidos", más adelante añadió "la relación  (5 : 3) es válida para Japón, es un tratado que restringe las otras partes". 

El 29 de diciembre de 1934, el gobierno japonés dio aviso formal que se proponía abandonar los términos dispuestos en  el Tratado Naval de Washington. Sus disposiciones se mantuvieron en vigor hasta finales de 1936 y no fueron renovadas. Japón ignoró efectivamente el Tratado en 1936.


Documento de denuncia por parte de Japón del Tratado Naval de Washington


El Tratado Naval de Washington nació tras la Primera Guerra Mundial bajo la premisa de impedir cualquier carrera armamentística referente a la construcción de buques de guerra tal y como desgracia había ocurrido entre Gran Bretaña y Alemania durante las dos décadas anteriores al estallido de la Gran Guerra. Sin embargo, Italia y Japón sobre todo, naciones vencedoras del primer conflicto mundial y por lo tanto firmantes de los acuerdos navales, derivaron sus políticas hacia estados totalitarios y nacionalistas que buscaron su propio expansionismo, circunstancia que a la larga implicaría tensiones y desavenencias con sus vecinos, concretamente Japón contra Estados Unidos. Las disposiciones y limitaciones navales del Tratado de Washington, a primera vista claramente desfavorables al Imperio Nipón "obligaron" al gobierno japonés a su renuncia a mediados de los años treinta.