jueves, 24 de septiembre de 2015

El desastre de Port Chicago

El desastre de Port Chicago, 17 de julio de 1944.

 Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados afroamericanos sirvieron la mayoría de ellos en unidades segregadas del resto de las fuerzas armadas y en tareas secundarias. Hubo muy pocos ejemplos de casos donde soldados de raza negra sirvieron en el frente y aun menos en unidades mixtas, al lado de sus compatriotas blancos. Sus puestos de trabajo solían estar en el sector servicios de las propias fuerzas armadas y dentro de ellos concretamente en tareas de transporte y logística, como es el caso del suceso que tuvo lugar el 17 de julio de 1944 en la base naval de Port Chicago, California.




Tal y como la guerra del pacifico iba ganando en magnitud, Port Chicago, California, situado a 35 millas al norte de San Francisco, se fue convirtiendo en  un importante centro de municiones de la armada. En 1944, la ampliación y mejoras del muelle en Port Chicago permitieron la carga simultanea de dos buques. La mayor parte de los trabajos más peligrosos, entre los que destaca, la carga y descarga de las municiones, fueron realizados marineros africanos americanos. Por desgracia, ni los marineros ni sus oficiales blancos al mando habían recibido cualquier formación específica en referencia a la carga y descarga de municiones, aunque hay que reseñar que alguno sí que habían recibido cierta instrucción en el manejo de carga en general. La mayoría de esta escasa experiencia del manejo de municiones provenía del propio trabajo, es decir, del día a día. La carga de buques ocupaba todo el día, y por ello los mismos equipos de trabajo desarrollaron un sentido de competencia interna con respecto a la carga de trabajo que podía desarrollarse de más en un turno de ocho horas. Ya que esta carrera ayudaba a aumentar la velocidad de carga, los oficiales animaron y potenciaron lo que consideraban como una saludable rivalidad.

En la tarde del 17 de julio de 1944, dos buques mercantes estaban siendo cargados en el muelle de Port Chicago, concretamente el SS Quinault Victory y el SS E. A. Bryan. La carga era una combinación de bombas HE e incendiarias, así como cargas de profundidad y munición ligera, en total mas de 4.000 toneladas además en el muelle esperaban 16 vagones con 400 toneladas mas de munición a la espera de ser  embarcadas. En ese momento estaban 320 personas entre estibadores, marineros y tripulación realizando esta tarea. A las 22:18 h. una enorme explosión se produjo y se pudo observar en el cielo nocturno de California una gran columna de humo y las llamas estallar desde el muelle. Tan sólo segundos más tarde una segunda explosión siguió a bordo del SS E. A. Bryan.



La onda de choque, similar a la de un seísmo, fue tan masiva que se pudo sentir a distancias tan lejana como Boulder City, Nevada. El SS E. A. Bryan, el muelle y los edificios cercanos quedaron totalmente desintegrados; el Quinault Victory giro en el aire y fue a caer a 150 metros de distancia. Los 320 trabajadores del turno de noche murieron al instante. 390 personas mas sufrieron heridas de distinta gravedad y la explosión produjo imponentes daños a los edificios de Port Chicago. El aire se lleno de astillas de madera, de vidrio y restos de distintos materiales que fueron hallados posteriormente a mas de tres kilómetros de distancia. La explosión incluso produjo desperfectos en la propia bahía de san Francisco, distante en 75 km. De los 320 hombres que murieron en la explosión 202 eran soldados afroamericanos; el desastre de Port Chicago representó el 15 por ciento de todos los soldados americanos de raza negra muertos en la Segunda Guerra Mundial.



A pesar de la devastación, en menos de un mes tras el peor desastre de la Segunda Guerra Mundial en territorio continental estadounidense, Port Chicago volvía estar operativo y siguiendo en la tarea principal de embarcar municiones con destino al frente del Pacifico Las repercusiones de la explosión fueron positivas y negativas. Antes del desastre, las instrucciones de las autoridades costeras sobre el procedimiento más seguro de carga explosiva en barcos mercantes a menudo eran violadas, porque no se consideraba que la rapidez en cargar podía afectar a la seguridad de forma importante; los propios oficiales y soldados encargados de cargar dichas mercancías con los nuevos procedimientos se sentían más seguro y trabajaban más rápido. Después de la explosión, la marina de guerra inició una serie de cambios en la forma de proceder en referencia al manejo de municiones y se implementó un entrenamiento formalizado con vistas a la expedición de la certificación requerida y necesaria para permitir el trabajo en los muelles a cualquier estibador, así mismo, las municiones en si también fueron revisadas en su embalaje para que su manipulación durante la carga fuera más segura.


Obviamente la explosión sacudió a todo el mundo que trabajaba en los muelles de carga, no solo literalmente, es decir, de forma física sino  también en la conciencia colectiva.. Para los soldados afroamericanos que prestaban su servicio en unidades segregadas y en condiciones peligrosas, pronto el descontento dio paso a la abierta hostilidad. 


Consejo de guerra de Mare Island

El 9 de agosto de 1944, menos de un mes después de la explosión, a los supervivientes afroamericanos de la catástrofe se les ordenó  comenzar a cargar municiones dentro de la fabrica Mare Island; enseguida 258 marineros negros se negaron a realizar la tarea de cargar municiones. De este grupo, 208 pasaron por un consejo de guerra por mala conducta y fueron condenados a seguir trabajando en tareas de carga y descarga y a la pérdida del salario de tres meses por desobedecer las órdenes. Los 50 restantes fueron juzgados con el cargo de amotinarse y ya que los  Estados Unidos estaban en guerra, esos soldados podían ser condenados a  la pena de muerte, no obstante la pena final que recibió cada uno de ellos varió entre los ocho y los quince años de trabajos forzados. En enero de 1946 todos ellos recibieron indulto para lo que quedaba de sus condenas. Sin embargo, no fue hasta 23 de diciembre de 1999, cuando el Presidente William J. Clinton les concedió la conmutación total de sus condenas.