miércoles, 14 de noviembre de 2012

La RAF en Grecia, 1941.



La RAF en Grecia 1941


Bristol Blenheim en el aerodromo de Menidi/Tatoi

Tras la caída de Francia, la lógica y principal tarea de las fuerzas armadas británicas era la propia defensa del territorio metropolitano, no obstante Gran Bretaña no podía dejar de asegurar las vitales líneas de suministro de la isla y tal vez una de las más importantes era el canal de Suez y su continuación hacia la India y el Lejano Oriente. Desde la entrada de Italia en la guerra, coincidiendo con la derrota de Francia, el Mediterráneo y Etiopia se convirtieron en zonas estratégicas para Inglaterra. Fueron los italianos los primeros en atacar, tanto en Libia como en Etiopia pero dichos ataques no fueron muy contundentes y por tal razón fueron frenados pero en octubre de 1940 Mussolini invadió Grecia a través de Albania. En manos de tropas del eje, Grecia podía convertirse en una espina clavada a la espalda de Egipto y Oriente Medio.

Las fuerzas aéreas en la zona eran muy exiguas para combatir en tres frentes, Libia, Etiopia y Grecia, según el secretario de guerra Anthony Eden, solo 29 escuadrones estaban disponible con un total de 350 aviones entre Gladiators, Blenheims, Lysanders y Sunderlands aparte de 400 aviones mas muy anticuados y de utilidad casi nula. Jefe de las Fuerzas Aérea, mariscal Sir Arthur Longmore envió un escuadrón mixto de cazas y bombarderos Blehheim para fortalecer el espacio aéreo griego. El gobierno accedió y aun mas, envió tres escuadrones adicionales, dos de Blenheims y uno de Gladiators, todos estos refuerzos fueron de gran valía para la fuerza aérea griega

Tras la experiencia negativa de Noruega unos meses atrás, todo parecía indicar ^que en Grecia no se repetirían los mismos errores pero no fue así. La RAF volvió a enviar una fuerza expedicionaria a un país sin el suficiente conocimiento de la situación previa. A nivel sanitario, las condiciones en Grecia eran muy deficientes, las enfermedades eran endémicas, el saneamiento y la alimentación paupérrimas y hasta incluso desde un punto de vista militar, las mismas autoridades griegas pusieron muchos obstáculos las fuerzas aéreas británicas. Se les denegaron los mejores campos de aviación de la zona de Salónica por miedo a provocar a los alemanes que se hallaban en Bulgaria. Los escuadrones de bombardero fueron los más perjudicados al emplazarlo en campo de hierba con drenaje deficiente y a más de 300 millas del frente.

No había ninguna duda que los cazas Gladiator y Blenheim eran adquisiciones notables para defender el espacio aéreo griego, si bien es cierto que ayudó bastante a conseguir esta tarea enfrentarse a aparatos italianos y no a cazas alemanes. Fiel a su entrenamiento y doctrina el comandante local, el vice mariscal J.H. D’Albiac se resistió a las peticiones de los ingleses de utilizar los aviones de la RAF para proporcionar apoyo a su ejército hasta febrero de 1941, cuando una ala compuesta tanto por cazas como por bombarderos y basada en las cercanías de Paramythia brindó apoyo cercano a la contraofensiva griega en Albania. Sin embargo una vez los italianos volvieron a atacar, D’Albiac retiro sus aviones, excusándose en que ese cometido, no era el “uso correcto de una fuerza aérea”.


J. H. D'Albiac en el hotel Grand Bretagne de Atenas

A esas alturas de campaña, la fuerza de la RAF en Grecia, había aumentado a siete escuadrones, debido a la mas que inminente entrada de los alemanes en el conflicto helénico. Los ingleses, con Churchill decidieron prestar apoyo claro a los griegos, cuatro divisiones fueron enviadas desde Oriente Medio a la península griega y dos escuadrones adicionales fueron desplegados, aumentando el total a nueve escuadrones a parte de reemplazar los antiguos Gladiators por nuevos Hurricanes.

El ejército alemán invadió Grecia desde Bulgaria y Yugoeslavia el 6 de abril de 1941 con 27 divisiones , 7 de ellas blindadas apoyadas por más de un millar de aviones. Por el lado contrario, seis divisiones griegas, 24 yugoeslavas y en un principio tres que pasaron a cuatro divisiones británicas y de la Commonwealth, más concretamente del ANZAC, con un centenar de aviones yugoeslavos y griegos y los ya mencionados 9 escuadrones de la RAF. Aparte fuerzas adicionales griegas y dos escuadrones de la RAF continuaban la lucha contra los italianos en el estancado frente de Albania. Ante esta situación de partida de superioridad cualitativa por parte germana, el resultado final no ofrecía ninguna duda. Salónica cayó el 8 de abril y en una semana, la suma de las acciones de la Luftwaffe y la falta de instalaciones para la reparación de los aviones redujeron la fuerza total de D’Albiac a 46 aviones.

Al principio del ataque a Grecia, si las condiciones meteorológicas lo permitían, los aviones de la RAF consiguieron bueno resultados contra las líneas de comunicación germanas y sobre sus columnas, pero al igual que en Francia, una vez los ejércitos eran superados por los alemanes y se batían en retirada, la función de la aviación cambió y paso a ser de protección y cobertura de la evacuación de las tropas británicas y del ANZAC de tierra firme hacia la isla de Creta. Al estar protegiendo la retirada de las tropas terrestres, muy pocos aviones quedaban para protegerse a sí mismos, por esa razón el 23 de abril fueron destruidos en tierra 13 valiosos Hurricanes. Al final de la campaña solo 57 de los 255 aviones enviados a Grecia regresaron a Egipto.

El compromiso de la RAF con Grecia dejo bien claro las probabilidades de éxito o no ante la presencia germana en el aire. Los Gladiators podían competir ante el CR. 42 italianos, sufrir ante el Macchi G.50 y ser completamente superados ante los cazas Messerschmitt 109 de la Luftwaffe.  El uso de los Blenheims como caza era adecuado así como bombardero cuando las condiciones meteorológicas lo permitían. Los Wellingtons enviados desde Oriente Medio y desplegados temporalmente demostraron ser los mejores en su cometido. Pero demasiado a menudos, las tripulaciones se encontraron operando desde aeródromos de tierra y hierba proclives a inundarse, así como con una pobre organización referente al mantenimiento y reparación de los aparatos y con poca o escasa protección proporcionada por cañones antiaéreos. Además, la posibilidad de refuerzos y reemplazos era muy pequeña, una vez los alemanes se involucrasen en la batalla, ya que el propio teatro de operaciones del Mediterráneo estaba escaso de aparatos y las propias dificultades de transporte impedían reemplazar las unidades perdidas.

Como casi siempre, los soldados se quejaron de la aversión,  a veces era más incapacidad, de los pilotos de la RAF en su papel de cobertura y apoyo. Queja en parte justificada ya que dicha función no era parte de la doctrina aérea imperante en los altos mandos y el propio D’Albiac era de ese mismo parecer, como se vio con el tímido contraataque italiano en Albania en febrero cuando devolvió a su fuerza aérea a tareas más convencionales. Aun mas, la culpa de la derrota recaída sobre el general Wavell, comandante en jefe del Ejercito en Oriente medio y sobre Longmore su homologo en la RAF fue mucho más severa. Fueron los chivos expiatorios de la derrota en una campaña impuesta desde Londres para ayudar a un aliado en un “noble” esfuerzo; de hecho, el propio líder griego Metaxas predijo el derrumbe de su país si fuese invadido por Alemania, circunstancia que se cumplió al pie de la letra. Aunque el ejército y las fuerzas aéreas fueron suficientes para enfrentarse a los italianos, perdieron cualquier esperanza ante los alemanes. Los aviones de la RAF solo podrían haberse salvado si Londres hubiese ordenado la retirada el día 6 de abril, día de inicio de la invasión de Grecia, como tal circunstancia no se produjo la derrota fue además de inevitable, aplastante.