martes, 23 de mayo de 2017

El papel de los acorazados y su doctrina en la estrategia naval italiana

El papel de los acorazados y su doctrina en la estrategia naval italiana.



Acorazado italiano "Roma"

En el periodo de entreguerras la Regia Marina consideró a la armada francesa como su más probable oponente en el caso de guerra, sin embargo tal y como avanzaba la década de los años 30 y tal como iba convirtiéndose en expansionista la política exterior italiana, el conflicto con Gran Bretaña también se observaba con inevitable. En el momento que Italia entró en conflicto en junio de 1940 declarando la guerra a Francia y Gran Bretaña, la Regia Marina no estaba preparada para la guerra. Esta circunstancia de poco le importó al dictador italiano Benito Mussolini, quien juzgó que la entrada en el conflicto se producía en las etapas finales de un breve conflicto en el Italia debía posicionarse en el bando ganador y así conseguir algún rédito. Dada esta percepción, los italianos estaban reacios a arriesgar su flota. Los estrategas navales italianos generalmente cautelosos, estaban muy preocupados por las posibles pérdidas de la flota de guerra, especialmente en referencia a los acorazados, pues eran consciente que cualquier baja no se podría substituir fácilmente debido a la exigua capacidad de la industria naval italiana. Así, en esencia, el Alto Mando naval italiano no deseaba bajo ningún motivo arriesgar su flota en una guerra supuestamente corta.

Con el comienzo de la guerra, a  la Regia Marina se ele encomendaron varias misiones principales. En primer lugar debía mantener abiertas las comunicaciones entre la metrópoli y sus posesiones de ultramar tanto en África del Norte concretamente Libia  como con los Balcanes mediante el flujo asegurado de convoyes regulares a esas áreas. Otra tarea importante era el control del Mediterráneo Central, negando por contrapartida su uso a los británicos. Este fue un factor estratégico clave durante la guerra, ya que drásticamente obligaba a los británicos a aumentar los requisitos de envío necesario para mantener sus fuerzas en Oriente Medio. Incapaces de utilizar las rutas marítimas a través del Mediterráneo, los británicos se vieron forzados a utilizar la ruta del Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, trayecto total de 12.000 millas. Esta circunstancia cuadriplicaba la distancia del trayecto con respecto a la ruta mediterránea y el tiempo necesario para cubrir esa distancia y por consiguiente también creaba implicaciones estratégicas importantes para los planes aliados por todo el mundo. Por esta razón, la flota de guerra italiana debía mantener bajo a toda costa el Mediterráneo cerrado a la navegación aliada.



Formación de acorazados italianos

Sin embargo, incluso dentro de esta estrategia defensiva, la Regia Marina se anticipó en el uso de la flota de superficie antes de sus oponentes británicos. Incluso en una guerra corta, esta circunstancia debía producirse lo antes posible, pero sólo si fuese cerca de las bases italianas en el Mediterráneo central. Los italianos no previeron operaciones para sus unidades pesadas en el Mediterráneo oriental u occidental. A medida que la guerra se alargaba, la Regia Marina nunca abandonó estas primeras e intenciones genéricas, a excepción de una única incursión en el Mediterráneo oriental con resultados desastrosos. Mientras que estratégicamente la armada naval italiana actuaba esencialmente a la defensiva, paradójicamente emplearon sus acorazados a nivel operacional de forma agresiva para alcanzar sus objetivos antes de que la previsible escasez de combustible imposibilitase operaciones para este tipo de grandes navíos. Sin embargo, esa intención bastante agresiva por parte de los acorazados a nivel operativo no se tradujo en una visión ofensiva comparable a nivel táctico, pero en general no se puede decirse que la Regia Marina se quedase acobardada en los puertos durante la guerra.

La Regia Marina pretendía llevar a cabo las batallas navales desde largas distancias; de hecho, la mayoría de las batallas en el Mediterráneo se libraron a la luz del día con buena visibilidad, circunstancia que facilitaba esa doctrina. Varios factores indujeron el deseo italiano de combatir desde grandes distancias. En primer lugar se hallaba el superior alcance de los cañones italianos con la lógica consecuencia. Otro factor clave era la superior velocidad  de todos los acorazados italianos sobre sus homólogos británicos. Teóricamente, este hecho permitía a los italianos mantener el combate a su favor desde largas distancias. También permitía la capacidad de elegir retirarse o no del combate y sobre todo cuándo. Finalmente, con excepción de sus naves más modernas, los acorazados italianos reconstruidos disponían de un blindaje inferior en comparación con los acorazados británicos por lo que es compresible que la Regia Marina fuese renuente en disminuir la distancia de tiro ya que era más probable que las pesadas unidades pudiesen ocasionar daños considerables.


  
Littorio y Vittorio Veneto en acción

Tal y como se ha comentado la doctrina italiana hacia la flota de superficie se basaba en intentar que las acciones de combate se llevasen a cabo desde largas distancias. Deliberadamente todo lo referente al fuego de artillería giraba en torno a este concepto Tras cada salva se ajustaba el tiro y una vez que se encontraba el rango apropiado, se atacaba el objetivo con fuego rápido para infligir el máximo daño. Después de que la fuerza enemiga hubiera sido bloqueada, se produciría el decisivo combate a corta distancia. Obviamente esta doctrina se basaba en la precisión a larga distancia. En la época anterior al radar, era difícil para cualquier armada de la Segunda Guerra Mundial mostrar una precisión adecuada a largas distancias, no obstante la Regia Marina era tan buena como cualquier otra armada a este respecto.

Los italianos apenas tenían preparación para el combate nocturno y, si se les daba opción, preferían poner fin a las acciones navales cuando la oscuridad caía. Esta circunstancia también se aplicaba al uso de los acorazados, que no bajo ningún motivo debían ser puestos en riesgo por la noche. Este hecho fue una desventaja para la Regia Marina pues los británicos, sabedores de tal debilidad, buscaron con frecuencia la posibilidad de combates nocturnos.