miércoles, 26 de septiembre de 2012

Cañón antiaéreo de 94mm como antitanque.


Cañón antiaéreo de 94mm como anticarro



Cañón antiaéreo de 3,7-in (94mm)

Hasta mayo de 1942 con la introducción del cañón anticarro de 6 libras (57 mm) y sobretodo hasta marzo del año siguiente con el cañón de 17 libras (76 mm), los británicos solo tenían en su arsenal como cañón antitanque principal, el cañón de 2 libras (40 mm). Este antitanque demostró ser ineficaz a distancias superiores a 1.000 yardas. En cambio, los alemanes si disponían de un arsenal anticarro más variado y eficaz. El principal cañón con dicha finalidad era el PaK 38 de 50 mm, sin embargo, no fue el más famoso ni el más temido, ya que ese honor recayó en el célebre cañón antiaéreo de 88 mm.

Si bien la finalidad con la que fue diseñada el “88” era la de derribar aviones, ya en la guerra civil española demostró con excelentes resultados, la posibilidad de utilizarlo como arma antitanque. La razón estribaba en las propias características de los cañones antiaéreos, que habían de tener; elevada cadencia de tiro, largo alcance, trayectoria recta y grandes velocidad de salida del proyectil. Estas propiedades resultaron aprovechables como anticarro sobre todo en terrenos abiertos, como los propios del desierto africano, aunque hay que reseñar los distintos inconvenientes presente en un diseño no realizado en expreso para tal función. El cañón de 88 era enorme y fácilmente visible, no era fácil de mover ni de cambiarlo de emplazamiento, se montaba en una plataforma en forma de cruz muy pasada., no obstante, incluso con estas desventajas el cañón alemán de 88 mm fue, tal vez, uno de los mejores antitanque de la guerra.

Ante la falta de un cañón anticarro con garantías y ante el uso por parte de los alemanes del antiaéreo de 88 como cañón anticarro, aparece una cuestión casi de forma ineludible ¿Disponían los británicos de un cañón de características similares al “88” alemán, para poder ser utilizado como antitanque? La respuesta es sencilla, el cañón antiaéreo de 94 mm.

El cañón de 94 mm, o mejor dicho, cañón de ordenanza QF 3,7-in fue introducido en el ejército británico en 1937 para sustituir al cañón antiaéreo QF 3-in 20-cwt que databa de la Primera Guerra Mundial. Aun siendo un cañón de calibre superior al “88” alemán y balísticamente también con mejores prestaciones, tan solo  fue utilizado como anticarro en ocasiones aisladas por los británicos, seguramente por diversas razones que se deben matizar.

En primer lugar, razones de índole estratégicas; el cañón de 3,7 pulgadas siempre tuvo como principal fin el ser antiaéreo, además a principio de los 40 existía en Inglaterra gran psicosis generalizada hacia los bombardeos y tras el desastre de Dunkerque, donde muchos cañones de 94 mm fueron abandonados, el resto de material antiaéreo fue destinado sin discusión a la protección del espacio aéreo británico.

Dentro de la doctrina de guerra acorazada británica, no se consideraba al cañón antitanque cono el arma principal de destrucción de los carros de combate enemigos; esa función recaía en los propios tanques, sin contar que los alemanes utilizaban los cañones anticarro como un medio ofensivo y por supuesto defensivo mientras que los aliados solo los utilizaban como armas defensivas.

Conseguir entrenar las dotaciones de los cañones de 3,7-in para el fin anticarro costaría un esfuerzo adicional que en tales  circunstancias el Ejercito no se podía permitir, así como el suministro de munición adecuada para tal fin.

También existían presiones por parte de la RAF para que se utilizasen los cañones para defender los aeródromos de los ataques aéreos del enemigo así como las bases del Ejercito.

Desde el punto de vista técnico, también y de forma casi parecida al caso del “88” alemán existían inconvenientes que dificultaban en gran medida el uso del antiaéreo de 94 mm como arma antitanque.

Los apuntadores del cañón se sentaban de espaldas al objetivo, pues esa era la posición diseñada para el fuego antiaéreo, cambiarla ocasionaría impedir su uso primario. Necesitaba también una superficie muy grande de terreno perfectamente nivelado, además se requería aproximadamente 10 minutos para retirar las ruedas, desplegar las patas y dejar el cañón en pleno funcionamiento.

Era más grande que su “compañero” alemán, circunstancia que se agravaba cuando disparaba y levantaba una nube de polvo enrome, facilitando así su localización. Acto seguido entraba en juego una gran desventaja ya que el cañón británico a diferencia del “88” carecía de escudo protector para los artilleros.

Todos estos factores, políticos, estratégicos o técnicos, impidieron el uso del cañón antiaéreo de 94 mm como arma antitanque, circunstancia que tal vez hubiese significado un resultado diferente en la lucha acorazada entre las fuerzas británicas y las fuerzas del Eje, como de forma esporádica y con éxito realizó Percy Calvert, paradójicamente comandante de la Brigada Antiaérea en África del Norte.