miércoles, 11 de mayo de 2016

Campaña del sendero de Kokoda 3ª parte

La batalla del sendero de Kokoda




A mediados de noviembre, las fuerzas armadas de los Estados Unidos y Australia habían empujado a los japoneses hasta la costa norte de Nueva Guinea creando diversas bolsas entre Buna y Gona. Para gran perjuicio y frustración de MacArthur, la llegada de la 32ª División no supuso aceleración alguna en la conclusión de la campaña. Esta unidad avanzó muy lentamente entre los pantanos cercanos a Buna y sufrió un gran desgaste por el calor y las enfermedades. El terreno y sus condiciones, combinadas con las muy bien preparadas defensas niponas, obligaron a realizar pequeños asaltos que solían acababan en costosos ataques frontales, que desaceleraron el avance hasta convertirlo en una marcha a paso de tortuga.

El enfado, incluso cabreo, de MacArthur aumentó cuando observo que los australianos avanzaban más rápidamente que las tropas norteamericanas, a pesar de aventajarles numéricamente en una proporción de 3:1. Los aliados encontraron en esos momentos grandes dificultades para acabar con el enemigo, por lo que se produjo gestos de gran impaciencia, y así,  MacArthur destituyó al comandante de la 32ª División y puso, el 1 de diciembre, al general de división Robert Eichelberger al mando de dicha unidad, eso si comentándole "o toma Buna o mejor no vuelva vivo". Los australianos tomaron Gona el 9 de diciembre y Buna caería finalmente el día 13. Sin embargo, se tuvo que combatir duramente un mes más contra los focos de resistencia japonesa  mostrada en las ultimas posiciones enemigas existentes entre Gona y Buna. Las tropas aliadas fueron testigos en primera persona y por primera vez de la forma de combatir tan fanática de los japoneses. Conforme al código Bushido, los japoneses  iban a luchar hasta la muerte en lugar de deshonrase a sí mismos rindiéndose. Este iba a ser un oscuro presagio de las futuras batallas libradas en el Pacífico.

Los enfrentamientos en Nueva Guinea han sido considerados por algunos historiadores militares como de los combates más duros de la guerra. La campaña supuso 5698 bajas entre las tropas australianas; 2.165 muertos y 3.533 heridos. Las bajas totales norteamericanas ascendieron a  2.848; 864 muertos, 66 desaparecidos y 1.918 heridos. Los japoneses tuvieron 12.000 muertos de las 17.000 tropas finalmente comprometidas con la campaña. Un ejemplo claro de las miserables condiciones que sufrieron los soldados fue el número de bajas ocasionadas por enfermedad durante la campaña. Sólo más o menos mil australianos acabaron  la campaña sin enfermedad alguna cuando fueron 15.575 los casos médicos totales a finales de 1942, incluyendo 9.249 casos de malaria, 3.643 casos de disentería, 1.186 casos de dengue y 186 casos de tifus. A los americanos les fue un poco mejor debido a que estuvieron menos meses expuestos a las condiciones de la selva siendo un total de 8.659 casos de enfermedades infecciosas sobre las 14.646 tropas involucradas en la campaña. A pesar del alto costo en víctimas, los aliados habían asegurado Papúa-Nueva Guinea  e impidieron una más que probable invasión japonesa de Australia. MacArthur también tenía una base avanzada desde donde lanzar futuras operaciones a lo largo de la costa norte de Nueva Guinea hacia su objetivo final; las Filipinas.


Soldado australiano proporcionando cuidados sanitarios a un  prisionero japones enfermo 

De esta campaña, los aliados aprendieron algunas lecciones muy valiosas. Se desarrollaron tácticas, en ese momento y también para ser desplegadas en un futuro, indispensables para hacer frente a la estrategia japonesa de una defensa en profundidad, basada en la presencia de bunkers, fortines y demás posiciones defensivas experimentada durante la batalla de Buna-Gona, cerca del final de la campaña. Artillería, napalm, cargas de demolición, granadas lanzadas desde el fusil y los lanzallamas se convertirían en armas esenciales en la guerra contra los japoneses durante la campaña de Pacífico, ya que era la única forma de erradicar a fanáticos defensores atrincherados que se negaban a rendirse. El uso de medicamentos contra la malaria fue una necesidad médica primordial. Esta enfermedad causó tantas bajas como las propias armas de fuego del enemigo. También quedo manifiesto la conveniencia de enviar al combate tropas debidamente mentalizadas y entrenadas  ante el medio ambiente al que se iban  a enfrentar. También se necesitaba un arma más ligera y menos complicada que el fusil M-1, como la carabina M-1.


Tropas australianas recapturando el pueblo de Kokoda.

Sin embargo, la lección más importante de esta campaña, tal vez fuese la logística. Los japoneses fueron detenidos debido a su incapacidad de transportar por la pista de Kokoda los suministros en cantidad suficiente para mantener su avance hacia Port Moresby y por ello fueron derrotados y forzados a retirarse. Esta circunstancia  no pasó desapercibida por el General MacArthur. Se dio cuenta que podía derrotar a los japoneses aislando sus guarniciones, y por ello no tuvo ningún inconveniente en avanzar dejando incomunicado cualquier posición enemiga, pero siempre destruyendo cualquier fuerza aérea  con el fin d eliminar cualquier amenaza sobre sus propias líneas de abastecimiento. Lógicamente con esta acción también  descartaba la posibilidad al enemigo de recibir refuerzos y suministros por aire, ya que el reabastecimiento o evacuación por mar cada vez se fue dificultando más por la superioridad marítima aliada. Esta estrategia tenía la ventaja de evitar un avance lento y el gran número de víctimas, como se observó en Buna-Gona. La campaña de la pista de Kokoda también mostró dos aspectos reseñables, la equivocada creencia por parte de los aliados de la imbatibilidad del soldado japonés en la jungla y su superioridad de adaptación al entorno selvático, percepción que quedó completamente desechada, pero en cambio, si que se confirmó plenamente, el fanatismo con el que los japoneses lucharon y lucharían durante el resto de la guerra.