lunes, 30 de mayo de 2016

Guerra anfibia durante la Segunda Guerra Mundial. I

Guerra anfibia durante la Segunda Guerra Mundial.




La Segunda Guerra Mundial fue la mayor contienda bélica de la historia. En casi todos los campos militares se dieron o bien novedades o bien grandes avances sobre doctrinas ya existentes, es decir, tanto en el armamento, como la logística, la información, el mando, las comunicaciones y por supuesto la propia manera de combatir. La guerra anfibia en sí, no podía verse alejada de esta circunstancia. Si bien desembarcar en la orilla tropas dispuestas a la lucha es una práctica militar muy antigua, fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando alcanzó su máxima expresión.

Fueron los Aliados quienes demostraron finalmente el verdadero dominio de la guerra anfibia. Llegaron a desembarcar más de cuatro millones de soldados a lo largo de la costa europea defendida por alemanes mediante cinco grandes desembarcos anfibios y decenas de incursiones, de estas últimas no todas con éxito. Realmente para estadounidenses y británicos, las operaciones anfibias eran la única forma de entrar en combate con las tropas del Eje por motivos geográficos obvios. Situación similar se dio en el Pacífico, donde salvo el teatro de China-India-Birmania, no hubo victoria alguna aliada sin la presencia de desembarcos.

Los desembarcos anfibios al igual que el resto de operaciones militares se desarrollaron en tres niveles; estratégico, operacional y táctico, dependiendo de los objetivos deseados. Por ejemplo, los desembarcos aliados en Francia, Filipinas e Italia e incluso la invasión prevista de Japón serian operaciones a nivel estratégico pues se diseñaron para proporcionar un impacto decisivo en la guerra. El desembarco realizado a finales de 1942 en África del norte, operación Torch o los asaltos alemanes en las islas del Dodecaneso y la mayoría de los ataques aliados en el Pacífico fueron operaciones anfibias de nivel operativo que apoyaban una campaña específica, cada una como parte de un esfuerzo estratégico global. Los desembarcos soviéticos y los ataques de comandos aliados fueron operaciones tácticas contra objetivos limitados, aunque algunos de forma tangencial si podían tener cierto impacto estratégico como por ejemplo, capturar códigos alemanes, instalaciones de radar etc. Las evacuaciones de Dunkerque y Creta son difíciles de categorizar, pero la mayoría de los observadores las describiría como esfuerzos a nivel operativo.




La operaciones anfibias también pueden catalogarse según el tipo en cuatro categorías; incursiones, asaltos, evacuaciones y desembarco no combatiente. La primera de ellas es la más peligrosa ya que generalmente se produce en una zona con superioridad del enemigo y consiste en un asalto y su posterior retirada. Llevada a cabo por un grupo reducido de tropas, se realiza en un espacio geográfico muy limitado y en un corto periodo de tiempo; una incursión de comando seria el patrón típico de este tipo de operación anfibia. Un desembarco no combatiente es la operación más segura, ya que se produce sin presencia enemiga, los desembarcos nocturnos de agentes de inteligencia sería un buen ejemplo o el desembarco de los marines en Guadalcanal. Asaltos y evacuaciones se enfrentan a diferentes niveles de riesgo, dependiendo de la fuerza defensiva y sus posteriores apoyos. La invasión alemana de Noruega es un ejemplo de asalto, aunque la mayoría de sus tropas desembarcaron bajo circunstancias cercanas a las de un desembarco no combativo. La retirada de las tropas britanicas en Dunkerque fue la primera y tal vez la más notoria evacuación de combate de la guerra, mientras que la evacuación naval de las fuerzas alemanas cercadas en el Báltico al final de la guerra fue la operación de este tipo de mayor magnitud de la guerra.

Las fases de las operaciones anfibias evolucionaron mientras iba progresando la guerra. En 1939 el Heer alemán era el único ejército en reconocer la necesidad de ensayar desembarcos y procedimientos de asalto anfibio pero tal vez por falta de elementos materiales y también por estrechez de miras estratégicas apenas utilizaron posteriormente este tipo de operaciones. A mediados de  la guerra, todos y cada uno de los Estados Mayores ya se habian dado cuenta de la necesidad práctica de desarrollar programas de asalto anfibio específicos. Entonces, como sucede actualmente, las operaciones anfibias se dividieron en cinco fases: (1) planificación, (2) embarque, ensayo (3), (4) movimiento a la zona objetivo y (5) el asalto. La doctrina soviética añadió una sexta fase, el desembarco de las fuerzas armadas de seguimiento.

Necesariamente, el ejército japonés estuvo desde un principio muy interesado en la guerra anfibia. Los japoneses fueron pioneros en el desarrollo de la rampa abatible en las lanchas de desembarco,  posteriormente  copiada por los ejércitos de los restantes países incluyendo los Estados Unidos. El Ejército Imperial Japonés utilizó desembarcos anfibios para flanquear las fuerzas británicas en Malasia y para invadir las Filipinas y otras islas del Pacífico. En Malasia y las Filipinas, el ejército utilizó sus propios barcos y aviones basados en tierra para apoyar dichas operaciones, recibiendo poca o ninguna ayuda por parte de la Marina de Guerra ya que los buques de guerra japoneses sólo tenían la misión de atacar las fuerzas navales enemigas. Es un ejemplo que escenifica la poca o nula colaboración entre las distintas ramas de las fuerzas armadas niponas. La marina de guerra japonesa tenía sus propias tropas especializadas de desembarco naval en ejecutar sus asaltos anfibios como los realizados en Wake y otras islas del Pacífico. El asalto en las Indias Orientales de Holanda fue la única vez en que las dos fuerzas armadas de Japón cooperaron en la ejecución de una invasión anfibia, y allí, como en Malasia, las playas del desembarco no encontraron resistencia. En los casos donde se vieron enfrentados a tropas defensivas, como en Wake, los japoneses sufrieron pérdidas considerables.



Es justo también señalar que entre los aliados apenas se produjeron intercambios de información en referencia a las lecciones aprendidas sobre desembarcos anfibios, particularmente entre las operaciones llevadas a cabo en los teatros europeo y del Pacífico. Esta deficiencia tal vez fue debida a la antipatía y la estrechez de miras entre los líderes militares, pero el factor principal de esta falta de comunicación se debió a la propia idiosincrasia de cada teatro de operaciones. En el Pacifico, los marines se enfrentaron a un ejército japonés muy poco mecanizado, sin tanques pesados y con una artillería débil, sin embargo si se hallaron ante un enemigo mucho mejor camuflado y en posiciones defensivas muy difíciles de salvar, como bunkers y sobre todo cuevas, a diferencia de alemanes e italianos. Los alemanes, por el contrario, rápidamente reforzaron sus defensas en las playas de desembarco con la presencia de tropas muy mecanizadas así como de artillería pesada. Además emplearon extensos campos de minas y obstáculos en la propia playa, tácticas que apenas hicieron los japoneses. Estas diferencias modificaron la doctrina y el modo de actuar de los aliados según sus respectivos teatros, sin embargo, esta circunstancia no es suficiente para justificar el casi inexistente flujo de información "anfibia" entre Europa y el Pacifico.

Continúa en Guerra anfibia durante la Segunda Guerra Mundial. II