lunes, 2 de mayo de 2016

Campaña del sendero de Kokoda. 1ª parte

La batalla de la pista de Kokoda.


 Vista aérea de la cordillera Owen Stanley.

A principios de 1942, el resultado de la Segunda Guerra mundial estaba muy en duda para los aliados. En el Pacífico, las fuerzas armadas estadounidenses, británicas, holandesas y australianas había intentado desesperadamente detener el avance japonés con muy poco éxito. Malasia, Filipinas, Hong Kong, Singapur y Birmania fueron ocupadas por los japoneses. Sin embargo, 1942 también resultó ser para Armada Imperial un año difícil en el Pacífico, ya que  la flota japonesa sufrió reveses importantes en las batallas del Mar de Coral y sobre todo en Midway, donde perdieron cinco portaaviones y aun mas importante, a sus experimentados pilotos.

Después de estos contratiempos, el mando nipón decidió redirigir sus esfuerzos militares hacia el establecimiento de un perímetro defensivo a lo largo del anillo de islas del Pacifico para posteriormente y dentro de las posibilidades invadir Australia siempre con la premisa inicial de completar la ocupación de Nueva Guinea. Este nuevo avance japonés en el Pacífico Sur ocasionaría que dos espacios geográficos apenas conocidos pasasen a la posterioridad. El primero adquirió una gran notoriedad y fue la isla de Guadalcanal y el segundo fue un pequeño y aparentemente insignificante sendero situado en la selva de Nueva Guinea y que atraviesa la cordillera de Owen Stanley denominado Kokoda Trak o pista de Kokoda, también denominado por las tropas australianas que allí combatieron como el "camino sangriento".

La estrategia japonesa en el Pacífico Sur pasaba por la toma de la ciudad de Port Moresby, situada en la costa sur de Papúa-Nueva Guinea, australiana en esa época, y su importante puerto y campo de aviación. El mando japonés había intentado previamente realizar esta acción mediante un asalto anfibio. Sin embargo, la fuerza de invasión, tuvo que retirarse tras la batalla del Mar de Coral. Si bien se logró una victoria táctica, infligiendo pérdidas más importantes a la flota estadounidense, los japoneses, sorprendidos y conmocionados por la presencia de portaaviones americanos en zona, decidieron retirarse y de esta manera proporcionar una victoria estratégica a los aliados pues detuvieron temporalmente el avance nipón sobre Port Moresby.

A pesar de este revés, los japoneses seguían estando decididos a tomar Port Moresby. Sin embargo, las posteriores pérdidas navales en Midway eliminaron de la mente de los estrategas del alto mando japonés cualquier opción  de volver a intentar una operación anfibia sobre Port Moresby. Sin embargo, esta posibilidad volvería a estar presente cuando tras las etapas iniciales de la campaña de Guadalcanal, la flota japonesa creyó ver muestras de superioridad, aumentadas por la no disposición por parte de los americanos de arriesgar sus portaaviones en un encuentro naval decisivo.


Soldados australianos intentando descansar.

Al final esta opción también fue rechazada, pero en cambio, el ejército japonés desarrolló un plan terrestre que partiendo de la costa norte de Nueva Guinea atacase Port Moresby, tras atravesar la aparentemente corta distancia de 160 kilómetros existente entre el punto de partida y el punto final, siempre bajo la cobertura proporcionada por los aviones basados en Rabaul y otros aeródromos. Los japoneses enseguida desembarcaron una fuerza de más de 13.000 hombres entre los cuales se encontraban 10.000 experimentados soldados del general Tomitaro Horii pertenecientes a la 4ª flota o Fuerza de los Mares del Sur. Aunque sorprendido por el desembarco, MacArthur, comandante supremo aliado en el área del Pacífico Suroeste, no parecía en un principio muy preocupado por la presencia de dichas tropas niponas en la costa norte de Nueva Guinea ya que creía que los japoneses sólo pretendían construir un aeródromo avanzado. MacArthur también creía que un avance a través de la cordillera Owen Stanley era imposible.

Los estrategas japoneses realmente habían subestimado el reto que entrañaba atravesar Owen Stanley tal y como se supo posteriormente al tener acceso a sus planes, así como observar las carencias importantes presentes en los mapas geográficos donde ni siquiera estaban reseñados las dificultades montañosas, todo ello sin contar con las propias complicaciones  y las duras condiciones de combate presentes en terreno selvático.

El sendero, de 160 kilómetros de longitud, y desde su inicio en Buna, en la costa norte, serpenteaba a través de la jungla, sobre los riscos de la cordillera Owen Stanley, que se elevaba a los 2100 metros para descender otra vez en la jungla hasta llegar a los Port Moresby en la costa sur. La pista era estrecha, a menudo sólo permitía el paso de un hombre y con frecuencia flanqueada por hojas de Kunai de más de 2 metros afiladas lo suficiente para cortar brazos y piernas y aun mas importante volviendo casi impracticable el transito. Los empinados escarpados de la montaña ocasionaban avances difíciles y lentos. Tenían tanta pendiente que inclusa las mulas de carga no podían subir.

Mapa de operaciones.


La precipitación media anual en la zona es de 2600 mm o l/m2  con solo dos o tres meses, de febrero a abril un poco menos lluviosos, a ello hay que añadir una temperatura media de 25°C casi constante, sin apenas variación entre el día y la noche. La lluvia se convertiría el terreno ya difícil en casi impasible. El sendero se transformaba en un lodazal de resbaladizo y en algunos casos hasta profundo barro. Todos los suministros tenían que ser transportados por mulas y hombres a excepción de aquellos que llegaban a una pequeña pista de aterrizaje en Kokoda, situada en una pequeña meseta en el lado norte de las montañas y que permitiría un limitado abastecimiento aéreo.

Continúa en Campaña del sendero de Kokoda. 2ª parte